El Neo Elegido

Reseñas generales
  • ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en esta habitación, de noche y en plena tormenta? -me pregunto interiormente-.

 

  • ¿Quieres saber lo que es la Matrix? -me pregunta a su vez un tipo negro y calvo al que me acaban de presentar como Morpheus y que, sentado frente a mí, parece estar ansioso por darme la respuesta-. 

 

  • Matrix nos rodea -continúa en tono solemne-… Está por todas partes. Incluso ahora, en esta misma habitación... Puedes verla si miras por la ventana… O al encender la televisión… Puedes sentirla cuando vas a trabajar… cuando vas a la iglesia… cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.

 

  • ¿Qué verdad? -le pregunto, pues no tengo idea de qué habla ese tipo vestido de cuero, que usa lentes para sol a pesar de la oscuridad-.

 

 

 

 

 

  • Que eres un esclavo, Neo… Igual que los demás, naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no puedes ni saborear ni oler ni tocar… Una prisión para tu mente…

 

  • ¡Claro!... ¡Ahora entiendo!... ¡Neo! ¿En qué lío me ha metido ahora ese idiota? -pienso-.

 

  • Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix -continúa mi interlocutor, mientras abre un pequeño pastillero de metal- … Has de verla con tus propios ojos -dice, mientras extrae de allí dos píldoras, una azul y otra roja, que coloca una en cada una de sus manos-. 

 

  • Esta es tu última oportunidad -me explica a continuación-. Después ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia, despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer. Si tomas la roja, te quedarás en el país de las maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera del conejo.

 

  • Mientras me extiende las manos con las pastillas para que elija, veo mi reflejo en sus anteojos espejados… 

 

  • ¿Qué? ... ¿Ese soy yo? ¿Cuánto tiempo ha pasado?... Le dije a Neo que no tomase los medicamentos… que me necesitaba… pero no me escuchó… Y ahora estamos atrapados en alguna locura conspiranoica debido a que él no puede creer ser una persona común y corriente, que es justo lo que creen todas las personas comunes y corrientes -reflexiono molesto-.

 

  • Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad, nada más -continúa Morpheus, antes de hacer silencio y mantener sus manos extendidas, convencido de que elegiré la píldora roja, pues no me hubiese traído hasta aquí y hecho toda esa disertación sobre “la matrix” si creyese que yo podría elegir la píldora que convertiría todo su trabajo en un sueño-.

 

  • ¿Dónde habrá conocido Neo a este pobre diablo? -pienso, antes de tomar rápidamente la pastilla azul y tragármela sin dudar-. Ya estamos viejos para seguir creyendo en realidades paralelas y en mundos ocultos -me digo-. 

 

  • ¡Imposible! -exclama Morpheus, atónito, con voz ahogada- ¡Tú eres El Elegido!

 

  • Puffff… ¡El Elegido!  ¿Qué clase de secta de tercera podría tener a Neo como su elegido? ¡El mundo está en las últimas! … 

 

Suena el despertador eléctrico del cuarto de Neo.

 

  • ¡Vaya! En lo único que tenía razón el loco de los lentes era en que si tomaba la pastilla azul iba a despertar en mi cama -pienso, apenas despierto-. 

 

En la mesita de noche veo un documento a nombre de Thomas Anderson que me identifica como trabajador de Metacortex, una conocida empresa de programación.

 

  • Por lo menos ya no trabajas en ese garaje... Metacortex es una gran empresa… Aunque parece que te pagan lo mismo que te pagaban en el garaje -reflexiono, mientras me fijo en lo pequeño y pobre del departamento-.

 

Tras desayunar y darme una ducha voy a Metacortex para saber qué ha hecho Neo con mi vida. En el lobby del edificio se me acerca un tipo pequeño, con peinado de los años 50 y aires de importancia que a priori me cae mal. Su gafete lo identifica como el señor Rhineheart y lo califica como vicepresidente de la compañía.

 

  • Parece que por fin acepta usted seguir las reglas y respetar a la autoridad, míster Anderson -me dice con orgullo, como si él tuviese algo que ver-.

 

  • Siempre, señor Rhineheart -le respondo sumiso, para darle por su lado-.

 

  • Piense, señor Anderson, que si aún conserva este trabajo es sólo porque el agente Smith, del FBI, nos lo pidió como un favor, para compensarlo por lo que pasó hace unos días, cuando lo detuvieron por error en nuestras instalaciones … Pero que le quede claro que si vuelve a llegar tarde tendrá que buscarse un nuevo empleo… ¿le quedó claro, señor Anderson?

 

  • Perfectamente, señor Rhineheart -respondo-. Claro como el agua… Créame… no tendrá que volver a preocuparse por mí… Definitivamente, soy otro hombre… 

 

Un par de días después, Morpheus y yo estamos en la habitación sombría y oscura donde lo vi por primera vez.

 

  • Estaba seguro de que me contactarías de nuevo -le digo-.

 

  • ¿Por qué? -me pregunta-. 

 

  • Antes, cuando tomé la pastilla azul y supuestamente con eso me condenaba a no cumplir mi papel en esta historia, lo último que te escuché decir es que yo era el elegido. 

 

  • ¿Y? 

 

  • Pues que si estás tan seguro de que yo soy El Elegido es imposible para ti dejar de tratar de convencerme de ello. Es tu propósito. Sin eso no serías nadie. Y por eso aquí estás…

 

  • Así como tu propósito es ser El Elegido, Neo. 

 

  • Lo sé, Morpheus. Lo sé. Créeme cuando te digo que ahora sí lo sé… Entonces… ¿Cuándo podremos recuperar mi cuerpo?

 

  • Antes tendré que hablar con mi tripulación. Después de lo que pasó, ellos no creen en ti… Pero yo los convenceré y te llamaré para realizar la extracción. 

 

  • Supuse que sería así… Hasta pronto entonces -le digo, extendiéndole mi mano-. 

 

  • Hasta entonces, complementa Morpheus -estrechándomela con firmeza-.

 

Bajo la lluvia, camino a mi departamento me coloco el auricular que el agente Smith me entregó cuando nos encontramos la segunda vez gracias al señor Rhineheart, a quien habían infiltrado antes de recolocar a Neo en la compañía, para que lo mantuviese vigilado. 

 

  • ¿Lo hizo, míster Anderson? -pregunta el Agente Smith-. 

 

  • Sí… Morpheus está muerto –le respondo, mientras desecho los guantes transparentes impregnados de veneno con que le estreché la mano al infeliz-... 

 

  • No sabía que entre la programación de ustedes los agentes estaba el sadismo, Smith. A Morpheus le espera una larga agonía.

 

  • Matar a Morpheus en una emboscada hubiese sido heroico a ojos de sus seguidores. En cambio, verlo morir tras un terrible sufrimiento los asustará. Y los asustará aún más saber que fuiste tú, su salvador, quien mató a su profeta. Entonces, el espíritu de la resistencia se …

 

  • La política no me interesa, Smith... Sólo me interesan los negocios.

 

  • Entiendo, míster Anderson… Tal como acordamos, será usted un hombre importante en este mundo y no recordará nada de esto. Vivirá una vida feliz y sin culpa.

 

  • Supongo que eso debo agradecérselo a usted, agente Smith.

 

  • Era inevitable… Después de todo, siempre supe que tú eras El Elegido.

Comentarios 2

E
Escritor Ocult@23 de abril de 2025
Buenisimo!!! Un gran saludo!
E
Escritor Ocult@22 de abril de 2025
Muy pero muy bueno la verdad! Saludos y exitos!

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