La última puerta

Reseñas generales

Hace unos días escuchaba un podcast que grabaron Conan O’Brien y Quentin Tarantino en el que en un momento el director cuenta una anécdota de cuando trabajó con Burt Reynolds en Once Upon a Time in Hollywood. Entre el lujo que no hace falta explicar debe haber significado para Tarantino contar con Reynolds hay uno sin embargo algo oscuro y excéntrico, que es a donde empieza la anécdota. Entre 1959 y 1961, el joven Burt fue uno de los protagonistas de una serie western para la televisión llamada Riverboat. Tarantino, que vio casi tanta televisión como cine, recordaba bien la serie dado que varios de sus capítulos habían sido dirigidos por William Witney, un oscuro director de acción del que QT es fanático. El rodaje significaba también la oportunidad para preguntarle a Reynolds si se acordaba algo de aquella experiencia. En un alto de la filmación, entonces, se acercó a Reynolds y de a poco le empezó a soltar… “Te acordás de una serie, Riverboat…” / Respuesta rápida: “Sí”. “En esa serie, no sé si te acordás, algunos capítulos los dirigió William Witney…” / “Sí, me acuerdo. (Breve pausa). Dejame resumirte la técnica para dirigir de William Witney: nunca vi otro director que estuviera tan convencido de que cualquier escena podía mejorarse agregando una pelea a trompadas”. Tarantino se ríe, termina la anécdota y concluye: “Ponelo en perspectiva. Burt Reynolds. Un tipo que trabajó en mil series y películas. De pronto alguien le pregunta por una serie y un director oscuro con el que trabajó una sola vez hace 60 años. Y el recuerdo le vuelve nítido y de inmediato. Realmente debo haber sido la primera persona que le habló de Witney en 50 años”.

 

Este texto no es sobre William Witney, pero la historia me vino a la cabeza a la hora de pensar en Edward Ludwig, otro de esos directores de los que prácticamente no sabemos nada más que las películas que nos dejaron. Son vidas dentro de la historia del cine que parecen haber pasado sin que nadie preservara su biografía, y a las que interrogamos en los gestos y emociones de sus películas con otro misterio. Ínfimos datos sueltos en internet: nació en 1899 en Balta, entonces parte del Imperio Ruso, hoy territorio de Ucrania. Llega a Estados Unidos en marzo de 1911 (a través de Canadá). Se nacionaliza estadounidense en 1932. Muerte en Santa Mónica, California, 1982. Nada más. En el medio, unas 100 películas, desde el mudo (1921, Rip Van Winkle) hasta The Gun Hawk, del 62. Uno ve las películas que puede encontrar de esas 100 y percibe algo, una mirada especial, rara. ¿Quién era Edward Ludwig?

The Gun Hawk es el último suspiro de cine de este hombre misterioso, un western en colores pasteles protagonizado por Rory Calhoun, “el gavilán”, “the gun hawk”, a quien Ludwig también había dirigido en la serie The Texan (¿se recuperará algo de todo ese archivo y tesoro de la televisión que evoca también Tarantino en Érase una vez en Hollywood?). De las cien películas firmadas por Edward Ludwig, un 98% fueron producciones de género y clase B, cine de aventuras, detectives, westerns polvorientos para la segunda función. Respira por última vez en los planos de una de esas películas, esta The Gun Hawk para la compañía Allied Artist con la que parece que filmara el glamour pobre y distintivo de los años de Poverty Row. Un último western, el más raro (el más hermoso) de la historia del cine. Un grupo de personas circula por pueblos de un Oeste pacificado, un santuario para jubilarse al que hace un breve regreso la violencia, un cineasta que filma una película de una carga personal impresionante sin dejar de hacer su trabajo de artesano de género.

The Gun Hawk es la película más lenta de la historia del cine, lentitud gloriosa ganada al cine para desplazar la atención a gestos que nos revelan que el cine no los había filmado nunca, el deterioro de un cuerpo y las formas con las que lucha por ocultarlo, el amor, un cinturón, la volatilidad de la vida. Decimos que una película es rara porque erramos diciendo que las películas se parecen a otra (y yo mismo, hace un rato, pensaba que a lo único que me parece remotamente parecida The Gun Hawk es a Rocky Balboa, la del 2006). Pero cada película trabaja su propia ley, como ese pueblo de Santuario que en el medio del Oeste establece como ley que todo aquel que mate a otro hombre deberá marcharse sin regresar nunca. Un pueblo cuya irrealidad el joven vaquero que acompaña al Gavilán describe con primeras impresiones más terrenales: “Si alguien escupiera de acá arriba el pueblo entero se inundaría”. En el final de The Gun Hawk, al joven “Reb” Roan (Rod Lauren) lo visitan dos oráculos. El primero, Calhoun, la piel violeta, salpicada de sudor, le dice: “Cuando te veo, me veo a mí mismo hace diez años”. El segundo, la hermosísima Marleen (Ruta Lee, ¿quién es esta actriz?), ojos empañados, que le advierte:

 

Ten mucho cuidado de volver a necesitar este lugar, porque sus puertas se te acaban de cerrar para siempre.

 

Es un desgarro que se siente justo. Es 1963 y sentimos que toda una parte del cine se retira para siempre en esta película.

 

El cine es raro, la vida es rara. ¿Es esta la vida de un cineasta? ¿Se prepara toda la vida Edward Ludwig para desprenderse de cualquier floritura y detenerse en una serie de entradas y salidas, un modesto racimo de despedidas, puntuar de música ciertos recorridos, un reto para ganarle a la muerte porque se la espera y se va a buscarla?

Comentarios 1

A
Arlequin1 de junio de 2025
tuve que googlear el tema de Reynolds para enterarme que iba a estar en el filme de Tarantino (como el dueño del rancho donde acampan los Manson) antes que falleciera previo al rodaje de sus escenas. Data interesante.

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