Entre Fotogramas
Reseñas generalesEl primer sonido fue el zumbido. U tono agudo, como el de un proyector antiguo, que se colaba entre mis sienes mientras abría los ojos. La luz parpadeante me cegó: no era mi habitación. Las paredes eran de un blanco inmaculado, geométrico, como si alguien hubiera dibujado el mundo con regla y compás. Olía a palomitas quemadas y a celuloide.
—¡Corten! —escuché una voz metálica—. Tenemos un intruso en el set.
Giré sobre mis talones. Un hombre con un traje plateado y ojos sin pupilas me apuntaba con una especie de pistola láser. Detrás de él, el estudio se extendía infinito, lleno de escenarios superpuestos: un bosque nevado aquí, una ciudad cyberpunk allá, un salón de los años 50 más allá. Carteles colgaban del techo: "Bienvenido a Cineversum, donde cada vida es una trama en espera".
—No perteneces a este guion —dijo el hombre, ajustando su arma—. Error de casting.
Corrí. Mis pies encontraron un pasillo que cambiaba de textura bajo mis zapatillas: de alfombra roja a asfalto mojado, luego a arena movediza. Las voces me perseguían, mezclándose con risas enlatadas y explosiones de efectos especiales. Entré en un decorado que reconocí al instante: el barco de Titanic, pero las sillas de cubierta estaban vacías. Hasta que la vi.
—¡Rose! —grité, sin pensar. La mujer de pelo rojo se volvió. No era Kate Winslet, sino una extraña con un vestido digital que parpadea como un GIF defectuoso.
—Tu personaje no tiene diálogos aquí —dijo ella, fría—. Debes seguir el libreto o serás eliminado.
El suelo tembló. Una grieta se abrió bajo mis pies, revelando un abismo de rollos de película derretida. Salté hacia otro escenario: un western. Caballos de cartón galopaban en círculos, cowboys con rostros borrosos disparaban balas de fogueo. Un letrero en el cielo decía: "Capítulo 12: El clímax. Sobrevive a la hora de la verdad".
—¿Quién eres? —preguntó una voz a mi lado. Un niño de unos diez años, con una camiseta de Star Wars y ojos demasiado viejos para su cuerpo.
—No lo sé —jadeé—. Creo que estoy atrapado.
—Todos lo estamos —susurró él, señalando a los cowboys—. Ellos ni siquiera lo saben. Repiten sus líneas, una y otra vez. Pero a veces... alguien despierta. Como tú.
El zumbido regresó, más fuerte. El hombre del traje plateado emergió de un plano secuencia, su arma recargada.
—¡Corre hacia la salida de emergencia! —gritó el niño, empujándome hacia una puerta marcada con un letrero verde que decía "Final Alternativo".
La atravesé. Un vórtice de colores me envolvió, y de pronto estaba en una sala de cine vacía. La pantalla mostraba mi cara, ampliada, sudorosa. Un título parpadea lo al pie: "¿Volverás a intentarlo?".
Al salir a la calle, todo parecía normal. Hasta que noté los extras caminando en loop, los pájaros volando en patrones cuadriculados, y el sol, un foco gigante tras un cielo de tela pintada.
Segunda parte... si decido volver a entrar, a este fotograma, como una vida paralela, dónde no todo parece lo que es .




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