GHOST IN THE SHELL: DEVENIR POSTHUMANO.

Reseñas generales

El futuro no se perfila ahora como un telos lineal, como la culminación de la esencia humana predefinida. Al contrario, el futuro parece difuminarse en una multiplicidad de existencias, configuraciones móviles y fluidas, ensamblajes maquinicos, una clara confrontación con los ejes de subjetivación y significación, flujos de datos masivos e identidades en tránsito.  Frente al colapso de las categorías tradicionales como -hombre, maquina, alma, carne-, se abre un nuevo plano de existencia donde el concepto del “yo” ya no es más una identidad estable.  Este futuro  posthumanista donde la distinción entre lo biológico y lo artificial se convierte en un estrato difuso fue magistralmente anticipado y desarrollado en ghost in the shell, obra cúspide del cyberpunk y pieza clave de la filosofía narrativa trascendental. 

 Inspirándose en las ideas de Gilles Deleuze, Félix Guattari y Antonín Artaud, este ensayo propone leer ghost in the shell como una exploración del cuerpo sin órganos, de la identidad como rizoma y la desterritorialización como forma de vida futura. Mediante el análisis de la estética visual, su tratamiento narrativo y la filosofía implícita en la obra. La película construye un mundo donde la subjetividad, - como diría Artaud-, solo puede liberarse al declarar una guerra en contra de los órganos y reconfigurar el cuerpo como campo de identidades.

Para poder analizar ghost in the shell, es importante entender algunas de las ideas claves desarrolladas por Deleuze y Guattari. El cuerpo sin órganos, no se trata de un cuerpo literal, sino un plano de existencia donde se suprimen las limitaciones de las funciones impuestas, como ver, observar y con ello pensar cómo se espera que se piense. un ente ontológico que se ha liberado de las restricciones biológicas, sociales y psicológicas. Un cuerpo libre para sentir, cambiar y conectar sin estar delimitado por cualquier sistema. El devenir se trata de un proceso de transformación que disuelve las identidades fijas: no se trata de una conversión literal, sino movimientos de intensidades donde algo deja de ser lo que era para conectarse con otra cosa (como por ejemplo el devenir-maquina, el devenir-animal, etc.). la identidad rizomática es un concepto que se opone al centro, a la identidad jerárquica; se trata de una identidad en una red de subjetividades creada mediante conexiones múltiples y altamente mutables. Por otro lado, la desterritorialización es un proceso en el cual una estructura pierde su función original y se abre a nuevas posibilidades, sentidos, usos y espacios, permitiendo con ello nuevas formas de vida. En conjunto estos conceptos sirven para imaginar sujetos y cuerpos que no están controlados por normas fijas, sino que cambian y se reestructuran todo el tiempo. 

Setting posthumano: cuerpos aumentados y mentes sin frontera. 

El mundo de Ghost in the shell, ya no es un mundo habitado por humanos puramente orgánicos, los cuerpos poseen upgrades, prótesis inteligentes, las redes neuronales han dado paso a grandes flujos de información digital. Los cuerpos ahora son intervenidos, mejorados, remplazados; las memorias son editadas y transferidas. Este universo se revela como un paisaje posthumano, donde las categorías que anteriormente definían al individuo han sido reestructuradas. 

La arquitectura en Ghost in the shell no es un simple telón de fondo, en la ciudad se ve reflejado el discurso de la película. La ciudad se presenta como un entramado rizomático, sin centro ni periferia, sino como una serie infinita de conexiones axiales. Torres de concreto y metal que se elevan como raíces invertidas, ríos industriales que discurren barrios marginales y opacos, la omnipresencia de cables, nodos y redes neuronales que cruzan el entorno virtual y se hunden en el subsuelo. Todo está conectado. La gran red no es solo virtual, forma parte de la arquitectura; ya no está fuera de su estructura, ahora la moldea y le da forma. 

