El eternauta
Reseñas generalesCrítica a El Eternauta.
La adaptación de El Eternauta protagonizada por Ricardo Darín prometía mucho: una obra icónica de la historieta argentina, una historia de ciencia ficción con fondo político y existencial, y una producción con respaldo internacional. Sin embargo, lo visto hasta ahora —al menos en los primeros capítulos— deja más sabor a cartón que a tragedia.
Uno de los errores más graves es la ausencia de atmósfera. Lo que en la historieta era tensión pura, angustia creciente, y un mundo al borde del colapso, en la serie se vuelve frío y desangelado. La supuesta desesperación de los personajes no se siente: ni en los diálogos, ni en las actuaciones, ni en la dirección. Por ejemplo, en la escena del tren, los personajes parecen más preocupados por esperar su línea de diálogo que por sobrevivir a una nevada mortal que aniquila todo a su paso. No hay urgencia, no hay vértigo, no hay miedo real.
El diseño de los cadáveres es otro punto flojo: cuerpos perfectamente rosados, sin signos de congelamiento ni descomposición, caídos en posiciones tan ordenadas y suaves que parecen modelos haciendo una siesta más que víctimas de una hecatombe. Esta falta de realismo visual le resta peso a la tragedia que supuestamente está ocurriendo.
Otro ejemplo que descoloca es el encuentro entre Juan Salvo y su mujer. En lugar de representar un momento de tensión, incertidumbre o emoción profunda, se desarrolla como si fuera una escena más, sin carga emocional auténtica, con un ritmo anodino y poco verosímil dadas las circunstancias del apocalipsis.
A nivel actoral, la inclusión del actor de Okupas parece apostar a la nostalgia y al estereotipo del "rollinga porteño", pero resulta un anacronismo. Su dicción deficiente y su tono irónico desentonan completamente con el marco de ciencia ficción; es como si sus veinte años vividos en EE.UU en realidad hubiesen transcurrido en la mismisima Lomas de Zamora.
Y finalmente, un vicio que ya se volvió marca registrada del audiovisual argentino actual: las puteadas desmedidas. No como recurso dramático o realista, sino como relleno. Como si gritar fuerte y putear mucho fuese sinónimo de actuar bien. En lugar de elevar el drama, lo vulgariza y lo empobrece...
Otro objeto cultural que el marketing hizo mierda. Y van...


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