“No digas su nombre tres veces”
Reseñas generalesNunca fui de creer en cosas raras. Ni fantasmas, ni posesiones, ni en ese tipo de monstruos que tanto amamos ver en pantalla. Pero esa noche, esa maldita noche de luna gorda y cielo color tinta, todo cambió. Estaba solo en mi apartamento, revisando por enésima vez mi lista de películas pendientes. “Beetlejuice”, decía la primera. No podía evitar reírme cada vez que pensaba en ese loco endemoniado de traje a rayas.

Puse la película. Las luces apagadas, la pizza a medio comer, y el sonido apenas susurrando para no despertar a los vecinos. Todo iba bien… hasta que dije su nombre tres veces. No como una invocación real, claro está. Solo por jugar. “Beetlejuice, Beetlejuice, Beetlejuice”. Lo dije en voz baja, como un niño que no cree en los monstruos pero igual revisa debajo de la cama.
La pantalla parpadeó. No un parpadeo técnico, no. Fue como si la película se detuviera un instante para observarme. Y entonces… salió.

No por la puerta, ni por la ventana. Beetlejuice emergió del televisor como un borracho de otra dimensión, con el pelo desordenado y los ojos más vivos que cualquier mortal. Olía a tierra húmeda y cigarro barato. Me miró. Yo no podía moverme. Literalmente. Estaba clavado al sofá como si el mismo guion de la vida me hubiese obligado a quedarme.
¿Y tú qué?! gritó con una carcajada que hizo temblar mis huesos. ¿Tú fuiste el que me llamó? ¡Qué gusto, por fin algo de acción!
Intenté hablar, pero solo salió un chillido inútil. Él se acercó, me dio una palmada en la cara que me dejó viendo doble, y empezó a revisar mi apartamento con curiosidad.
¿Esto es vida humana? ¿Dónde están los fantasmas, los exorcismos, el drama? ¡Esto es aburridísimo! y al decirlo, chasqueó los dedos.

Las paredes comenzaron a respirar. Literalmente. Se inflaban y contraían como si el edificio tuviera pulmones. La lámpara del comedor se transformó en una serpiente que se deslizó lentamente hacia mí. Yo gritaba. Beetlejuice reía.
Relájate, cinéfilo me dijo. ¿No querías una experiencia cinematográfica? Pues estás viviendo una.
Intenté pensar. Tenía que escapar de alguna manera. Corrí hacia la puerta, pero se convirtió en un portal que daba a una sala de cine llena de criaturas: Jason comiendo palomitas con Freddy Krueger, el Monstruo del Lago Ness discutiendo con Godzilla, y Pennywise ofreciendo globos en la entrada.
Beetlejuice apareció detrás de mí, con una sonrisa desquiciada.

No te preocupes, solo es una función privada. Tú eres el protagonista esta noche.
Fue entonces cuando lo entendí: no estaba en mi casa. No más. Estaba dentro del universo de los monstruos del cine. Cada historia que amé, cada pesadilla que disfruté desde la comodidad de mi sofá, ahora me envolvía como una pesadilla hecha celuloide.
¿Y qué tengo que hacer? logré preguntar con voz temblorosa.
Beetlejuice me miró serio, por primera vez.
Sobrevive hasta los créditos. Si puedes.
Y se desvaneció.
Ahora escribo esto desde una vieja máquina en una sala que parece salida de “El Resplandor”. Cada noche es un nuevo filme, una nueva pesadilla, una nueva historia que no sé si terminaré.
Cinéfilos del mundo: tengan cuidado con lo que ven y con lo que dicen tres veces.




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