La Proyección

Reseñas generales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desperté sobresaltada. La habitación estaba bañada en una luz dorada, cálida y envolvente, como si el amanecer hubiera decidido quedarse a vivir allí. Todo parecía normal... pero algo dentro de mí sabía que no lo era.
El reloj marcaba las siete en punto, pero no sonaba el habitual tic-tac. En su lugar, una melodía suave, casi hipnótica, flotaba en el aire como un susurro.

Me senté en la cama, parpadeando lentamente. Cada objeto en mi habitación parecía más brillante, más nítido, como si alguien hubiese editado la realidad con un filtro cinematográfico.
Al caminar hacia la puerta, noté que incluso mis pasos sonaban distintos, como eco en un escenario vacío.

Bajé las escaleras. El olor a café llenaba la cocina.
Mi madre me recibió con una sonrisa perfecta, casi dolorosa.

—Hoy es el mejor día de tu vida, cariño. ¡Todo saldrá perfecto! —canturreó con una voz mecánica.

Fruncí el ceño. ¿Desde cuándo hablábamos así?
Mi padre, sentado en la mesa, me saludó con una sonrisa congelada, los movimientos torpes, ensayados, como un actor sin alma.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

Tomé mi mochila. Salí de casa.
El aire era denso, los colores del cielo demasiado intensos, como si el mundo hubiera sido pintado a mano.
La calle estaba vacía. Solo se escuchaba una música de fondo, invisible pero omnipresente, como si alguien estuviera dirigiendo cada segundo de mi día.

En el parque, vi a mi mejor amiga.
Estaba de pie, sonriendo, pero algo en su mirada estaba... vacío.

—Recuerda lo que siempre decimos —dijo, casi sin mover los labios—: el guion lo escribes tú.

Me detuve en seco.
El viento cesó.
Las hojas que caían quedaron suspendidas en el aire, como si el tiempo hubiera olvidado cómo avanzar.

Un nudo en la garganta me asfixiaba.
Corrí. No sabía hacia dónde. Solo corría. Las calles parecían extenderse, los rostros de las personas eran todos iguales, vacíos, sonrientes.

Finalmente, llegué a un cine viejo.
Un edificio al que nunca había entrado antes, con carteles desgastados y luces parpadeantes.
Sobre la entrada, una marquesina anunciaba en letras torcidas: "La Proyección: Una vida de película".

Empujé la puerta y entré.
La sala estaba desierta, oscura. Una enorme pantalla encendida proyectaba imágenes.
Me vi a mí misma, sola en mi habitación real.
Vi mis fracasos, mis errores, mis lágrimas escondidas.

La voz surgió de algún lugar entre las sombras:

—¿Prefieres el guion perfecto... o tu historia real?

Las lágrimas llenaron mis ojos.
Sabía la respuesta.
No quería vivir atrapada en un sueño perfecto.
Quería sentir, luchar, caer, levantarme.
Quería vivir.

—Prefiero mi historia —susurré.

Una luz cegadora me envolvió.
Sentí como si el mundo entero se quebrara y reconstruyera en un latido.

Desperté de nuevo.
Esta vez, en mi habitación real.
Sin filtros dorados.
Sin música de fondo.
Solo yo, la luz cruda del amanecer, y el sonido real de la vida.

Sonreí.
Tomé mi celular y marqué ese número que había temido marcar por tanto tiempo.

Cuando escuché la voz al otro lado, dije, con una sonrisa firme:

—Hola. Estoy lista. Esta vez... quiero vivir mi verdadera historia.

Afuera, el sol nacía.
Y yo, también.
 

Comentarios 1

E
Escritor Ocult@29 de abril de 2025
Muy bueno la verdad! Saludos!!