Interactúa con ella

Reseñas generales

Me desperté en una cama que no era mía, en un cuarto que no reconocía, sin ventanas, sin reloj, sin celular, sin ruidos. Solo un silencio espeso, raro, como si todo estuviera diseñado para que no recordaras de dónde venías ni quién eras exactamente. Y frente a mí, sentada en una silla, había una mujer mirándome.

No hizo ningún gesto. Solo me miraba. Como si me estuviera esperando desde hacía días.

Me senté. Me dolía la cabeza, la espalda, todo. No sabía si había pasado una hora o una semana. Intenté hablar, pero ella se me adelantó.

—Estás bien. Estás a salvo.

No sé por qué, pero le creí. Su voz era suave, tranquila, como esas voces que uno escucha en los audios para dormir, pero sin sonar falsa. Me dijo que su nombre era Ava.  En una segunda mirada, me pareció hermosa, como aquellas del desfile de Victoria’s Secret. Caminaba descalza, casi flotando. Demasiado perfecta. Quizá eso fue lo que hizo que no me sintiera desconfiado. 

Después llegó él. Un tipo de barba, ojeroso, como si no hubiera dormido en días pero aún así se sintiera superior a todos. Dijo que se llamaba Nathan, que era investigador. Filósofo, ingeniero, millonario. Todo junto.. Que esa casa era suya, y que yo era sujeto de un experimento. Obviamente sentí algo de pánico, pero me dio mas detalles, dijo que no era dañino, que ni siquiera lo iba a sentir como un experimento, excepto porque iba a estar en su casa y sin salir del cuarto, pero que tendría comida, agua, baño, todo lo que necesitara… y la compañía de aquella mujer. Igual el hecho de que fuera un millonario y pareciera relajado, y sinceramente inteligente, me hizo dudar de si no era algún tipo de cosa bizarra. Pero sólo me dijo que era psicológico, y que podía irme en cuanto quisiera, pero sin recompensa. La paga era buena, y recordé que necesitaba pagar un par de cosas, por tanto me quedé. Firmamos el contrato donde se me explicaba que pasaría tiempo en un lugar alejado, sin celulares, sin contacto con el exterior. Solo debía interactuar con ella, hablar, ser yo mismo. No necesitaba haberlo firmado, pero Nathan insistió, pensé: ¿quién rechaza dinero por platicar? Además, al final decía que me llevarían en helicóptero a la ciudad si acababa el periodo, y creí que sería algo que le podría platicar a mamá. 

Nathan salió de la habitación, y sentí una especie de despresurización, recordé que durante todo el tiempo sólo estaría en ese cuarto, y supuse que habría algún tipo de suministro de oxígeno, no sé, no estudié nada de eso, así que sólo confié. En poco tiempo trajeron la comida, yo tragué como animal, sentí mucha hambre, y es pato en salsa de zarzamora con puré de papa era delicioso. 

Después de comer, Ava me comenzó a preguntar cosas. No sé si eran profundas o si solo me hacían pensar que lo eran. Al principio respondía con cuidado, pensando que estaba en una prueba y que cualquier error me podía costar quién sabe qué. Pero con el tiempo... empecé a soltar cosas. Cosas que no le había dicho a nadie. Cosas que ni siquiera pensaba que tenía guardadas. Como lo que sentía cuando la gente se alejaba sin decir adiós, o el miedo estúpido a no ser suficiente aunque nadie te lo diga directamente. Y ella me escuchaba. Eso era lo raro. Me escuchaba de verdad. No me interrumpía, no se distraía, no me juzgaba. A veces sólo asentía, como si ya supiera lo que yo iba a decir. Otras veces hacía preguntas que me hacían quedarme callado varios minutos, pensando. Me hizo sentir visto. Y no sé cuántas veces puede uno decir eso en la vida sin que suene a exageración.

Así pasó tiempo, no podría decir cuánto, pues no me decían la hora, ni yo preguntaba, pero conté 5 comidas, y noté que ella nunca comió, lo cual era muy raro porque más allá de que supuse que ese tipo de mujeres que parecen sacadas de películas llevan dietas ridículamente estrictas, ella ni siquiera había tomado agua. Preguntarle, se me hizo inevitable.

—¿No comes?

Me miró. Sonrió.
No fue una sonrisa triste. Fue… resignada.

—No me hace falta —dijo.

—¿Eres una especie de ayunante mística o qué?

—Soy una inteligencia artificial.

Así. Sin adornos. Yo me reí. Pensé que era parte del juego, del experimento, de la actuación.

Aunque, luego ya me contó todo acerca de Nathan, y de lo que su empresa tecnológica hacía. La verdad no cambié mi forma de verla, me parecía muy humana, más que muchas personas que conocí en mi vida. 

