CUANDO DECIDAS QUEDARTE

Narrativa

Bordeado hacia al norte con un denso color a azul de mar, se encuentra ubicado en algún lugar de América del Sur, un pueblo llamado San Jose; también conocido como el lugar de los milagros. En una pequeña población, se encuentra Carolina Villamizar; hija de Don Andrés Villamizar un pequeño empresario dueño de una tienda de panes y dulcería. Casado con Doña Carlota Paredes, una humilde ama de casa. Carolina tiene 17 años y sus sueños es algún día convertirse en una gran diseñadora. Tiene dos hermanos, el mayor que es Carlos, de 21 años y estudiante de Ingeniería en computación; y Diana de 14, quien estudia en el penúltimo año de bachillerato; y quien desea convertirse en enfermera.


Un día por medio de una amiga, conoce a Alejandro Perdomo; un chico de 18 años, deportista, soñador, le gusta la música y es estudiante de literatura en la universidad central. Hijo único de Don Patricio Perdomo, conocido artista plástico de la zona y Doña Jimena Suarez, quien es educadora retirada. 


Desde el primer momento en que se conocieron, Alejandro y Carolina se volvieron una y mugre. La conexión que existe entre ambos era especial y única. Se hicieron novios, apenas dos días después de conocerse. Comparten cada momento que podían, ya que lamentablemente por ahora, debían mantener su relación en secreto; puesto que el padre de ella, no aprobaba una relación amorosa de su hija hasta no estar graduada de la universidad. Pero eso no impedía que las excusas existan para verse y estar juntos.


Conforme pasa el tiempo su amor iba creciendo más y más. Ríen mucho juntos, se ven que están realmente enamorador. Una tarde, Alejandro, le envía una nota con su amiga en común, Daniela para que, por medio de una excusa, logrará sacar el permiso para ver a Carolina. Este le tiene una sorpresa preparada. Al caer la noche, se vieron en un callejón cercano a la plaza. Se saludan con un apasionado beso como de costumbre, y Alejandro invita a Carolina a subir a un caballo con él para ir a un lugar especial. Ella se sorprende y con un poco de temor e inseguridad, pero también ánimo, accede a ir. 


Ambos se suben al caballo, colocándose ella por delante de él. Alejandro le dice que le vendará los ojos para que no se anticipe a la sorpresa y así lo hace. 


Avanzan por aproximadamente 15 minutos hasta llegar a la cima de un risco. Alejandro procede a quitarle la venda a Carolina y esta se asombra por la vista. Se observa todo el pueblo iluminado, la luz de la luna tiñe de blanco el denso mar como si este fuese un espejo, y hay preparado un mantel con algunos snacks y pastel para compartir. También una botella de vino, pero más por el romanticismo de la escena que por lo que ambos les gusta el vino. Se bajan del caballo, se sientan en el suelo sobre el mantel y comienzan a compartir. Hablan y hablan, ríen y solo hacen lo que más fácil saben hacer; amarse. Al cabo de un rato, un beso es el catalizador de un momento único y que será trascendental para su relación. Se besan y se acarician. Se miran y comienzan a desnudar sus cuerpos pues sus almas están entregadas hace mucho tiempo. Hacen el amor bajo la custodia de la luna. 


Al cabo de dos horas, regresan al pueblo. Al llegar a su casa, Carolina es regañada por su padre por su retraso; pero nada opacará ese momento vivido esta tarde. Sin embargo, eso impidió que por 3 días no pudieran verse Alejandro y Carolina, ya que ella no tenía permiso para salir. 


Él pasa a buscarla por la universidad para sorprenderla e invitarla a comer helados. Se los comieron lo más lento posible y así vieron pasar la tarde. Son la envidia de todos aquellos en el pueblo que saben o sospechan de esa relación, en especial de alguien que jamás sospecharían.


Pasaron los meses y con ellos, las distintas situaciones que hacían que su amor fuese especial. Paseos en bicicleta, al río, disfrutar jugar con desfile, pesca en el amar, idas al cine, a comer, cada momento hacia parecer que su amor era imbatible. 


Hoy es día de su aniversario. Y con ello salieron juntos a pasar, caminando por el pueblo. Este día, también llegó de regreso Elizabeth, una joven de 17 años y estudiante de idiomas en la capital. 


