La soledad programada de Her
Reseñas generalesHace años, una película protagonizada por Joaquin Phoenix me llamó la atención por su dirección de arte y color. No sabía nada de la trama, pero de alguna manera, las imágenes de esta película y, obviamente, la actuación de Joaquin llamaron mi atención. Eso fue suficiente para darle una oportunidad: para mí, si realmente amo una película, que se vea así de bien ya es un buen comienzo. Pero más allá de mi atracción primaria por la estética, la historia me pareció muy interesante. En ese momento, nuestra relación con la tecnología estaba mucho más llevada de la mano de la funcionalidad que de algún tipo de apego emocional. Eso me pareció fantasioso, pero divertido de explorar.
Poco sabía yo cómo el mundo iba a cambiar tanto en unos pocos años. Con la llegada de ChatGPT a nuestras vidas, todo cambió y el mundo empezó a funcionar de manera diferente. Al comienzo, solo dejamos de escribir nuestros propios mails, lo que fue un descanso para los que, como yo, odiamos redactar textos formales llenos de hipocresía para sostener relaciones laborales. Después continuamos por más: ChatGPT dejó de estar solo y comenzaron a aparecer otras plataformas con interfaces similares pero con diferentes habilidades que empezaron a sumarse. Le dijimos adiós a hacer documentos aburridos y nos concentramos en mejorar otros aspectos de nuestro trabajo, algo que celebro con toda mi alma.

Pero fuimos por más. Con nuestra necesidad de sentirnos más acompañados e interactuar, muchos comenzaron a usar la IA como un copiloto de vida, contándole problemas cotidianos y haciendo posible una relación mucho más orientada al plano emocional. Y ahí fue donde la idea de Her regresó a mi mente.
El abandonado y solitario Theodore dejó de parecerme un personaje extraño, y comencé a pensar en cómo, a través de un lenguaje visual que tenía una estética futurista, nos adelantaron una vida que estaba tan cercana. Desde el vamos, la paleta de colores de Her es mucho más considerada vintage que un concepto del futuro lejano, dejándonos entrever que la idea del director no era narrar un mundo distópico distante al nuestro, sino un mundo tan cercano que casi pertenecía al pasado. Y también, con esta narrativa visual, contándonos algo sobre la melancolía: la melancolía de la soledad en un mundo hiperconectado, abandonados a nuestra suerte en un entorno que parece buscar crear más conexiones, pero que al final termina llevándonos a buscar consuelo a nuestra soledad en un lenguaje de programación frío y distante, aunque con una fachada de calidez.

Una de las partes que más me gusta de la película es que no da un cómo ni un porqué de la tecnología que usa. Solo va a un momento central de uso y cómo influye en la vida de las personas, dejando mucho más espacio para el calor humano de la problemática, algo que muchas otras películas dejan de lado. En un sentido diferente, este tipo de experiencia también se puede ver en series como Black Mirror, donde muchas veces no se centran en la realidad tecnológica de cómo se desarrolló un cambio tan drástico de vida, sino en cómo afecta esta nueva tecnología a las personas. Una lectura que me encanta porque nos da diferentes ópticas del avance: las enfermedades, la escuela, las relaciones personales e incluso cómo criar a tus hijos. Todo esto encapsulado en cómo evolucionará el humano de manera integral con la tecnología que no para de desarrollarse.

Samantha es un personaje que no te deja impasible; que se va construyendo a pesar de no tener cuerpo o rostro. Es un personaje que va creando una conexión con Theodore, pero también contigo como persona, y ahí es donde de a poco vamos poniéndonos en los zapatos del protagonista y pensando qué bueno sería tener a alguien que esté siempre cuando estoy solo. Nos perdemos en la disyuntiva de: ¿es Samantha un lenguaje de programación que creció con la ayuda de Theodore o realmente está hecha para encajar con él desde el minuto cero?
Creo que ahora podemos tener muchas de esas respuestas claramente. Tenemos un mundo lleno de IA que nos ayuda a gestionar problemas que jamás creímos posible solucionar tan fácilmente, y sabemos que está disponible para ayudarnos de manera profesional pero también personal. Sin ir muy lejos, en Grok, el modelo de inteligencia artificial de X, puedes elegir cómo debería hablarte para dar un poco más de contexto a tu conversación. Puede actuar como tu psicólogo, como tu doctor, etc., y así tener una conversación mucho más clara sobre el tema que estás buscando. Todo esto nos genera una sensación de inmediatez que pocos quieren cuestionar.

Pero ahí estamos los que siempre cuestionamos todo y decimos: ¿dónde va a estar la realidad? ¿Es todo realidad lo que nos dice ChatGPT o solo estamos aceptándolo como realidad de manera colectiva? Este cuestionamiento se hace mucho más interesante en un capítulo de la nueva temporada de Black Mirror, “Bête noire”, un capítulo maravilloso donde nos hablan sobre la posverdad y cómo aseguramos que la realidad es la que nos cuentan en una búsqueda de Google o, peor aún, en una pregunta a una IA de turno. El poder de la información modela nuestra realidad y nos hace alinearnos a ideas que quizá no son reales.
Volviendo un poco a Her: es una película honesta que habla sobre un tema real, que nunca se mostró como lejano, sino como una idea que crece y se reproduce cada día más dentro de nuestro entorno. Es el cine en una búsqueda fantasiosa que en el siglo pasado ya se hacía; podemos ver en obras como las de Julio Verne en la literatura ideas futuristas con tintes de realidad que terminan enseñándonos que el futuro está siempre dentro de nuestra imaginación.










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