ALIEN: JUNO-2

Reseñas generales

Prólogo

  

Recorrí con la mano lo que aparentaba ser un panel de control curvo de piedra; aunque, al tacto, parecía de metal. Con la punta de los dedos copié los trazos de las estrías grabadas en la superficie húmeda. Me volví hacia el gigante dormido en aquel artilugio con forma de telescopio. 

«¿Quién eres?», pensé de nuevo.

Por un instante, mi mente se quedó completamente en blanco. Me olvidé de todo, incluso del ser abominable que había acabado con todo, menos conmigo. Él seguía allí dentro de la sala, a pocos metros. Observándome en la pasividad del silencio.  

 

 

 

 

394 días antes.

Año: 2121

Ubicación: LV-426, Zeta II Reticuli

Distancia de la Tierra: 39-LY

 

—Excelente aterrizaje, Turner —dijo el capitán Hoffman.

La comandante asintió mientras manipulaba con pericia los controles de la nave.

El capitán se volteó hacia nosotros, y exclamó.

—¡Tripulantes de Juno-2, bienvenidos a LV-426!

Me incorporé con dificultad para terminar de colocarme el traje. Respiré profundo, y me asomé por una ventanilla para intentar ver el exterior. Afuera, el clima azotaba con vientos incansables, y la temperatura era tan baja que en cuestión de segundos comenzó a cristalizar el fuselaje.

Ryan Howe se aproximó hacia mí, apoyó la mano en mi hombro y me dijo, con su tono severo característico.

—No se confíe, Knight. Allá afuera no es como en los simuladores. Quédese cerca mío.

El Marine Ryan Howe había sido una especie de hermano mayor a bordo, y el único que notaba mi existencia a la hora de conversar. 

Mi nombre no es relevante, pero aquí me conocen como Knight: apodo que me he ganado por vencer en ajedrez, con un caballo, a un oficial de alto rango de la Weyland Corp. En cuanto a misiones de exploración, debo confesar que en mis años de vida jamás había puesto un pie en tierra firme, y la sensación que me provocaba salir a la superficie de aquella luna me erizaba la piel. Algo que ningún programa de entrenamiento ni simulador holográfico habían sido capaces de lograr. 

A bordo de la Juno-2 éramos siete; Hoffman, el capitán; Beebop, el ingeniero; Turner, la piloto comandante; los marines, Fitzgerald, Howe y Rotman. Y claro, yo, que a diferencia del resto no tenía experiencia en aterrizajes, mucho menos en exploraciones. Aquello era una especie de bautismo. Me sentí orgulloso de ser parte de la misión, sin embargo, no por mucho tiempo. Cuando el resto de la tripulación se formó frente al capitán Hoffman, me di cuenta que mis aspiraciones militares siempre fueron desmedidas y absurdas. Yo no era más que un simple lector de gráficos, un técnico de utilería de la Weyland Corp. De estatura promedio, y con el peso equivalente al del brazo de Beebop. Un debilucho al final de una hilera de centinelas corpulentos y bien desarrollados. Incluso la comandante Turner cargaba con una anatomía superior a la mía. 

—Es bueno saber que tenemos cobertura por detrás —dijo Fitzgerald por encima del hombro, mirándome desde arriba. Luego echó a reír.

El resto lo acompañó al unísono. Incluso Hoffman.

—Señores —soltó el capitán e hizo una pausa para dirigirse a Turner—. Comandante, por favor.

Turner comenzó a hablar.

—Como habrán leído en el archivo, y quiero suponer que lo han leído todos, acabamos de aterrizar en la Cordillera Illium, en el cuadrante sudeste de esta luna que orbita el planeta Calpamos. LV-426 es bastante hostil. El viento es fuerte, la temperatura es todo menos agradable, y la superficie está cubierta por una niebla que concentra cristales de Co2. Amanecerá en unas horas, por lo que estaremos sumergidos en la oscuridad. Será la noche más hermosa que verán, señores.

