RECUERDA (SPELLBOUND)
Reseñas generalesThriller psicológico y de suspenso dramático de 1945, en España traducido como Recuerda, en Argentina fue Cuéntame tu vida. Debo admitir que esta vez prefiero la traducción de los españoles, si bien es cierto que tienen un infame historial de pasar al español de modo terrible los títulos en inglés, creo que en esta ocasión son ellos quienes dieron en la tecla, Recuerda posee la precisión que encaja idealmente con el espíritu de la obra, cuya traslación real del original es “Hechizado”, concepto que le calza sino al pensamiento mágico, al romance.
En efecto, la trama se concentra en el doctor Edwards (Gregory Peck) quien es contratado para ocupar el rol de director de una institución psiquiátrica en Vermont, Estados Unidos, lugar que, curiosamente, emplea el uso del psicoanálisis. Allí trabaja la joven doctora Constance Petersen, el flechazo será inmediato, pero las acciones que se suponen conscientes están atravesadas por el inconsciente.
La película hace una abierta defensa del psicoanálisis: inicia con un plano de ramas de árbol en blanco y negro con el mítico concepto clásico (incluso de la música clásica) de la obertura, típica de los films históricos, esto al ritmo de la vibrante y potente banda sonora a cargo del compositor húngaro Miklós Rózsa. Corte a frase de Shakespeare: la culpa no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos», procede a otra del mismo director, Sir Alfred Hitchcock: «Nuestra historia se basa en el psicoanálisis, el método mediante el cual la ciencia moderna trata los problemas emocionales del hombre.
El psicoanalista sólo pretende inducir al paciente a hablar de sus problemas ocultos, con el propósito de abrir las puertas cerradas de su mente… tan pronto como los complejos que han estado inquietando al paciente se sacan a la luz e interpretan, la enfermedad y la confusión desaparecen y los demonios de la locura son expulsados del alma humana».
Hay también un bello plano general de la institución, como una gran mansión blanca y se nombra al legendario productor, David O. Selznick, que según leí, es un gran culpable de recortar la secuencia onírica más jugosa de toda la peli: la del sueño que tiene Edwards con la escenografía y decorados creados por otro genio como el gordo inglés pero de la pintura: el bigotudo catalán-español Salvador Dalí, único e irrepetible. Iba a durar 20 minutos pero Selznick la redujo a 2, un pecado.
Recuerda toca múltiples géneros: el melodrama con tintes románticos se cruza con un drama llevado adelante por racionalizaciones científicas, pero resulta ser, en contra del positivismo, una pieza que defiende la racionalidad del psicoanálisis, en oposición hacia quienes lo rechazan como si fuese metafísica o simple parte del pensamiento mágico e irracional, tampoco queda afuera la cuestión del doble, la identidad suplantada que no en pocas ocasiones tocó Hitchcock.
Pero el romance entre doctor y doctora no es más que una excusa o el famoso Mcguffin para tocar el verdadero tema: la problemática enorme de la percepción humana alterada por un trastorno mental así como la memoria y el mecanismo de protección de la mente para resguardar al individuo de traumas del pasado infantil: el olvido. También se hace presente la proyección de deseos, con una metodología que es, precisamente la freudiana: racionalizar aquello que no es visible a la persona por ser inconsciente. Todo esto enmarcado en el género policial clásico, con una fotografía evidentemente expresionista, a cargo del maestro Georges Barnes, se exhiben claroscuros de luces y sombras como en las obras de Fritz Lang. Por qué es un policial clásico? Porque la estructura establece una distinción obvia entre bien y mal, así como un montaje invisible-transparente que ayuda al raccord visual y a un énfasis en la historia por sobre el estilo formal.
Se puede percibir una transición hacia el policial moderno? Únicamente en la inclusión del onirismo, que es esencia misma de la obra (es una adaptación de la novela The House of Dr Edwardes, de Hilary Saint George Saunders y John Palmer), el psicoanálisis no está desarrollado en el libro como en el film.
El toque estético daliniano apenas se percibe en la ya mencionada secuencia, debo decir que me hubiese encantado que tuviera una presencia mucho mayor, sin embargo, el mal ojo de Selznick (que vale aclarar, no fue ningún tonto sino un brillante capitalista para la pujante industria hollywoodense dorada), lo impidió.
Las actuaciones de Gregory Peck e Ingrid Bergman son ambas enérgicas, la de Peck responde a la lógica del tormento: modifica su comportamiento con bruscas alteraciones anímicas, no obstante, es Bergman quien tiene una fuerza de realismo mayor que la de su compañero. Por qué? Mientras que Peck/Edwards-Ballantine oscila dudosamente entre el estado de hipnosis que le provocó la doctora y un desapego o distanciamiento hacia ella un tanto forzado, Bergman se empapa en gestos faciales que dan cuenta de que su química deseante es más genuina, mientras duda y reflexiona.
Con esto no quiero rechazar el talento de Peck, pero a veces los grandes actores tienen papeles en los cuales no sintonizan plenamente con sus personajes.
El giro dramático final es espectacular, digno de la naturaleza argumental excelente del cine de Hitchcock. El suspenso se mantiene con un cierto tedio, es decir, se estiran demasiado los diálogos entre los protagonistas y se demora la esperada y la mejor secuencia de todas, la del sueño daliniano, bajo la supervisión del psiquiatra y psicoanalista muy parecido físicamente a Freud: Alexander Brulov, mentor de la dra Petersen, a quien se la acusa inicialmente de poseer una excesiva frialdad científica y con razón: racionaliza el amor, pensando que se trata de contenidos preconscientes (es decir aquello no consciente que puede venir a la conciencia ejercitando la memoria), en otras palabras, intelectualiza lo sentimental.
Pero conforma se va construyendo el conflicto, su mentalidad abusivamente racionalista, se transforma en un sentimentalismo abusivamente romántico, el hechizo del enamoramiento por su paciente, no sin una protección maternal inconsciente por este (responde bien al psicoanálisis), es su mentor o padre putativo Brulov, quien se encarga de devolverla a la tierra racional.
No está entre mis favoritas, pero no deja de ser una película con un impacto emocional que no le priva de una calidad formal y temátic por encima de la media, pero es la cura del paciente la que resulta ser algo forzada: mediante la práctica del esquí en el Valle Gabriel, Edwards, como si de magia se tratase, será una persona normal al traer a la conciencia lo reprimido, el mensaje entonces es que solo hace falta recordar para curarse? No deja de ser un interrogante cuya respuesta es dudosa.
Dos de los mejores puntos de vista de la cámara en secuencias fundamentales: la subjetiva del vaso de leche que le sirve el dr Brulov a Ballantine y la del final, brillantemente impecable: el suicidio del villano, con un arma que primero apunta a su verduga; como si ahora hablásemos de un videojuego bélico o de espías y luego, el giro del ángulo del arma hacia nosotros, osea hacia el mismo personaje, planos con angulaciones maestras.
Aunque sin llegar a la excelencia de Vértigo, La ventana indiscreta, La soga, Psicosis, Intriga internacional, entre muchas otras, tampoco está en un escalón memdio ni bajo de su filmografía.
Dirección: Alfred Hitchcock
Producción: David O. Selznick
Guion: Angus Macphail y Ben Hecht
Fotografia: Georges Barnes
Música: Miklós Rozsa
Vestuario: Howard Greer
Montaje: Hal C. Kern
Actores: Gregory Peck, Ingrid Bergman, Michael Chekhov, Leo G Carroll, Rhonda Fleming, John Emery, Norman Lloyd, Bill Godwin y Steven Geray.




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