Transmutación literaria

Reseñas generales

Los sueños diurnos son los más reconstruyentes, esa tarde me tumbé en la cama y me dejé llevar por un sueño profundo deseando me ayudara a dejar de sentirme como Atlas, cargando al mundo en mis hombros. A los pocos minutos el escenario cambió,  me encontraba en un bar, sentado en la barra con un tarro de fría cerveza frente a mí.

Las luces eran tenues y de fondo se escuchaba una pieza de música clásica. No se veía mucha gente, si acaso dos o tres mesas con algunas parejas charlando.

Acto seguido llega alguien y se sienta a mi lado, volteo a verlo y me llevo una gran sorpresa al darme cuenta que es Charles Bukowski! 

No era una alucinación, era él, tal y como lo recordaba de las fotos e ilustraciones de sus libros.

De pronto comenzó a hablarme, su voz ronca, apacible y al mismo tiempo dura y curtida por tantos años de sus vivencias y experiencias que plasmó en sus libros. 

Su edad ya era avanzada, es decir, no era la etapa de un Bukowski joven y recién entrado en los dilemas del alcohol, se le veía desenvolverse con una naturalidad que sólo dan los años y el saberse único y e irrepetible.

Curiosamente sabía mi nombre y comenzó a preguntarme qué opinión me merecía una rubia que se alcanzaba a distinguir al fondo del local, estaba sola y parecía no estar esperando a nadie. Sus dedos jugaban con el palillo que sostenía una copa de Martini.

- Amigo, te vas a animar a abordarla o me dejarás intentar a mí…

Yo no sabía que  responder, apenas me estaba reponiendo de la sorpresa de vivir dentro de la película Barfly cuando su protagonista me cuestionaba sobre mi actuar.

Mis labios comenzaron a temblar un poco, mi voz titubeó y de lo más profundo de mi garganta por fin salió un conjunto de palabras apenas audibles.

- Maestro, te cedo el honor de intentarlo tú, que para eso eres el mejor

El lo pensó un poco mientras tomaba un sorbo de su bebida y me dijo

- Me gustaría pero se me hace tarde para ir al hipódromo, hoy es día de carrera doble y no me la quiero perder, aprovecha la oportunidad, ármate de valor y ve hacia ella. No olvides que la vida es corta y mañana te puedes arrepentir de no haber intentado conquistar a esa dama

Mi mente trataba de digerir lo que estaba escuchando de la boca de uno de los mayores escritores de todos los tiempos, un autor que no desaprovechaba verter tinta en las página   para hablar sobre la futilidad de la existencia y la inutilidad de matarte trabajando. 

Se levantó de su lugar y extendió su mano arrugada hacia la mía, yo se la estreche fuerte mientras me levantaba y le deseaba suerte en las apuestas de esa noche con los caballos, una de sus mayore  aficiones y al final de su vida lo único que le proporcionaba sentido a la misma.

 

 

 

 

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