Dos Oruguitas

Reseñas generales

Muchos  de ustedes deben de estar pensando que soy parcial por referirme a una película basada en mi propio país como un momento icónico del cine, pero es precisamente esa conexión que comparto con los eventos ilustrados en la cinta, lo que permite comprender con mayor profundidad el valor emocional que se encuentra oculta dentro de la misma. Encanto, aunque envuelta en la magia y la música que siempre a sido característica de  la casa del ratón, es una película que toca una fibra muy sensible para los colombianos: la del conflicto, la pérdida y la resiliencia.

 

Colombia es un país marcado por la violencia. No como un capítulo aislado de su historia, sino como una constante que ha moldeado nuestra identidad tanto nacional como individual. Ser colombiano es, lamentablemente, convivir con el duelo. En muchas regiones del mundo, las pérdidas por violencia son excepciones; aquí sin embargo, son parte del panorama diario. Esta realidad dolorosa crea cicatrices que nos definen sin nuestro consentimiento.

 

Es por esto que el diálogo en la cascada tiene un peso considerable. Allí, Mirabel y su abuela Alma se enfrentan emocionalmente al origen de su milagro, aquello que destacó a su familia por encima del resto, en realidad nació del dolor y el sacrificio. La canción ‘Dos Oruguitas’  escrita y compuesta por el maestro Lin-Manuel Miranda, y magníficamente interpretada por el cantautor Sebastián Yatra, acompaña el momento con un sentimiento de compasión desgarrador. Nos habla de la transformación a través del sufrimiento, la separación y el inevitable cambio que impone la pérdida.

 

El mensaje es claro: el dolor no puede ni debe ser oculto. Sino más bien aceptado, nombrado y compartido. Tanto nuestra cultura como en muchas otras, se nos inculca que debemos a soportar en silencio, es nuestro deber guardar el luto como si expresarlo fuera una debilidad. Pero Encanto nos recuerda que sanar implica también abrir la herida al aire, permitirle respirar. Porque una herida tapada sin sanar se infecta y lo mismo ocurre con nuestras emociones.

 

Alma, la matriarca y cabeza de su familia y su pueblo, representa a muchos de nuestros seres queridos que, por amor, temor u orgullo, intentan cargar con todo el peso sin siquiera considerar el pedir ayuda. Su error no fue no amar lo suficiente, fue creer que debía ser fuerte por todos, sin entender que esa fortaleza malentendida solo extendía el sufrimiento a quienes la rodeaban y a quienes ella misma juro defender. La película no ofrece una fórmula mágica para evitar el dolor, pero sí una guía sobre cómo enfrentarlo: a través de la empatía, la escucha y el acompañamiento.

 

Encanto no es solo una historia sobre una familia con dones mágicos; es un espejo de nuestra realidad latinoamericana, donde el conflicto ha sido tan común que se ha vuelto invisible. Esta película nos invita a dejar de ignorar esa carga, a mirarla de frente y a buscar la sanación en comunidad.

Al final, no se trata de olvidar, sino de recordar con amor. De comprender que el dolor compartido pesa menos, y que la verdadera magia está en la capacidad de reconstruirnos, una y otra vez, junto a quienes amamos.

Comentarios 9

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User-138726591720 de mayo de 2025
Aaaa
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User-138726591720 de mayo de 2025
Un muy buen análisis, el símil con Colombia es auténtico, desafortunadamente el lado oscuro de este hermoso país es el conflicto que lo vivimos a diario, pero a pesar de eso, es un país q trata salir adelante y recilente.
A
ana lucia castillo rodriguez20 de mayo de 2025
Me gusto mucho tu artículo. Sobre todo la reflexión que nos invitas hacer.!te felicito!
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User-138688486120 de mayo de 2025
Genial!!
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User-138683735520 de mayo de 2025
Me Encantó!!
M
Martha Castillo Rodriguez20 de mayo de 2025
Muy buena reflexión.
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User-138681807620 de mayo de 2025
Exelente Análisis! Me encanta la sensibilidad con que lo expresas!
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Zara Rodriguez Caicedo20 de mayo de 2025
Me encanta!
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Julia Valentina20 de mayo de 2025
Que buen artículo y análisis!