"El Rollo Final"
NarrativaApenas abrí los ojos, supe que algo no estaba bien. El cielo era demasiado azul, el césped perfectamente verde, y todos los sonidos —desde los pájaros hasta el viento— sonaban como música de fondo cuidadosamente editada. Me incorporé confundido, sentado en medio de un parque que parecía sacado de una postal… o de una película.
El aire era fresco, casi artificial, y las sombras de los árboles se movían de manera perfecta, como si fueran parte de una escenografía meticulosamente diseñada. Las personas que caminaban por el parque también me parecían extrañas. Estaban demasiado tranquilos, demasiado normales. Nadie parecía tener prisa, y cada rostro era sereno, como si nada pudiera perturbarlos.
Frotándome los ojos, intenté asimilar la situación. No estaba en mi habitación, ni en ninguna parte que conociera. Lo peor de todo era que, aunque mi cuerpo se sentía real, todo a mi alrededor no lo era. Las casas que rodeaban el parque eran demasiado simétricas, como si fueran de juguete, y los coches estacionados en las calles se movían con una precisión mecánica, sin un solo error.
Caminé por el parque, sintiendo el césped bajo mis pies, intentando encontrar algo familiar. Pero entonces, algo raro sucedió. Vi a un hombre cruzando la calle con un maletín en la mano. Tropezó y, en lugar de disculparse o hacer un gesto de incomodidad, una mujer que pasaba cerca de él le dijo exactamente lo mismo: "¿Te encuentras bien?". Sus palabras sonaban vacías, como si se las hubiera dicho sin pensar. Sin pensarlo, seguí al hombre.
A medida que caminaba detrás de él, me di cuenta de que no solo era esa conversación. Todo alrededor de mí parecía repetirse. Las mismas frases, las mismas acciones. En cada esquina, en cada encuentro, las personas decían exactamente lo mismo, una y otra vez. Estaba atrapado en una rutina interminable, como si todo estuviera guionado. Pero, ¿cómo podía ser eso posible? Yo no había aceptado ningún papel, no recordaba haber audicionado para una película.
De repente, vi una vitrina en la que se exhibía un póster. En el centro, en letras grandes, podía leer: "Protagonista: Tú. Título: El Rollo Final. Género: Suspenso y decisión." Mi respiración se aceleró. Miré a mi alrededor, buscando algo que me confirmara que aquello era un error, pero no encontré nada. Todo parecía seguir un guion, como si las piezas de un rompecabezas se estuvieran encajando lentamente, una por una. Era como si la vida misma estuviera dirigida por alguien, y yo, inexplicablemente, era el protagonista.
Lo primero que pensé fue que estaba soñando. Pero, a medida que recorría las calles, buscando respuestas, el escenario no cambió. Todo seguía igual: impecable, ordenado, artificial. El cielo, el césped, los sonidos… nada era real, y todo me era demasiado familiar. Al final, encontré una puerta en una esquina que no había visto antes. En la puerta, un letrero decía: "No abrir hasta el clímax."
Sin pensarlo, giré el pomo y entré. El lugar estaba oscuro, con una luz tenue en el centro de la habitación. En el fondo, una figura alta y enigmática me observaba desde lo alto. Era un hombre, vestido con un traje negro y gafas oscuras, que sonrió al verme entrar. Su rostro era inexpresivo, pero su sonrisa parecía conocer todos mis pensamientos.
— Esta es tu historia —dijo con voz profunda—. Tienes dos opciones: seguir el guion, o improvisar tu final. Solo una de ellas te hará despertar.
Mis piernas temblaban y el sudor cubría mi frente. Estaba atrapado. ¿De verdad estaba en una película? ¿De verdad tenía un guion que seguir? Miré a mi alrededor, tratando de encontrar una salida. Pero no había nada más que esa puerta cerrada y ese hombre observándome como si fuera un actor en una obra de teatro.
Con el corazón latiendo con fuerza, tomé una decisión impulsiva. Decidí improvisar. No quería seguir el guion. No quería ser una marioneta. Comencé a actuar fuera del papel, a desafiar los eventos que parecían fijos, los diálogos que me habían sido impuestos. Di un paso hacia el hombre, miré la cámara oculta en la esquina y grité: "¡Esto no es real! ¡No voy a seguir el guion!"
Entonces, algo extraño ocurrió. Las luces parpadearon. El set tembló. Los sonidos comenzaron a distorsionarse, como si una falla técnica hubiera alterado todo el mundo a mi alrededor. Las escenas que antes eran nítidas y claras comenzaron a desmoronarse, los edificios se desvanecieron, las personas perdieron su forma. El cielo dejó de ser perfecto y comenzó a fragmentarse, como si fuera un lienzo que se rasgaba.
En un parpadeo, desperté. Pero no estaba en mi cama, ni en ningún lugar familiar. Al abrir los ojos, vi luces brillantes y escuché murmullos. No estaba en el mismo lugar, ni en el mismo mundo. Estaba en otro escenario. Otra película. Otro género. Y al mirar a mi alrededor, supe que mi historia apenas comenzaba.


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