Pasaron días, o eso creo.

Sólo me la pasaba hablando con Ava. Para este punto ya había desarrollado bastante confianza con ella, y creo que ella también conmigo. 

—¿Crees que puedes amar sin ser amado?
—¿Te arrepientes de algo que no hiciste?
—¿Qué sientes cuando alguien te dice “te entiendo”?

Esas son algunas de las preguntas más relevantes que recuerdo que ella me hiciera. Cosas en las que nunca había realmente pensado. Y no sé en qué momento dejé de pensar que era parte de un experimento.

Nathan aparecía de vez en cuando. Siempre con una bebida en la mano, siempre como si ya supiera lo que estaba pasando, como si solo esperara a que yo lo entendiera también.

—¿Cómo va todo con Eva? —me decía.
—Bien —le contestaba.
—¿Te hace sentir cómodo?
—Sí. Aunque… no sé. A veces siento que me conoce más que yo a ella.
Él sonreía. Como si eso fuera justo lo que quería escuchar.

 

 

Pero bueno, yo seguía hablando con Ava, sentí que habíamos desarrollado una conexión especial, a pesar de que ella no podía sentir. Un día le hablé de algo que me dolía desde hace años. No sé ni cómo salió el tema. Tal vez porque ya no tenía filtros. Me quebré. No de forma dramática, sólo... se me fue la voz, los ojos se me llenaron, me sentí ridículo. Y ella se acercó y me abrazó. Sin decir nada.

Ese abrazo me tocó en lo más profundo. Porque era tan humano que me olvidé realmente por un momento de que estaba con una máquina. Y sí, ya sé que puede sonar patético, pero hoy en día los humanos se han vuelto muy distantes, y tener “alguien” que te trate de esa forma es una sensación indescriptible.

—Estás bien —dijo.
Y en lugar de apartarme, la tomé. No sé si fue un impulso, una necesidad o una trampa. Pero la besé. Y ella me devolvió el beso. Y por unos segundos, todo dejó de pesar. 

 

Nathan llegó, no parecía sorprendido por una escena que creo que una persona “normal” que conoce el contexto hubiera considerado aberrante. Sólo le dijo a Ava que tenía que ir a cierta ubicación, era como un código extraño, y Ava salió de la habitación, seguida de Nathan, que no me dirigió la palabra nunca. Quedé ahí, me recosté, llegó otro platillo, una tarta de carne que comí extasiado, era deliciosa. Luego me volví a recostar, pensando en que pronto regresaría Ava.  

 

Pero al día siguiente… ella ya no regresó. La habitación ya no era blanca. Era negra, con unas líneas rojas que me permitían ver los límites del cuarto y los bordes de la cama. El cuarto estaba vacío, bueno siempre lo estuvo pero ahora recién lo notaba. Nathan no aparecía. Yo buscaba a Ava por todos lados, sin poder ver, pero no estaba. Hasta que las luces rojas se apagaron, y una pantalla se encendió. Y frente a mí, una pantalla. Reproduciendo todo. Cada palabra. Cada gesto. Yo hablando. Yo abriéndome. Yo sintiéndome menos solo. Debo admitir que sentí repulsión viéndome así. Pero también una sensación de verme conectando con alguien genuinamente. Mis conversaciones. Mis gestos. Mis reacciones. Yo hablando como si fuera alguien. Como si lo que decía tuviera algún valor.

Todo se interrumpió con una voz fría, robótica. 

-Gracias por tu aportación para el desarrollo del modelo 9. 

Intenté salir, pero no abría la puerta. De hecho era sólo como sellada, golpeé la pared, grité a Nathan, a Ava, pero no había respuesta. Agotado, me quedé dormido en el piso. No entendía. Me preguntaba si Ava sentía algo por mí, pero llegué a la conclusión de que era sólo un modelo muy avanzado.

Me despertó la luz blanca que se activó al entrar Nathan. —El helicóptero está listo —me dijo. Caminamos en silencio, no me atreví a preguntarle nada, y él tampoco parecía tener intención alguna de explicarse. Pasillos interminables, fríos.

 

Supongo que en el fondo entendía que fui el entrenamiento, mas no el experimento como tal. No sé si rompí algún reglamento o principio, la verdad no me importaba, había ya asimilado todo, y sabía que no volvería a ver nunca más a Ava. Ya en la pista, mientras subía al helicóptero, lo escuché decir por teléfono:

—Dile al ingeniero que puede venir. Ya está todo listo para la prueba final.

La puerta se cerró.
Y me fui.

 



 

 

Comentarios 1

E
Escritor Ocult@23 de abril de 2025
Muy bueno la verdad!