Marla y yo

Reseñas generales

Nunca me interesó ser de esas personas que caen bien, esas de las que todos tienen una opinión positiva hasta, incluso a veces, sin conocerlas. No solo no quise ser ese tipo de humano, sino que esas personas me molestan bastante y las prefiero lejos.

 

Tengo una tolerancia bastante limitada para la falsedad, puedo soportar alguna que otra sonrisa vacía pero no gastaría ni un gramo de mi energía en devolverla para quedar bien, realizar este gesto políticamente correcto en el que siento que tantas personas viven tan cómodas a mí me haría sentir básicamente estúpida.

 

Por eso, la primera vez que vi a Marla Singer quedé fascinada, no porque me sorprendiera su forma de ser, sino porque la sentí tan coherente que me vi reflejada en ella, y definitivamente no es algo que me suceda mucho.

Marla no necesita que la quieran y yo tampoco porque, claro está, somos especiales y no para cualquiera. Ninguna de las dos concebiría una vida intentando agradar, cuánto esfuerzo dedicado a personas que no valen la pena. Ambas elegimos ser la versión más cruda de nosotras mismas, no porque no tengamos filtros o no sepamos utilizarlos, sino porque no rendirle cuentas a nadie es más divertido.

 

En el momento en que Marla decide tirarse frente al tráfico como si la vida no pesara en absoluto yo la ví. No era una actitud suicida, al menos no del todo. Fue una forma extrema, como nosotras, de aferrarse a lo que realmente había sentido toda su vida: Vengan todos, pueden atropellarme cuanto quieran, y aún así, voy a seguir siendo yo misma.

 

No se asusten, yo no quise matarme, pero estuve ahí emocionalmente. Aprendí demasiado temprano que las personas no valen las lágrimas que solemos derramar por ellas, quienes deberían cuidarte no lo hacen y a quien más confianza le brindás, seguramente sea quien más te falle, porque así es la vida y nadie te debe nada. Cada uno llega y se va solo.

 

Cuando todo parecía derrumbarse yo elegí, al igual que Marla, no asumir el papel de víctima. Reir de lo mucho que dolía, prender un cigarrillo y caminar sabiendo que, aunque quieran, no van a lastimarme más. Porque a veces, el dolor es la única forma de limpiar lo que sobra.

 

Marla es transparentemente sexual sin pedir permiso, y eso incomoda, pero a mí nunca me importó, me criaron sin tabúes, y es de lo poco que aprendí y obedecí al pie de la letra. Lo que me mueve es el deseo, el instinto, y no hay murmullo ajeno que pueda taparlo, por más que todo indique un futuro cercano de caos. Porque el caos no se busca, pero se abraza y se aprende a vivir en él.

 

Ser antisociales no es una elección caprichosa. No todos podrían soportar una Marla en sus vidas, y como expresé al principio de este texto, moldear nuestra esencia para que los demás se sientan cómodos no es una opción.

 

Y por último, hablemos de la lealtad.

 

La lealtad no es algo que se aprenda ni se trata de una decisión consciente. La lealtad es algo que, tanto a Marla como a mi, nos brota desde lo más profundo de las entrañas, como casi todo en nuestra vida. No existe la posibilidad de decidir lastimar o no a uno de los nuestros, porque jamás se contemplaría eso como una opción. Los nuestros son pocos, pueden o no darnos el amor que merecemos, pero nosotras sí sabemos amar y, repito, no es una elección, porque si fuera posible evitarlo, seguro lo haríamos. Pero por ellos, todo.

 

Si alguien me hiere, o peor aún, a una de las pocas personas que amo, no olvido. Nunca. La gente ve y se refiere al rencor como algo malo, un rasgo negativo o un dolor a tratar en terapia. Déjenme decirles que el rencor en mi vida es la memoria, es esa justicia íntima que me recuerda cada día que yo valgo más y si decidieron joderme, nunca van a olvidarme.

 

Me identifico con Marla, pero ¿por qué? Heridas tenemos todos, así que hablar de una carcajada basada en cicatrices sería simplificarlo. Me identifico con su libertad, con su mirada sobradora que, mientras se enciende un cigarrillo, le deja claro al mundo que no se va a doblegar ante nadie y con esa intuición salvaje que la llevó a ser una mujer completa sin tener que escucharlo de nadie jamás.

 

Marla no necesita que la salven, porque sabe que cuando se vaya, se van a quedar deseando más.

Comentarios 4

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User-137208266023 de abril de 2025
Hola. Me gusta tu estilo. Es muy sincero.
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Flor Bisanz24 de abril de 2025
En respuesta a User-1372082660: Muchas gracias!
E
Escritor Ocult@22 de abril de 2025
Muy pero muy bueno la verdad Flor! Saludos y exitos!
F
Flor Bisanz22 de abril de 2025
En respuesta a Escritor Ocult@: Muchas gracias!