Hoffman continuó.

—Sean cautelosos. La superficie rocosa y la niebla harán del recorrido una pesadilla. 

—¿Estamos seguros que está abandonada, capitán? —preguntó Rotman.

—No se informó señales de vida, pero tengan sus armas preparadas. Por precaución. Manténganse formados respetando las dos líneas, y, por último. —Se inclinó de costado para hacer contacto visual conmigo—. Knight, ubíquese en el medio, por favor. No queremos perderlo.

Todos rieron nuevamente.

Minutos más tarde, bajamos por la plataforma y nos encaminamos a través de un sendero estrecho en dirección opuesta a la Juno-2. 

 

El viento no daba tregua, y no dejaba de empujarme con gran violencia, obligándome a romper la formación. La nube de cristales era insoportable. No podía ver ni siquiera a Howe, que iba a dos metros a mi derecha. Me temblaban las piernas a causa del peso de las botas de mi traje, y al parecer no habíamos hecho ni la mitad del trayecto. 

—Beebop. Confirme distancia y actualice datos, por favor —dijo Hoffman.

El ingeniero respondió al instante.

—Setecientos cincuenta y dos metros, señor. Temperatura -84 grados. Gravedad de superficie 0.86. Atmósfera con niveles estabilizados de nitrógeno y metano.

La voz de Beebop salió del pequeño parlante y retumbó en el cristal empañado de mi casco. Pensé en volver a la nave.

«Soy sólo un maldito técnico. Debería estar revisando datos», me dije.

—¡Knight, vuelva a la línea! —me dijo alguien. No pude reconocer su voz. Pero di por sentado que fue Fitzgerald. Él siempre estaba pendiente de mis pasos.

—Visibilidad bajando a veinte metros. Concentración de cristales de Co2 en aumento —agregó Beebop.

—¡Howe, active el escáner! —soltó Hoffman.

—¡Enseguida!

Howe removió el anclaje del escáner —que era una especie de esfera metálica con estrías que componían una cuadrícula—, y lo lanzó por encima de nosotros. El artefacto tocó tierra, y luego de un instante se suspendió en el aire. Desplegó decenas de hilos de láser en todas direcciones, para luego perderse tras la niebla.

—A treinta metros se abre un cañón, capitán. —Hizo una pausa para revisar la pantalla en su antebrazo—. Veo grietas considerables a nuestra izquierda, a unos diez metros. Posibilidad de desprendimiento en un sesenta por ciento.

Siguiendo al pie de la letra las indicaciones de Howe, el recorrido nos llevó más de una hora.

 

Llegamos hasta donde se alzaba una estructura en forma de horquilla asimétrica gigantesca.

—¿Seguro que Yutani no fabricó esto? —bromeó la comandante Turner.

El resto de nosotros observamos ensimismados.

—Es diez veces más grande que la nuestra —acotó Rotman.

La misión que nos habían delegado consistía en el reconocimiento y análisis de un cuerpo artificial anómalo, descubierto tiempo atrás por los radiotelescopios de Weyland Corp. Se rumoreaba que era una nave de almacenamiento, sin embargo, nadie sabía a ciencia exacta a quién pertenecía, ni desde cuándo estaba allí.

—¡Vamos!

El capitán Hoffman dio la orden y nos adentramos por un pasaje abovedado cubierto, cincuenta metros atrás de la posición del escáner de Howe que recopilaba milimétricamente la anatomía de la nave. Caminamos sin decir una palabra. 

Por un instante, me sentí dentro de una caverna, como aquellas que aparecían en las imágenes de un libro antiguo que aún conservaba como recuerdo de nuestra civilización en la Tierra. «Cuevas Milenarias Subterráneas».

Luego de recorrer el lugar durante lo que me pareció una eternidad, nos detuvimos de golpe.

—Capitán —dijo Fitzgerald.

El camino se dividía en tres túneles más pequeños. No se podía ver nada a un metro del umbral.

