El Nombre

Reseñas generales


Era un día nublado en la pequeña ciudad donde Lucas había crecido. A sus 20 años, su vida giraba en torno a la biblioteca local, un refugio de tranquilidad y conocimiento que le había brindado un espacio seguro en su naturaleza introvertida. Las estanterías, repletas de libros, eran su hogar, y cada rincón de aquel lugar le hablaba de aventuras, paisajes lejanos y personajes inolvidables.  
Entre los visitantes habituales, había una chica que siempre capturaba su atención. Con su cabello negro algo corto al ras de sus hombros y una sonrisa que iluminaba incluso los días más oscuros, ella parecía estar en su propio mundo. Lucas la veía sumergirse en los libros, con notas esparcidas a su alrededor y un café humeante al alcance de su mano. Era estudiante de la universidad cercana, y aunque él había tenido la oportunidad de hablar con ella en varias ocasiones, cada vez que se acercaba, una ola de nervios le paralizaba la lengua. ¿Cómo preguntarle su nombre? Esa simple pregunta, a veces tan trivial, parecía tener un peso imposible de soportar.  
Cada vez que la chica se sentaba en su mesa favorita, Lucas se encontraba organizando libros o limpiando mesas, robándole miradas furtivas. Los días pasaban, y aunque sus interacciones eran breves –un "buenos días" o un intercambio de sonrisas–, siempre quedaba con la sensación de que había algo más que podía nacer de esos encuentros. Sin embargo, su mente se llenaba de dudas; pensaba que conocer el nombre de alguien era el inicio de una nueva historia, pero su mala memoria lo atormentaba. Recordar nombres no era su fuerte.
Una tarde, después de su jornada en la biblioteca, Lucas decidió caminar por el parque cercano. El aire fresco y el aroma a tierra húmeda lo envolvieron. Sin embargo, su mente seguía atrapada en la misma pregunta: ¿cuál era su nombre? Mientras paseaba entre los árboles, se dio cuenta de que lo que realmente le inquietaba era la posibilidad de no volver a verla. La idea de que, si no se atrevía a dar ese pequeño paso, su conexión permanecería en un limbo eterno.  
De repente, en un rincón del parque, la vio. Ella estaba sentada en un banco, con un libro en las manos, sonriendo al leer algo que la había divertido. Lucas sintió que su corazón latía con fuerza. Este era el momento que había estado esperando. Se acercó lentamente, tratando de calmar la tormenta de nervios que se desataba en su pecho.  
“Hola”, dijo, su voz temblando un poco. Ella levantó la vista, sorprendida, pero su sonrisa se amplió al reconocerlo. “¡Hola!”, respondió. “Eres el chico de la biblioteca, ¿verdad?”  
Lucas asintió, sintiendo que el tiempo se había detenido nuevamente. “Sí… me encanta ver lo que eliges leer. Tienes un buen gusto.” Las palabras fluyeron con más facilidad de lo que había anticipado. Pero cuando llegó el momento crucial, cuando su mente le gritó que preguntara su nombre, se quedó en silencio. La pregunta que había ensayado tantas veces simplemente se desvaneció.  
Ella siguió sonriendo, pero Lucas pudo ver un destello de curiosidad en sus ojos. “¿Cómo te llamas?” preguntó ella, como si leyera sus pensamientos. Lucas se sintió abrumado por la oportunidad, pero la timidez lo dominaba. “Soy… soy Lucas”, respondió, sintiendo que había perdido una oportunidad dorada.  
La conversación continuó, y Lucas empezó a relajarse.

Comentarios 1

E
Escritor Ocult@11 de abril de 2025
Muy bueno Yordi!

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