La Orden Jedi...
Reseñas generalesCuando abrí los ojos, todo estaba envuelto en un silencio extraño. El aire era fresco pero cargado de una energía que vibraba en mi pecho como si fuera parte de mí. Me encontraba acostado sobre un suelo duro, frío y metálico. Parpadeé varias veces tratando de enfocar la vista y, al hacerlo, lo primero que vi fue una luz azulada que bailaba frente a mí.
"¡Está despierto!" dijo una voz femenina, cálida pero firme. Giré la cabeza hacia donde provenía el sonido y ahí estaba ella: una mujer alta, con cabello castaño recogido en una trenza larga y apretada, vestida con una túnica marrón que ondeaba con gracia mientras se movía. En su mano derecha sostenía un sable de luz encendido, cuya hoja brillaba con ese característico zumbido que reconocería en cualquier lugar.
Me incorporé lentamente, sintiendo cómo mis músculos protestaban por el esfuerzo. Miré mis manos temblorosas y noté algo inusual: llevaba puestas unas botas negras ajustadas, un cinturón con varios compartimentos y… ¿un sable de luz colgando de él? Lo toqué instintivamente, sintiendo su peso familiar, aunque no recordaba haberlo usado nunca antes.
"¿Dónde… estoy?" pregunté, confundido. Mi propia voz sonaba distinta, más profunda, como si perteneciera a otra persona.
La mujer me miró fijamente, evaluándome durante unos segundos demasiado largos para ser cómodos. "Estás en la estación orbital Esperanza , cerca del borde exterior," respondió finalmente. "Soy Kael Traxis, Caballero Jedi. Y tú… bueno, supongo que aún sigues siendo tú."
Fruncí el ceño. "¿Qué significa eso?"
Ella suspiró y apagó su sable de luz, guardándolo en su cinturón. "Significa que has estado atrapado en carbonita durante casi dos décadas. La última vez que te vimos, estabas luchando contra los restos del Imperio en Korriban. Ahora estamos enfrentándonos a una nueva amenaza, algo mucho peor."
Intenté procesar sus palabras, pero mi mente parecía atascada entre fragmentos borrosos de recuerdos y un vacío absoluto. Recordaba vagamente batallas, gritos, explosiones… y luego nada. Solo oscuridad.
"Mi nombre…" murmuré, buscando dentro de mí alguna respuesta que pudiera tranquilizarme. Pero no llegaba.
Kael cruzó los brazos sobre su pecho. "Tu nombre es Ryn Valo. Eres uno de los mejores Maestros Jedi que han existido. Aunque tal vez necesites un poco de tiempo para recordarlo todo."
Justo entonces, las puertas detrás de nosotros se abrieron con un siseo hidráulico. Un droide astromecánico dorado entró rodando, seguido por un hombre alto y robusto con armadura mandaloriana. Llevaba un rifle bláster enorme en la espalda y una expresión sombría en su rostro tatuado.
"Vaya, veo que nuestro invitado especial ha vuelto al mundo de los vivos," dijo el hombre, con una voz grave que resonó en la pequeña sala. "Soy Varek Tonn, líder de los Mandalorianos Libres. Nosotros también tenemos cuentas pendientes contigo, Jedi."
Kael le lanzó una mirada severa. "Ahora no, Varek. Necesitamos su ayuda si queremos detener esto."
El mandaloriano gruñó algo ininteligible, pero asintió brevemente antes de dirigirse a mí. "Escucha bien, Valo. Sea lo que sea que ocurrió hace años, no importa ahora. Lo que viene es peor que cualquier cosa que hayas enfrentado antes."
Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral. Sabía que debía confiar en ellos; había algo en sus palabras que resonaba profundamente dentro de mí, como si fueran verdad absoluta. Pero al mismo tiempo, sentía una opresión en el pecho, una mezcla de miedo e incertidumbre que no podía ignorar.
"¿Qué está pasando exactamente?" pregunté, poniéndome de pie con dificultad. Mis piernas aún estaban débiles, pero logré mantener el equilibrio.
Kael intercambió una mirada preocupada con Varek antes de responder. "Una secta llamada los Hijos del Vacío ha emergido en los confines más oscuros de la galaxia. Han descubierto un artefacto antiguo que puede abrir grietas en el tejido del espacio-tiempo. Si tienen éxito, podrían invocar entidades primordiales que consumirían toda la vida."
Tragué saliva. "Y yo soy… ¿parte de esto?"
"Lo eres," afirmó Kael. "Tú fuiste quien selló el portal original hace años. Tu conexión con la Fuerza es única, y solo tú puedes cerrar esta nueva brecha."
Cerré los ojos por un momento, intentando conectar con esa parte de mí que todos parecían creer que existía. Sentí una chispa, débil pero presente, latiendo en algún rincón de mi ser. Era como escuchar un eco muy lejano, pero lo suficientemente claro como para saber que era real.
"Entonces," dije finalmente, abriendo los ojos y tomando el sable de luz de mi cinturón, "supongo que no tengo opción."
Kael sonrió ligeramente, y por primera vez desde que desperté, sentí una pizca de esperanza. "Bienvenido de nuevo, Ryn. La galaxia nos necesita."
Con esas palabras, activé mi sable de luz por primera vez en lo que parecían siglos. La hoja verde brilló intensamente, iluminando la sala y llenándome de una determinación renovada. Fuera lo que fuera que nos esperara, sabía que no estaría solo. Junto a Kael, Varek y el resto de la Nueva Orden Jedi, enfrentaría lo desconocido y protegería aquello por lo que habíamos luchado tanto tiempo.
Porque, después de todo, la Fuerza siempre estará con nosotros.



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