—¿Howe, por dónde? —consultó Hoffman.

—No lo sé, capitán. Hay interferencia en la imagen. No puedo ver nada. 

—¿Escucharon eso? —preguntó Turner.

—Hay ruido blanco en los comunicadores —respondió Rotman.

Turner lo ignoró, acto seguido, elevó la mirada e inspeccionó la cubierta superior con su linterna.

—¿Habrá arañas? —pregunté.

También me ignoró.

—Señor —interrumpió Beebop—. No veo indicadores de presencia de nitrógeno ni metano en el lugar. Permítame.

El ingeniero se quitó el casco e inhaló profundamente.

—El aire es respirable —concluyó.

Fui el último en quitarse el casco. Beebop estaba en lo cierto. El aire se podía respirar. No obstante, todo el lugar apestaba al décimo infierno. 

—Mierda, el olor es insoportable —dijo Fitzgerald. Y sí, a continuación, hizo el comentario que todos sabíamos que haría —. Revise su traje, Knight.

Contuve las ganas de mandarlo al diablo. Ese imbécil me ponía en ridículo delante de todos, una y otra vez. Sentí pena de mí mismo por permitirle tratarme de esa manera frente a la tripulación. En especial frente a Turner.

—¿Turner? ¿Dónde está Turner? —preguntó Hoffman desconcertado.

La comandante Turner era la mujer más atractiva de la Colonia —por lo menos para mí—. Su carácter y sus formas la convertían en una especie de diosa universal, tan irresistible como peligrosa. De esas que son capaces de enamorarte con la mirada, y a la vez, matarte con las manos desnudas. Pero yo estaba a salvo, ella ni siquiera notaba mi presencia. Se rumoreaba que Rotman había tenido el privilegio de enredarse con ella tiempo atrás, y algunos dicen que hasta logró enamorarla. Sin embargo, ya no se dirigían la palabra. Por lo menos frente a nosotros.

Mientras nos preparábamos para seguir, escuchamos un grito, seguido de un disparo que azotó mis oídos.

«Turner», pensé.

Rotman fue en busca de la comandante, dando zancadas desesperadas hasta desaparecer tras la curva de uno de los túneles.

Hoffman y Beebop lo siguieron. 

—¡Quédese cerca mío, Knight! —me dijo Howe.

Se oyeron varios disparos más.

—¡Capitán! —exclamó Fitzgerald mientras montaba su arma, luego se volteó hacia nosotros—. ¡Ryan, Knight, vamos!

Me desplomé sobre un lateral del túnel y pude advertir que mi corazón latía al doble de lo normal. Estaba tan desconcertado, como aterrado. Levanté la vista. Ryan Howe aún estaba parado delante de mí, apuntando su arma hacia el vacío de aquel intestino de la nave. Me faltaba el aire.

—Ryan —dije con esfuerzo.

—Haga silencio, Knight.

—¿Qué está pasando? —susurré.

Howe negó con la cabeza.

—No lo sé.

—Su escáner. ¿Qué dice?

—No funciona. Deben haberle disparado. Silencio...

Algo se acercaba a nosotros. No lo veíamos, ni lo escuchábamos. Lo olíamos.

De pronto, el túnel escupió algo que se precipitó hacia Ryan Howe. Lo golpeó con violencia, y mientras caía, accionó el gatillo de su arma. Sentí golpes brutales sobre la cintura, y solté un grito de dolor ahogado. Me llevó unos segundos darme cuenta de lo que había sucedido. Dos, de las decenas de balas que Howe había esparcido al aire me impactaron en el estómago, y otra en la pierna.

—¡Ryan! —exclamé—. ¡Me disparaste!

Howe intentó incorporarse para asistirme, pero no pudo. Un instante más tarde, se desmayó.

—Ryan...

