El mounstro y yo
Reseñas generalesEra una noche como cualquiera, estábamos en invierno, caía el atardecer y las ventanas empezaban a humedecerse por el frío. Mi aliento se IVA poco a poco espesando y mi nariz comenzaba a dolerme de tan solo respirar.
Comenzaba a inhalar lentamente y exalar con mayor ligereza. Mis párpados comenzaban a cerrarse lentamente y en un bostezo profundo los cerré completamente. Estaba acostada totalmente tapada hasta el cuello, ya que siempre me dió miedo que algún espíritu me agarre de los pies; por los cuentos que nos contaban los ancestros.
Al parecer quedé dormida bastante rápido y en algún momento me despierto, abro los ojos, y en la inmensa obscuridad de la noche no veo absolutamente nada, todo totalmente oscuro. Al lado mío había un ropero que era el que dividía mi habitación de la de mis hermanos, en el cual de mi lado de la habitación estaba la parte de atrás del ropero, una pared de madera.
Al mover lentamente mis ojos hacia el lado del ropero veo una silueta extraña, un juego de sombras aterrador, en el cual mis ojos no podían distinguir con claridad ya que, repito, estaba todo muy oscuro. En ese entonces siento como levemente empiezo a sudar y a temblar de frío, mi corazón palpitaba aún más fuerte y lo peor todavía no había ocurrido.
Quiero moverme para alcanzar alguna luz y autoconvencerme de que esa silueta que estaba atormentandome era irreal. A lo que misteriosamente no logro moverme. Mi cuerpo estaba totalmente inmóvil. Incapaz de mover un solo dedo, ni girar la cabeza, ni los pies, nada.
Ante mi asombro de este acontecimiento totalmente nuevo para mí se me ocurre gritar para pedir ayuda, a lo que trajicamente me doy cuenta que no podía ni mover la boca ni emitir sonido alguno.
A todo esto ya totalmente nerviosa y aterrada, está silueta comienza a acercarse a mi, me acaricia lentamente con sus garras y se acerca de repente a mi rostro. Me pasa su lengua horrenda por la cara y entro en un trance profundo en dónde aparezco en un edificio en ruinas.
Gente corriendo por todos lados como si fuese el fin del mundo. De repente un temblor, y otro, seguido de otro, como si algo gigante se acercaba hacia donde estábamos todos. La gente seguía queriendo encontrar una escapatoria a la cual a mí se me ocurrió empezar a ayudar a la gente porque yo si sabía por dónde teníamos que salir. No sé cómo pero yo sabía lo que estaba pasando y como podríamos salir de esto.
Escondí a todos los que pude corriendo muebles y descubriendo lugares secretos entre las paredes en dónde los ocultaba a todos (que al parecer me conocían y confiaban en mi).
Repentinamente los pasos cesaron. Les hice a todos una seña de que hicieran silencio. Por uno de los laterales del edificio de asomo un enorme ojo negro queriendo ver dónde estaban todos. Por su puesto todos escondidos y callados.
Lamentablemente una nena no pudo contener su llanto y sollozó demaciado alto y el gigante la escuchó, sonrió y procedió a meter la mano para ver si la encontraba.
Al no poder encontrarla procedió a romper el edificio. En ese momento me aterrorice, pero en el fondo sabía muy bien como hacer para salvar a todos, ellos confiaban en mi, ellos estaban esperando que yo haga algo, ellos creían en mi y su fe me hacia confiar aún más en mi misma.
Salté desde un tercer piso aterrizando en un container de basura. Por supuesto el gigante no me escuchó, ya que seguía buscando a la gente en el edificio. Procedió a correr lo más que pude en dirección contraria a la tragedia. Estaba totalmente asustada por lo que tenía que hacer, llamar su atención.
En ese instante me aleje lo suficiente para planear algo grande, algo que llamara su atención y algo que pudiera enfrentarlo por supuesto.
A su vez una voz dentro de mi cabeza me decía que si lograba matar al gigante podría volver a mi vida.
En ese momento veo arriba de un árbol a la figura que se me había aparecido en mi pieza que me había dejado inmóvil y la que me había traído hasta este lugar que parecía una película de terror.
Esa criatura me miraba a lo lejos y parecía observar todo lo que hacía pero no se movía ni emitia sonido alguno.
Consigo chocarme con grandes chapas que habían sido destrozadas por el gigante las cuales procedo a ponerlas detras de un camión con un container enorme. Yo me subí a un árbol y tenía preparada una enorme cuerda la cual sujeté al rededor de mi cintura, y el otro extremo en el árbol. Logré, desde el árbol, subirme arriba del container para llamar la atención del gigante. Y comencé a gritar. Grite como si no hubiese un mañana, grite con todas mis fuerzas, grite pensando en mi mamá, en mis hermanos, en mis perritos, en volver a mi realidad, a la escuela (aunque me haya olvidado de hacer la tarea de ciencias naturales, sabiendo que la profesora me iba a retar) grite sabiendo que si volvía tenía que volver a la rutina de todos los días que a veces, era estresante, pero era mi vida y la amaba.
Grite tanto que el gigante giro su cabeza sobre su hombro y logró verme, vino corriendo hacia mi, con su mirada perdida queriendo devorarme.
Corrió tan rápido y desesperado que no se dió cuenta que le había puesto una trampa. Había dejado un pedazo de un árbol que el gigante había destrozada para que se tropezara y cayera atrás del camión en el cual habían chapas acomodadas en trozos filosos para que se clavaran en su pecho.
Al tropezar inmediatamente salte con la soga para salir del lugar y evitar ser aplastado.
Efectivamente mi plan funcionó a la perfección y de un momento a otro desperté en mi cama con el cuerpo totalmente adormecido, con esa sensación de hormigueo recorriendome por todo el cuerpo.
De a poco pude ir moviendo los dedos, las manos, los dedos de los pies, los pies. Hasta quise hablar a ver si me salía la voz, pero bajito, ya que todos dormían aún.
Me quedé pensando en todo lo que había ocurrido y me dí vuelta en la cama y me tape hasta la cabeza temblando y rezando para no volver a ver a esa figura siniestra nuevamente llevándome a un mundo de película.
Esto paso cuando tenía al rededor de 13 o 14 años, y todavía lo recuerdo como si hubiese sucedido ayer. Ahora a mis 32 puedo decir que eso quizás paso en alguna realidad alterna en dónde esa gente me necesitaba, o quizás yo tenía que enfrentar mis propios miedos. Nunca lo sabremos.

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