Vive allá con su madre, pero volvió a pasar unas vacaciones con su padre Don Jaime; el herrero del pueblo y gran amigo de Don Patricio el padre de Alejandro. Elizabeth fue novia de Alejandro hace unos 3 años atrás, debido a su gran relación entre familias; sin embargo, su partida desencadenó la ruptura en esa relación. 


Mientras hablaban en la plaza como dos amigos cualesquiera, llegaron a saludarle su amiga Daniela junto a Elizabeth. Esta última, haciéndose la que desconocía la relación saluda a Alejandro con un beso bastante acaramelado, muy cercano a la boca, para luego dirigir el saludo a Carolina con un común beso en la mejilla. Se quedaron allí conversando con ellos por un rato, aún sin importar que quizás estaban molestando. Media hora después, Carolina un poco molesta decide marcharse a su casa. Alejandro le pide acompañarla, pero esta decide que mejor no, que quizás en otro momento, así que se despide sin beso ni nada para no levantar sospechas en público y se va. Sin embargo, Alejandro; refleja en su rostro un grado de preocupación por la situación ocurrida.
Avanzan los días, pero la situación es tensa con la presencia de Elizabeth en el pueblo. Ya nada volvió a ser igual, pues era común conseguírsela en todas partes importunando sus ratos agradables. No obstante, y aprovechando esta ventaja; Daniela se encarga de llenarle la cabeza de cuentos a su amiga Carolina y la relación existente (según ella) entre Elizabeth y Alejandro. Ella le comenta que Elizabeth aún ama a Alejandro y que este había estado con ella en una oportunidad. Que, al parecer, Alejandro le escribía a menudo, y que la relación entre sus familias era tan agradable que sus padres aceptaban la misma con total normalidad, y era común que se frecuentarán en reuniones o fiestas familiares.


Estos comentarios, aunado a la poca frecuencia con la que ya se veían, fue creando el episodio propicio para que el final llegará. Todo ocurre durante el cumpleaños de Don Patricio, a la que Elizabeth y su padre fueron invitados. Obviamente Carolina no pudo asistir y esto hace que se sienta excluida una vez más. No pudieron verse tampoco esa tarde.  

 

Al día siguiente se comenta la gran fiesta de cumpleaños, pero no solo eso llega a oídos de Carolina, pues su amiga Daniela se encarga de darle los por menores como desayuno, y comienza con decirle lo despampanante que estaba Elizabeth con su vestido provocativo, entre otras cosas. Carolina, para no mostrar su molestia; la interrumpe diciéndole que esta algo ocupada y se tiene que ir. No obstante, sin saber que hacer; toma la decisión de ocuparse lo más que pueda por una semana, a ver si eso la aleja más de los malos pensamientos; pero no ocurre así. Por otra parte, Alejandro consternado por todo lo que ocurre, intenta de distintas formas de comunicarse con ella, pero le resulta en vano.


Una semana transcurro, cuando ella lo citó en la plaza. Por supuesto que él llega con mucha incertidumbre. A lo que este le pregunta por lo ocurrido, ella le contesta que ha tomado la decisión de terminar la relación. Estos días, le han demostrado la fragilidad de la misma y ella no quiere sufrir más, no piensa vivir con ese fantasma siempre., no sabe cómo hacerlo. Alejandro trata de dar su opinión y con lágrimas en los ojos le pide que lo reconsidere. Pero la decisión de Carolina está tomada y antes de que rompiera a llorar prefiere marcharse corriendo. Alejandro se queda en la banca desolado y destruido. 


Un mes ha transcurrido, Elizabeth regresó con su mamá en la capital. Y ambos enamorados no se han visto. Alejandro, ante tal situación, decide irse a otra ciudad a continuar sus estudios. Ya hizo todos los movimientos, pues ya no le encuentra sentido continuar ahí, donde todo le recuerda a ella. Así lo hace y se marcha. El último comentario que supo Carolina por parte de su amiga Daniela, fue que Elizabeth y Alejandro decidieron juntarse nuevamente en la capital y continuar con su relación. Esto por supuesto, hace sentir mal a Carolina quien se defiende diciendo que les desea toda la felicidad del mundo.


Pasan 15 años. Son las fiestas patronales del pueblo. Mucha gente reunida en distintos lugares, eventos, caravanas, y disfraces. Alejandro llega a la Plaza y entre la multitud la observa a Carolina; sentada en una banca, riendo y conversando con amigas. 