Amusgué los ojos para ver el objeto que había golpeado a Howe. Parecía tener un buen tamaño, o así lo supuse. Mi compañero no era fácil de derribar, y mucho menos de esa manera. La presión arterial me bajaba a ritmo acelerado debido a la hemorragia y sentí náuseas. Pero lo que descubrí a continuación me hizo vomitar.

El torso de Beebop, el ingeniero, yacía al lado de Howe. Completamente desmembrado y destrozado. 

Lo que quedaba de Beebop era un desmadre de cables saliendo de su carne como enredaderas. Tenía el tórax desgarrado, y la mitad de la cara, que se sostenía de milagro al cuello, emanaba un líquido blanco viscoso que regaba el suelo. 

Beebop era un androide, o como le llamábamos en la Colonia, un sintético. Verlo de esa manera me hizo enloquecer.

«¡Bienvenidos a LV-426!», hizo eco la voz de Hoffman en mi mente.

 

—¡Hoffman! —grité—. ¡Turner!… ¿Hay alguien ahí?

Un olor pestilente invadió mis pulmones. Me aclaré la garganta para deshacerme del ardor de mi propio ácido estomacal, y pude sentir el sabor metálico de mi sangre.

Levanté la mirada y lo vi.

Paralizado, contemplé al ser oscuro. Estaba a pocos metros dentro de unos de los túneles. Agazapado.

—Ryan —balbuceé—. Despierta...

El ser se acercó lentamente hacia mí, y pude advertir su fisionomía amenazante.

Calculo que medía como tres metros de altura. El exoesqueleto estaba revestido por una piel dura, negra y satinada. De él se desprendía una cola segmentada que serpenteaba de forma robótica, como una especie de ser bio mecánico, salido de la imaginación de un genio. La cabeza alargada no tenía más que una mandíbula con dientes afilados y a la vista.

—Ryan...

Tanteé alrededor mío en busca de algo que me sirva para defenderme. Pero mi arma estaba a una distancia inalcanzable. 

Esa cosa se me acercó, y el olor me quemaba desde el paladar hasta los pulmones. Era imposible respirar. Se me acercó aún más, justo delante de mi cara. Sentí que me desmayaba. Me alejé tanto como pude, pero mi cráneo se encontró con la pared. 

El ser estaba herido y secretaba un fluido corrosivo de su interior, tan fuerte que observé como desintegraba el suelo. De ahí provenía el olor insoportable.

Se me nubló la vista, y perdí la consciencia.

 

Desperté —no sé cuánto tiempo después— en una sala enorme, parecida a una cueva. Me incorporé a pesar del dolor en el estómago y en mi pierna, y recorrí con la vista el entorno. Sabía que la muerte esperaba por mí, no obstante, no sabía cuándo me alcanzaría. Incluso me convencí de que era un milagro seguir con vida.

En el centro de la sala se alzaba una especie de telescopio enorme acoplado a una butaca. Sobre ella, descansaban los restos fosilizados de un humano de tamaño colosal, que, a primera vista, me recordó a una estatua de piedra.

«Y tú, ¿quién eres?», pensé.

Sentí náuseas, y un dolor insoportable en el pecho. Como si mis órganos se hubiesen reorganizado mientras dormía. Mi caja torácica se expandía de manera involuntaria, provocándome la sensación de que estaba al borde de explotar.

Recorrí con la mano lo que aparentaba ser un panel de control curvo de piedra, aunque al tacto parecía de metal. Con la punta de los dedos copié los trazos de las estrías grabadas en la superficie húmeda. Me volví hacia el gigante dormido en aquel artilugio con forma de telescopio. 

«¿Quién eres?», pensé de nuevo.

Escuché un ruido que hizo eco en la sala. Era eso. El monstruo negro.

—Debo avisar a la Colonia —dije en voz alta.

Recordé que mi traje tenía un dispositivo de comunicación de emergencia.

El Beacon, era una pequeña caja metálica que emitía señales de radio a la Juno-2, y ésta, la reenviaba, magnificando la señal a través del espacio, a la Colonia. Cada doce segundos.

