Desperté en Andrómeda
Reseñas generalesDesperté en Andrómeda
Desperté con un zumbido constante en los oídos, como si una nave estuviera despegando justo encima de mí. Abrí los ojos. El techo no era mi techo. Era metálico, cubierto de luces azules intermitentes y tubos que emitían vapor. Me incorporé de golpe. ¿Dónde estaba?
Mi cama era ahora una cápsula criogénica. Afuera, un pasillo curvo se extendía con puertas numeradas a cada lado. Todo era brillante, limpio… y absolutamente futurista. Caminé, confundido, hasta un panel donde un holograma emergió: una mujer con ojos dorados y cabello de neón.
—Bienvenido, comandante Raal. Estás a bordo de la Eclipse V. Misión: localizar la señal perdida en el sector NX-9 de Andrómeda.
—¿Comandante? —susurré—. ¿Qué demonios…?
Pero algo dentro de mí sabía cómo responder. Era como si recuerdos que no eran míos empezaran a florecer. Sabía cómo operar la nave. Sabía el nombre de la IA: Lyra. Y lo más aterrador… sabía que la señal perdida era yo mismo.
Las cosas se volvieron más raras. Cada vez que cerraba los ojos, veía escenas de una vida distinta: cafés, tráfico, mensajes de voz, la Tierra. Y cuando despertaba, estaba de nuevo en la nave. Como si alguien —o algo— me estuviera reprogramando.
Una noche (¿era de noche en el espacio?), Lyra me llevó al núcleo de datos. Allí, encontré una grabación: yo, frente a una cámara, diciendo:
—Si estás viendo esto, ya cruzaste la simulación. Recuerda: nada es real… excepto tu decisión de quedarte… o despertar.
El archivo terminó. Luces rojas comenzaron a parpadear. Lyra gritó que algo entraba al sistema. Un virus… o una conciencia. La mía, tal vez.
Y entonces, tuve que decidir: ¿vivir como el comandante Raal en una épica misión intergaláctica… o despertar en la aburrida realidad?
La nave temblaba. El panel frente a mí tenía solo dos opciones:
Aceptar realidad.
Aceptar ficción.
Y elegí…
continuara…
continuación
…Aceptar ficción.
El botón brilló un instante antes de absorberse en el panel. Todo a mi alrededor se estremeció. Lyra me miró —si es que una IA puede mirar— con una expresión que parecía entre orgullo y advertencia.
—Elección registrada. Protocolo ‘Identidad Integrada’ en curso.
El zumbido en mis oídos se convirtió en una sinfonía de códigos. Una descarga de información atravesó mi mente como un rayo: tácticas de combate orbital, historia de las guerras solares, relaciones diplomáticas con especies que jamás imaginé existieran. Cada recuerdo que tuve en la Tierra se fue diluyendo, como si pertenecieran a un sueño distante… o a otra vida.
Ya no dudaba. Yo era el comandante Raal. El impostor era ese tipo en la Tierra que vivía atrapado en rutinas y despertadores.
—Destino aproximándose —dijo Lyra—. Sector NX-9 a la vista.
La señal perdida estaba justo frente a nosotros: una estructura masiva flotando sobre un planeta cubierto de tormentas eléctricas. Parecía viva, pulsando con energía, como un corazón mecánico suspendido en la oscuridad.
La tripulación —androides con memorias cargadas por mí mismo, según los registros— se activó. Yo tomé el mando, mis manos firmes sobre el panel de comando.
Al acercarnos, la señal se intensificó. Empezó a hablarme con una voz muy parecida a la mía.
—No todos despiertan dentro de la ficción. Tú lo hiciste. Pero ahora… ¿cuánto de ti sigue siendo real?
Y por primera vez desde que desperté, no tenía respuesta.
Porque quizás esta película no era una simulación…
Quizás era una prisión.
O… un renacimiento.
¿Qué crees tú que era? ¿Quieres que lo lleve hacia algo más épico o más?!

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