Se acerca a saludarla. Ambos se miran y comienza a hablar como buenos amigos, ella un poco más calmada y él más evidente por su emoción. Habrán trascurrido 5 minutos de la conversación, cuando se acerca a Carolina un hombre con dos cervezas en la mano. Se trata de David, el novio de ella. Es un doctor de la capital que viaja a menudo. Obviamente la familia de ella, están muy emocionados porque prontamente se casen.  Se lo presenta y Alejandro no puede evitar estar sorprendido. Conversan por poco tiempo, y él se retira con la excusa de ir a saludar en otra parte. 


Al día siguiente, David regresa a la capital por motivos de trabajo. Esa semana Carolina y Alejandro, se topan en varias oportunidades, conversan y ríen; todo era casi igual que antes. Hablan de las cosas vividas, de situaciones jocosas, comparten un café, un helado, etc. Un día, Alejandro la va a buscar montado en un caballo, arriando otro vació para ella. Le pide que lo acompañe. Y van hacia la cima del Riesco.  Al llegar allá, el comienza a hablar sobre lo ocurrido hace mucho tiempo atrás. Y le juro que todo lo dicho en el pueblo fue mentira. Que nunca ha dejado de amarla. Ella contesta agradecida, pero le informa que pronto se casaría y se iría a vivir a la capital. Hablan de lo mucho que les dolió a ambos esa noche, pero ya no había nada que hacer. Él por supuesto, no está de acuerdo y le jura que aún hay tiempo de acomodar todo. Que se quedé en el pueblo con él y trabajen en su proyecto de construir un pequeño instituto para ayudar a muchas personas de pocos recursos a tener una educación mejor; en áreas que son poco conocidas y abrir el campo a muchos jóvenes. A ella le agrada el proyecto, pero dice que no quiere volver a pasar por lo mismo. 


Los días siguen pasando, y con ello; Alejandro va avanzando muy rápido con el proyecto. Los encuentros entre ellos, no son ya tan ocasionales, pues constantemente esta la presencia de David en el pueblo. Sin embargo, cada vez que tienen la oportunidad, conversan y reviven momentos. Y alejandro, no deja de insistirle a Carolina lo importante que es ese amor entre ellos y que está seguro que aún está vivo. A lo que Carolina cada vez calla, pero que su mirada parece delatar lo que su corazón aún siente. 


Cuatro meses pasan, y nada parece cambiar. La fecha de la boda se acerca, así como la inauguración del instituto de Alejandro. Carolina, pasa días pensando en lo que ha dicho Alejandro. Cuando al fin llega la inauguración, ella luce decidida a tomar una decisión importante esa noche. Se viste y se dirige a la misma. Llega allá y muy contento por su presencia; Alejandro procede a recibirla y hacer un brindis. A los minutos de estar conversando, ella lo interrumpe para decirle algo. Cuando en ese momento, entra a la reunión, Elizabeth que llega de lejos para no perderse la inauguración. Ambos la miran y se miran entre ellos. Carolina se toma de un sorbo su copa de espumante y le dice a Alejandro que se tiene que ir. Este la toma por un brazo y le dice; que recuerde lo que le dijo, que todo es verdad y que no debe seguir permitiendo que esos fantasmas la sigan perturbando. Ella, no cambia su decisión de irse, pero antes le dice; que lo sabe, y eso ya no le perturba; pero que igualmente se tiene que ir. Le da un beso en la mejilla y se marcha. Alejandro se queda un poco decepcionado de la situación. 


La siguiente semana llega, y con ella; la boda de Carolina y David. Como debía ser, todo es muy protocolar y hermoso, sin embargo, el rostro de ella; denota incertidumbre y preocupación.  Mientras va en el vehículo camino a la iglesia, luce bastante pensativa. Llega a la iglesia, y al entrar; una de las primeras personas que ve ahí es a Alejandro, quien se encuentra un poco retirado. Ella continúa avanzando hacia el altar. Al llegar allá, comienza la ceremonia, pero a mitad de la misma; Carolina cae desmayada. Todo se vuelve un alboroto, la gente grita, correo y no saben qué hacer, piden ayuda y llaman a una ambulancia. 


Carolina es trasladada a los cuidados intensivos del hospital central, donde le diagnostican problemas del corazón y que necesita un trasplante lo más pronto posible, pues su vida de ello depende. La hospitalizan, pero el médico les recomienda que sea trasladada a la capital, pero David rápidamente, dice que es algo que puede salir muy costoso. Que mejor no. Que lo ideal es que se quede ahí, hasta rogar que aparezca un donante. 
 

