Sin miedo
Reseñas generales
Llegué sin nada. Solo una mochila, unos zapatos gastados, y un corazón cargado de esperanza. No sabía qué me esperaba, solo sabía que no podía quedarme donde estaba. Allá atrás dejé familia, tierra, raíces… y una vida que ya no me daba vida. Crucé fronteras con miedo, pero también con una fuerza que ni yo sabía que tenía.
Este país no me esperaba. No tenía documentos, ni permiso, ni nadie que me abriera una puerta. Me convertí en un número más, en una sombra entre multitudes, en uno de esos que trabajan cuando todos duermen y duermen cuando todos trabajan. Pero aunque nadie me conocía, yo sí sabía quién era.
Los días empezaron largos y duros. Despertar a las cinco, caminar sin rumbo fijo buscando cualquier trabajo. Construcción, limpieza, lo que fuera. A veces comía, a veces no. A veces tenía dónde dormir, otras veces, el suelo era mi única cama y el cielo mi techo. Pero nunca me rendí. Porque yo no vine a fracasar.
Aquí te llaman ilegal. Como si uno fuera un delito. Como si buscar una vida digna fuera un crimen. Me miran como si estorbara, como si no mereciera estar aquí. Pero yo sé lo que valgo. Y eso no me lo quita ni una frontera, ni un papel.
Trabajo más que muchos, cobro menos que todos. Me explotan, me ignoran, me esconden. Pero yo sigo. Porque tengo sueños. Porque algún día quiero mirar atrás y decir: “valió la pena”.
He aprendido a vivir con miedo: miedo a que me detengan, a que me deporten, a que todo esto desaparezca en un segundo. Pero ese miedo no me frena. Al contrario, me empuja. Me hace más fuerte. Me recuerda que estoy vivo y que tengo algo por lo cual luchar.
No tengo documentos.
Pero tengo historia.
No tengo derechos.
Pero tengo dignidad.
No tengo permiso.
Pero tengo sueños.
Me repito esas frases cada noche. Son mi escudo, mi oración, mi motor.
Y aunque el camino ha sido duro, también he encontrado pequeñas luces: una sonrisa amiga, una comida compartida, un día sin dolor. Esos momentos me sostienen, me reconstruyen.
Sé que algún día, este país me va a reconocer. No por un papel, sino por todo lo que he aportado. Porque los que venimos de lejos también construimos, también cuidamos, también soñamos. Somos parte de esto, aunque no quieran aceptarlo.
Hoy sigo luchando. Sigo de pie. Porque aunque no tenga nombre en sus registros, tengo presencia. Estoy aquí. Y no me voy a rendir.
“No tengo documentos. Pero tengo historia. No tengo derechos. Pero tengo dignidad. No tengo permiso. Pero tengo sueños.”
Repito esas frases como escudo cuando me siento solo.
Me las digo cuando el frío entra por las vntana No tengo derechos. Pero tengo dignidad. No tengo permiso. Pero tengo sueños.”
Cada día es una batalla.
Cada día es una pequeña victoria.
Y aunque este país aún no me reconozca…
yo estoy aquí.
Y no me voy a rendir ,mi vida es u



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