Una reflexión
Reseñas generalesPensar sólo en el cine hoy por hoy es imposible con la gravedad de las cosas que están pasando. Estamos como en un estado de guerra. Sin embargo, la batalla cultural no hay que abandonarla, por supuesto. En este sentido nos quieren hacer creer que el cine argentino, y en particular el documental, no sirve para nada, con el pretexto de que no da rentabilidad económica. Como si la cultura tuviera alguna relación con la rentabilidad comercial, se relaciona al cine documental siempre con fines informativos, pedagógicos o científicos, casi marginándolo de su condición cinematográfica. Esto es absolutamente falso. El cine documental es tan cine como el cine de ficción. Trabaja con las mismas herramientas cinematográficas, aunque tenga distintos procesos de creación. Es más: el cine documental es el origen del cine, y el origen del cine de ficción incluso. Es la primera ficción creada en la historia del cine. Pero cómo y por qué el documental va quedando relegado tienen una respuesta política, como siempre. La cultura es un patrimonio inmaterial, el más importante de una sociedad. Y van por eso. Lo saben, lo tienen claro. Por eso nos atacan. El cine argentino es un modelo de producción en el mundo, no genera gastos al estado ni pérdidas económicas, todo lo contrario: moviliza la economía, genera trabajo y representa un alto porcentaje del PBI.
Vivimos en un país que tiene un Instituto de cine pero no una Cinemateca, profesionales expertos en cine nacional e internacional que desconocen la historia de su cine, y críticos que dedican su demasiado o poco esfuerzo a escribir sobre temas vaporosos o impropios (en todo sentido). ¿Estoy exagerando? Que no se lea esto como reproche sino como aliciente, muchachxs: el cine argentino es nuestro destino, y aun está todo por hacer. Ni fuentes primarias tenemos, porque las generaciones muertas no parecen pesar en la conciencia de los vivos.

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