Una semana después, aun continua en cuidados intensivos. Todos los días, sus familiares van a estar con ella; pero en las madrugadas cuando nadie está; Alejandro pasa una hora con ella; gracias a las enfermeras que conocen su historia y lo apoyan en eso. David, aún no ha podido llegar, debido a compromisos laborales.
A la segunda semana, ocurre el milagro. Por eso este pueblo es llamado así. Apareció el donante y Carolina es operada con éxito. Y unos días después, es dada de alta para su posterior recuperación en su casa. Estos días tan ajetreados, Alejandro no había podido ir a verla, pero David si llegó el día que estaba en su casa. Sin embargo, ella sabía que David nunca había estado en el hospital, y Alejandro iba todos los días. Pues antes de irse del mismo, una de las enfermeras se lo dijo, e incluso le entregó una nota que este le había escrito.


 Sin embargo, ella no la ha podido leer por tanta gente que la visita y decidió guardarla. Una semana después, cuando ya todo había estaba más tranquilo; Doña Jimena, visita a Carolina. Ella la recibe en la sala. Doña Jimena llega con un hermoso pero sencillo ramo de flores. Se lo entrega a Carolina y le dice, que se lo envía Alejandro. Él había pedido que cuando ya tú estuvieses recuperada te entregara este ramo de flores. Carolina un poco emocionada, pero también consternada, le pregunta; ¿dónde está Alejandro?, y esta con lágrimas en los ojos, le responde; que su hijo esta donde siempre ha querido, contigo; y yo sabré que, al verte a ti, lo estaré viendo a él. Con estas últimas palabras, doña Jimena se marcha. Pero Carolina, queda llorando; comprendiendo lo ocurrido. Sale corriendo a buscar la nota que este le dejó, y se va al cementerio.
 

Al llegar allá, se arrodilla sobre su tumba y abre la nota; y a pesar de que no hay nadie, la lee en voz alta, mientras llora a cantaros: “AMADA MIA, CUANDO DECIDAS QUEDARTE, YA YO NO ESTARÉ PARA ABRAZARTE, PERO SIEMRE ESTARÉ A TU LADO. SIEMPRE TE AME DESDE EL PRIMER MOMENTO EN QUE NOS ENCONTRAMOS. MI CORAZON SIEMPRE HA SIDO TUYO, POR ESO NO TIENE SENTIDO CONTINUAR CON ÉL SI TÚ NO VAS A ESTAR MAS. POR ESO PREFIERO QUE TÚ LO CONSERVES. DE ESA MANERA, SIEMPRE ESTARÉ JUNTO A TI, NADA PODRÁ SEPARARNOS AHORA. TE AMARÉ HASTA EL ULTIMO DIA DE MIS LATIDOS, QUE SON SOLO PARA TI. Y CUANDO ESO OCURRA, ENTONCES DIOS PERMITIRÁ QUE ESTAREMOS JUNTOS DE NUEVO.  TE AMO HASTA LA ETERNIDAD. ALEJANDRO”


Carolina no para de llorar, sin embargo; dobla la nota para guardarla, y mientras toca con su mano la lápida, le dice; AMOR MIO, YA HABIA DECIDIDO QUEDARME, PERO NO LO SABIAS, NO TUVE EL VALOR DE DECIRTELO A TIEMPO. PERO TE PROMETO TAMBIEN AMARTE DESDE SIEMPRE Y HASTA EL FINAL. SEGUIRE CON TU PROYECTO PARA QUE TE SIENTAS ORGULLOSO DE ESO. GRACIAS POR AMARME TANTO, COMO NUNCA NADIE LO HA HECHO. Y ESPERO QUE ALGUN DIA, COMO TÚ DICES, CUANDO DIOS LO DISPONGA, PODER REUNIRNOS UNA VEZ MAS, Y CONTINUAR AMANDONOS POR SIEMPRE. YO TAMBIEN TE AMO. HASTA LUEGO.


Carolina se seca un poco las lágrimas, se levanta y se marcha. Para así, continuar en pie la promesa que le hizo a Alejandro, y esperar a que el día llegue, que Dios les permita juntarse de nuevo más allá de la eternidad.

 

F  I  N
 

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