El Último Vuelo
Reseñas generalesEl Último Vuelo
El sol se hundía en el horizonte, tiñendo de rojo las calles de Ciudad Centella. Era un atardecer cualquiera para la mayoría, pero para Vértigo, era el comienzo del final.
Habían pasado diez años desde que guardó su traje en una caja olvidada, prometiéndose nunca más volar entre los edificios ni desafiar a la muerte para salvar a extraños que jamás conocerían su nombre verdadero. Ahora, era Víctor Sandoval, un hombre de cincuenta años con cicatrices que contaban historias que nunca serían escritas. Pero el pasado siempre encuentra su forma de regresar, incluso cuando crees haberlo sepultado.
Un llamado imposible
La voz que rompió el silencio de su pequeña casa en las afueras de la ciudad era la de Laura, su antigua aliada en los días de gloria. Se notaba el temblor en su tono, la urgencia desesperada que había olvidado.
—Víctor... lo han vuelto a hacer. Han tomado la Torre Centella. Y esta vez, tienen a mi hijo.
La sangre se le heló. No necesitaba preguntar quién. La Orden Obscura, aquellos que habían sido su némesis, los que le arrebataron todo y lo empujaron a la oscuridad. Aquel grupo de asesinos y mercenarios ahora controlaba el centro de la ciudad y, si Laura decía la verdad, estaba a punto de ser escenario de una masacre.
Víctor cerró los ojos. Juró que nunca volvería a ponerse el traje, pero algunos juramentos están hechos para romperse.
El regreso de Vértigo
El traje aún olía a ceniza y sudor. A pesar de los años, seguía siendo suyo. Se ajustó el visor sobre su rostro y sintió cómo la adrenalina volvía a recorrer su cuerpo, como si el tiempo nunca hubiera pasado.
La Torre Centella se alzaba imponente, rodeada por soldados de la Orden. Víctor no tenía refuerzos, no tenía armas avanzadas, pero aún poseía su astucia y su poder: la habilidad de alterar la percepción del enemigo, sembrando caos en su mente.
Con un salto desde un edificio vecino, desplegó sus alas metálicas y se lanzó en picada hacia los primeros guardias. Las balas silbaban a su alrededor, pero con un movimiento de su mano, los atacantes tropezaron con un miedo ilusorio, creyendo que caían en un abismo sin fondo. Sus gritos fueron apagados por el estruendo de su impacto contra el suelo.
Vértigo se movía entre las sombras, desactivando enemigos uno por uno. La torre ardía en alarmas, el enemigo sabía que él estaba allí. El último héroe, el caído, el fantasma de la ciudad que había renunciado a luchar. Pero esta vez, lucharía hasta el final.
El sacrificio
En la cima, encontró al líder de la Orden: Kronos, el hombre que había matado a su familia, el monstruo que había enterrado su antigua vida.
—Nunca debiste volver, viejo. Esta ciudad no te quiere. Solo recuerda lo que te quitamos.
Laura estaba encadenada junto a su hijo, el miedo reflejado en sus ojos. Kronos levantó su arma, pero Víctor corrió hacia él a toda velocidad. Su poder envolvió a Kronos en una ilusión donde el tiempo se retorcía, donde no podía distinguir la realidad del engaño. Eso le dio la ventaja que necesitaba.
El golpe fue preciso. Kronos cayó de rodillas, incapaz de diferenciar lo que era real. Víctor liberó a Laura y al niño, sintiendo el peso de los años en su cuerpo. Esta sería su última batalla.
La Torre ardía detrás de ellos cuando escaparon. La ciudad seguía en pie. Laura y su hijo estaban a salvo.
Pero Víctor sabía que su historia había llegado a su fin.
Se quitó el visor, observando el amanecer con la certeza de que no volvería a usarlo. La ciudad tenía otros héroes. Ahora, finalmente, podía descansar.


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