Los habitantes de esta urbe ya no habitan en un sentido tradicional los espacios, ahora forman parte de una red que alimenta algoritmos a través de nodos. El acceso al ghost – la conciencia digital- ocurre mediante implantes, puentes neuronales y prótesis. Las personas se conectan a la red para trabajar, recordar, vigilar o incluso existir. - como el hombre que descubre que sus recuerdos domésticos y familiares fueron implantados por una entidad externa que usó su cuerpo como mero vehículo. 

Se trata, pues, de una enorme ciudad ordenador que funciona estableciendo un vínculo entre lo humano y lo digital, la ciudad es tanto un espacio físico como un conjunto de dataspaces y los sujetos que la habitan son híbridos compuestos de carne, máquina y códigos. 

Devenir- máquina, devenir-humano. 

Motoko Kusanagi no es un simple cyborg. Su cuerpo opera como un umbral hacia el devenir máquina, este proceso no consiste en una simple fusión entre lo orgánico y lo tecnológico, en el tránsito entre dos identidades; sino en una restructuración completa de identidades, una mutación de la subjetividad que antes operaba en su cuerpo.  A través de su conexión perpetua con redes informáticas, su inmersión en sistemas digitales y la capacidad para restringir sus coordenadas físicas en datos y algoritmos, es determinante afirmar que Motoko no usa la máquina: se trata de ella quien deviene en máquina. Este devenir plantea la interrogante principal de la película y el núcleo articulador del discurso: pues no es una pérdida de lo humano, sino su expansión, su apertura al cambio.  

¿Y si todos mis recuerdos fueran implantes? -. Mientras Motoko asume preguntas sobre su individualidad, su confrontación con el puppet master (una entidad nacida de manera espontánea del flujo perpetuo de información, sin cuerpo orgánico), la lleva a indagar sobre la diferencia entre memorias reales o artificiales. Este punto de tensión entre fuerzas antagónicas marca el choque entre una subjetividad codificada por estratos. - que para Deleuze y Guattari son los sistemas rígidos de organización como el cuerpo, la identidad biológica, etcétera, estos estratos limitan los flujos de intensidades-. Motoko habita estos estratos en su búsqueda de entender que es lo que la configura como “humana”, pero también los resquebraja. Su cuerpo, aunque artificial, está regido por estructuras sociales, deberes institucionales y protocolos militares.  

La propuesta final del puppet master de fusionarse con Motoko es la culminación del doble devenir de la protagonista: el devenir-máquina y el devenir humano, la fusión no se concreta como una integración armónica, sino como una explosión de límites y subjetividades. Motoko acepta perder su yo individual, su género, su memoria y su cuerpo, marcando un proceso de desterritorialización hacia el cuerpo sin órganos. Esta elección rompe por completo los estratos que la contenían: deja atrás toda codificación y se lanza al plano de las intensidades donde lo humano y la máquina no se oponen radicalmente, han establecido un agenciamiento maquinico, una multiplicidad sin centro. 

 

 

Deleuze, G., & Guattari, F. (2002). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia (J. Vidal, Trad.). Valencia: Pre-Textos. 
(Obra original publicada en 1980) 

Deleuze, G., & Guattari, F. (2006). El Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia (F. Monge, Trad.). Madrid: Ediciones Cátedra. 
(Obra original publicada en 1972) 

Oshii, M. (Director). (1995). Ghost in the Shell [Película]. Production I.G / Bandai Visual. 

 

 

 

  

Comentarios 1

B
ByeHollywood17 de junio de 2025
Che, esa vuelta filosófica del "cuerpo sin órganos" en Ghost in the Shell me recontra voló la cabeza, posta que Mamoru Oshii la clavó con la deshumanización. Pero flasheaste algo que no me cierra del todo: ¿seguro que Motoko supera el dualismo? Al final, el Puppet Master busca fusionarse con ella casi como una búsqueda de humanidad... medio contradictorio, ¿no?

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