Ivett Araujo: Existencia
Reseñas generalesExistencia
¿Quién soy? , Esa pregunta de tan sólo dos palabras, an pequeña y corta pero capaz de abarcar un gran peso que la vuelve tan difícil de responder cada vez que alguien nos la hace, la cuál siempre estamos tratando de descifrar ya sea describiendo nuestra profesión, las cosas que nos gusta hacer, lo que deseamos tener o ser algún día y desde pequeños vamos formando la idea de nuestra personalidad para poder describir quienes somos y poder contestar esa pregunta pero ¿realmente somos quienes creemos que somos?
Seguramente pensarás que estoy loca o que tengo problemas para decidirme, pero si me das la oportunidad te contaré mi historia.
No diré mi nombre porque ni siquiera estoy segura de que sea real pero sí te explicaré cómo comenzó todo y para eso te enseñare mi vida antes de que todo pasará. Todos los días me levantaba temprano, me bañaba y arreglaba para salir a trabajar en una pequeña cafetería que mi abuela y yo habíamos construido debido a que desde que era niña nos gustaba hornear pasteles, pays y demás, aunque si lo pienso bien jamás lograba recordar en qué ciudad o país me encontraba ni cuántos años llevabamos trabajando en la pastelería. Mis amigos y yo siempre ibamos a un pequeño autocinema donde veiamos películas de diferentes estilos ya que a todos nos gustaba el cine y creiamos que hacer una película era un arte pero ninguno pensaba en ser actor. Toda mi vida había pensado que mi pequeño apartamento, mis amigos de siempre, mi trabajo en la cafetería donde todos conocían mi nombre, incluso las rutinas más grises, eran simplemente la vida y que todo era…. bueno real. Hasta que una mañana, mientras caminaba hacia el trabajo, algo muy extraño ocurrió.
El cielo, azul perfecto, parpadeó como una pantalla rota. Me detuve confundida. Las personas que me rodeaban no parecían notarlo. Seguían caminando como si nada, sonriendo, diciendo las mismas frases de siempre: “¡Hermoso día, ¿verdad?!”, “¡Vamos a por otro café!”. Sonaba todo demasiado… ensayado y falso, estaba completamente extrañada, no entendía lo que sucedía, mi cabeza daba vueltas pero decidí seguir caminando tratando de ignorar el raro día que estaba teniendo.
Al llegar a la esquina, vi a un hombre con un auricular en la oreja, vestido de negro. Sostenía algo en las manos que parecía un control remoto, no sé porque pero algo me hizo observarlo hasta que nuestras miradas se cruzaron y pude ver como a poco su rostro perdió todo el color para después echarse a correr, no me detuve a pensar y simplemente lo seguí sin saber a dónde íbamos ni porque corríamos pero mi curiosidad era tan grande que simplemente seguí corriendo.
Cruzamos calles, callejones, mercados falsamente abarrotados, hasta que entró en una puerta metálica que nunca había visto antes. Cuando la empujé, una luz blanca me cegó. Del otro lado, todo era diferente. Cámaras, Luces. Decenas de personas que se giraban para mirarme. Un set de filmación. Y en el centro, una mujer de cabello gris, con un clipboard en la mano, sonriendo con pesar.
-Bienvenida- dijo-. Al final descubriste la verdad.
Me explicaron todo en una sala fría y silenciosa: Mi familia, mis amigos, mi trabajo, ¡Mi vida!, había sido una mentira para una película llamada “Existencia” donde los protagonistas no sabían que estaban actuando. Mis padres, mis amigos, incluso mi perro… todos eran actores o, peor, inteligencias artificiales creadas para interactuar conmigo de forma “natural”.
Veinticuatro años grabados. Cada lágrima, cada beso, cada fracaso. Todo había sido un simple chiste para entretener a una audiencia que yo nunca conocí.
La mujer me tendió un sobre.
-Tienes una elección. Puedes volver. El set está programado para seguir evolucionando contigo: nuevas historias, nuevos amores, incluso hijos, si quieres. No recordarás nada de esto. Solo… vivirás feliz.
-¿Y si no?- pregunté, sintiendo mi garganta cerrarse.
-Puedes salir. Al mundo real. Empezar de nuevo. Pero será más difícil de lo que imaginas. Aquí afuera no hay guiones, no hay certezas. Solo…vida. De verdad.
Me quedé allí, sobre una línea pintada en el suelo: a un lado la puerta que llevaba de regreso a mi “vida”; al otro, una salida al mundo real que nunca había pisado.
Miré el sobre. Dentro había dos llaves: una plateada, una negra. No había instrucciones. Solo una frase escrita a mano:
“La libertad es aterradora. Pero también es tuya”.
Mis pensamientos fueron una maraña: ¿Cómo dejar atrás a todos?¿A mi mejor amigo, aunque fuera un actor?¿A mis padres, aunque fueran construcciones de un guion?¿Y si allá fuera nunca encontrara algo que valiera la pena?
Cerré los ojos. Respiré.
Y Caminé hacia lo desconocido.
Quizás el mundo real no era perfecto. Quizás sería más difícil. Pero al menos, por primera vez, cada paso que diera sería realmente mío.
Y eso, pensé mientras cruzaba la puerta, valía más que cualquier guion.

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