Configuré el Beacon, y, luego de un intervalo de tiempo reducido, la luz comenzó a parpadear.

«S.O.S. Advertencia. LV-426. Presencia de vida hostil. Advertencia...»

En ese momento, dentro mío, algo se movía. El dolor fue tan intenso que dejé de respirar. El pecho se me expandió considerablemente, y pude sentir el ruido de mis costillas al quebrase. Comencé a emanar sangre por la boca. Mis ojos parecían estar a punto de estallar debido a la presión. Entré en un estado de shock. El corazón me latía errático. 

El ser bio mecánico me observaba.

«S.O.S. Advertencia. LV-426. Presencia de vida hostil. Advertencia...»

Mi pecho explotó, y antes de morir, vi aquel engendro salir de mí.

 

 

 

 

 

 

Epílogo

 

216 días antes.

El hombre leía con atención las indicaciones que la computadora le daba. Al terminar, escribió en el teclado.

—No lo entiendo, ¿entonces no volveremos a casa, madre?

La pantalla le devolvió.

—Por supuesto. Una vez terminada la misión, los llevaré de vuelta.

—Entendido.

—Ahora Duerma, Ash. Lo despertaré en doscientos dieciséis días. Junto con el resto.

Ash abandonó la sala de interfaz.

 

La compuerta se abrió y Ash se encaminó hacia una de las siete cámaras de hipersueño con las que la USCSS Nostromo contaba. Manipuló los comandos correspondientes, y, mientras se elevaba de forma automática la cubierta de la cápsula, observó a sus compañeros que descansaban allí desde hacía más de tres años. Acto seguido, se acomodó dentro.

—Adiós, madre.

 

Las luces de la sala se desvanecieron y una serie de sonidos electrónicos quebraron el silencio. Luego, en una de las pantallas se desplegaron comandos automáticamente, y por último una lista de nombres:

—Dallas, Arthur. Ok.

—Lambert, Joan Marie. Ok

—Kane, Gilbert. Ok.

—Parker, Denis. Ok.

—Brett, Samuel. Ok.

—Ash. En curso.

—Ripley, Ellen Louis. Ok.

 

 

Fin.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios 14

R
Rosemary Flores19 de junio de 2025
Uff...Que buen artículo 👏👏👏
M
MariPonce19 de junio de 2025
Muy bueno!
R
Ruben Di Marco17 de junio de 2025
Excelente relato. Logró atraparme despertando mi imaginación con imágenes cercanas a la realidad. Tal vez fué una película y no me dí cuenta.
I
Improvisacion Griega17 de junio de 2025
Me gustó mucho! Seguí escribiendo 🙏🏻🤓
A
Aylin Isgro17 de junio de 2025
Netflix qué estas esperando para contratarlo?
L
LuQuiroga16 de junio de 2025
Magnífico y vívido relato!! Ciencia ficción y alto suspenso. Felicitaciones
L
Licano13 de junio de 2025
Deberías trabajar como guionista de Spilberg
J
Janet Castellanos11 de junio de 2025
Que fascinante. Soy fan de esta película. Me encantó
A
Arlequin10 de junio de 2025
eso fue muy cinematográfico. Excelente!
U
User-14001796549 de junio de 2025
Lo mas atrapante en ciencia ficcion
M
ManKry7 de junio de 2025
TwT Sensey, se anima a intentar hacer un cómic con IA?
L
La Butaca Imaginaria6 de junio de 2025
¡Alien: Juno-2 demuestra que, en el espacio, nadie puede oír tus chistes... pero igual los cuentas! Una odisea cósmica donde el miedo y el humor hacen equipo estelar.
M
Marimarilyn6 de junio de 2025
Dios, este artículo es mágico. No pude dejar de leerlo, ¡es increíble!
R
R.D.M.6 de junio de 2025
Me gustó tu guion, muy futurista, te dejo una luz. Me gustan las historias especiales.

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