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Reseñas generales

Imagina abrir los ojos y no reconocer nada a tu alrededor. Estás en una habitación extraña, los colores son demasiado intensos, los objetos parecen demasiado perfectos, y todos a tu alrededor hablan con una entonación exagerada. Entonces lo comprendes: no estás soñando… has despertado dentro de una película.

Al principio, la confusión sería total. Quizás intentes buscar tu celular, llamar a alguien, o simplemente correr fuera de esa realidad artificial. Pero todo parece seguir un guion invisible. Cada vez que quieres hacer algo inesperado, las personas a tu alrededor actúan como si eso no estuviera “permitido”. Te das cuenta de que estás atrapado dentro de una narrativa, y que tus decisiones ya están escritas. ¿Y si te encuentras en una comedia absurda, donde todos ríen por todo y la lógica no existe? ¿O en una historia de terror, donde cada sombra parece esconder una amenaza? 

Conforme pasan los minutos —u horas, o días, si es que el tiempo dentro de una película tiene sentido—, te preguntas quién eres dentro de ese universo. ¿Eres el protagonista, destinado a salvar el mundo, encontrar el amor verdadero o resolver un misterio? ¿O acaso eres un personaje secundario, atrapado en una trama que nunca te pertenece del todo?

Si el género es romántico, podrías verte envuelto en triángulos amorosos, momentos cursis en cámara lenta y confesiones bajo la lluvia. Si es una película de acción, tal vez corras entre explosiones, escapes en autos o enfrentamientos cuerpo a cuerpo… aunque nunca hayas peleado en tu vida. Pero lo más inquietante sería despertar en una película de terror, donde cada decisión podría llevarte a un final fatal y donde los “errores” típicos —como explorar un sótano oscuro o decir “volveré enseguida”— podrían significar tu perdición.

Poco a poco, te das cuenta de que el mundo cinematográfico no funciona como el real. El dolor puede ser más leve, las coincidencias más frecuentes y las casualidades... casi mágicas. Puedes decir una frase profunda y todos se quedarán en silencio, como si tus palabras fueran sagradas. Puedes mirar a alguien a los ojos y saber que, de alguna forma, ese momento marcará el resto de la historia.

Pero también podrías cansarte. ¿Y si no puedes cambiar nada? ¿Y si estás obligado a seguir un guion sin poder improvisar, sin libertad, atrapado en una secuencia de escenas predeterminadas? El deseo de romper la cuarta pared se hace más fuerte. Querrás gritarle al cielo, pedir al director que corte la escena, exigir salir de ese encierro perfecto.

Tal vez descubras que la única forma de escapar es cumpliendo el rol que se te ha asignado. O tal vez, solo tal vez, logres reescribir el guion desde dentro. Tal vez descubras que eres el único con consciencia dentro de ese mundo artificial, y que esa diferencia te da poder: el poder de cambiar el final.

Y entonces surge la pregunta más inquietante de todas: ¿y si nuestra vida real también es una película, y simplemente no hemos despertado aún?… Que harías tú ?

Comentarios 1

E
Escritor Ocult@16 de abril de 2025
Muy bueno Henry! Saludos!