EL ETERNAUTA. Comparaciones y diferencias en el universo fílmico de ficción.

Aspectos socioculturales

El argentino, en su eternautico debate cultural, se ha enfrentado a una invasión silenciosa que, sin nieve tóxica de por medio, a envenenado los sentidos audiovisuales del arte narrativo. Es común escuchar y citar referencias fílmicas icónicas provenientes del cine yankee, como también recomendaciones y referencias provenientes de este. Así, tuvimos con la pandemia la referencia de películas zombies o la película “contagio” que se citó incansablemente para explicar la “realidad” que nos negábamos percibir desde la particularidad de nuestra cultura.

 

 Esta particularidad, tuvo su expresión fílmica específicamente con la temática virológica, con la película llamada “Fase 7” del año 2010 y dirigida por Nicolás Goldbart. ¿Algún periodista, investigador o político la mencionó?. En esta película trata, y de forma anticipatoria, aunque posterior a otra pandemia vivida que fue la gripe porcina en el año 2009, sobre cómo una pareja, junto a un vecino paranoico y preparado para la catástrofe, intentan sobrevivir en un edificio de apartamentos puesto en cuarentena por el gobierno, mientras afuera se desata un mortífero virus. 

 

Estas referencias externas, desde un presidente que se autopercibe un “Terminator”, una expresidenta que coqueteo con el consumismo fílmico de plataformas al comparar la politica con “games of trones” y “house of cards”, y una actual ministra de seguridad que explicaba como pudieron ejecutar la simulación de un suicidio a un ex fiscal citando el ejemplo de una película, son los síntomas de una toxicidad en el aire cultural que nos hace encerrarnos en nichos esteriles de identidades superfluas, por justamente la ausencia de nuestro arraigo. 

“El eternauta” vino a establecer el arquetipo narrativo de ficción que veníamos necesitando, para afrontar esta invasión silenciosa. Una invasión que no recae en los tópicos divisorios de lucha contra un enemigo, sino en la búsqueda de quien es el verdadero enemigo, para sobrepasar a la oleada de razas alienígenas y compatriotas que fueron “robotizados” para atacarnos y dividirnos. 

 

Un ataque que se tuvo hacia la serie, fue el de la poca originalidad y superficialidad sobre la historia que contaba. Este comentario, que se camufla con el derecho de respetar la libertad de expresión, habla más de quien emite esa crítica que sobre lo que se critica, ya que esta “falta” de originalidad ha sido la regla del cine de ficción norteamericano, con pocas y curiosas excepciones. Sobre la supervivencia ante lo inhóspito se tienen películas post apocalípticas como “la carretera”, donde un padre y su hijo sobreviven a lo largo de un camino hacia la costa al colapso de la civilización, sosteniendo un “valor” que es traducido como “el fuego interno”, haciendo referencia a nuestra humanidad. 

 

También la película “La niebla”, nos traslada a un universo lovecraftiano, donde un grupo de personas tienen que sobrevivir dentro de un supermercado, mientras afuera en una extraña niebla, se esconden criaturas monstruosas al acecho. En ambas películas observamos el valor de la humanidad, reemplazado como una “fe” y convicción en no convertirse en un salvaje caníbal, y el valor de la supervivencia a los discursos mesiánicos. “Muy original” digo con ironía, sobre la superficialidad moral de los yankees, mientras que nuestra “falta” de originalidad, que se niega en replicar dichos valores, nos ofrece otros, más argentinos, que es la sencillez de las pequeñas soluciones “atadas con alambre”, y la evolución narrativa hacia el valor del grupo y la amistad, por sobre la discordia y el miedo. 

 

En otra comparación, nos encontramos con la serie danesa “the rain”, que si bien no es una nieve tóxica, la lluvia lo es, generando esta ambientación de peligro hacia el mundo exterior. Este peligro ambiental, también fue explorado con múltiples adaptaciones como la película española “Los últimos días”, “Silencio”, “Bird box” o “Disomnia”, pero lo que caracteriza a todas estas series y películas es la necesidad narrativa de hallarle una explicación a todo. Esta necesidad, propia de la ansiedad psiquiatría anglosajona, es satisfecha con clichés narrativos como el científico que nos narra la trama, como en la película “the gorge”, el conspiranoico que tenía razón en su pronóstico, estereotipado en “2012”, o el militar que cuenta el origen y naturaleza del fenómeno que rodea a los protagonistas, como en “la niebla”.

 Esta necesidad explicativa de los eventos no es replicada por el “Eternauta”, conservando una atmósfera de asombro, terror e intriga, que brota en la sencillez irritante de no saber lo que está ocurriendo. Este sutil detalle, hace la diferencia sobre cómo percibimos una historia, ya que tras dar una explicación de los acontecimientos, lo único que nos queda es ver las actuaciones de personajes “humeantes” y teatralizados. Lo mismo ocurre cuando se hace explícito los valores morales de los protagonistas, para luego estar juzgando sus acciones en base a dicho manifiesto. El cine yankee, se olvida de los sentidos visuales y auditivos para contar una historia, reduciendo el cine a un plato hondo del que se consume cantidad sobre calidad. El Eternauta, marca un parámetro, con sus virtudes y defectos, de una narración naturalizada en la construcción de los personajes, trasladándonos a los propios eventos sobre cuales serían nuestras acciones, reacciones y valores, compartidos con el de los protagonistas. 

 

Mencionado el ataque de los hombres-robots, prosigo en el próximo artículo a narrar sobre aquella maldita emocionalidad del fanservice barato, replicado por la mediocridad de quienes encuentran siempre en los Estados Unidos la referencia de nuestro propio aprecio cultural, siendo ello determinado por ellos. 

Bruno Stagnaro

 

Ricardo Darín

 

Ariel Staltari

 

César Troncoso

 

Marcelo Subiotto

 

Comentarios 1

D
douglas ysturiz14 de mayo de 2025
Muy agradable leer tu artículo

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