CLÁSICOS QUE SÍ
Reseñas generalesDA PARA VERLA Vol. I
Algún día escribiremos sobre las películas que todos vimos y nadie vio. En el podio están Star Wars, Alien y en algún momento estuvo Apocalypsis Now, peleando con La Naranja Mecánica. Todos decimos “yo soy tu padre” cuando vemos el casco negro y la capa y el sable láser. Otros más silban This is the end de los Doors cuando un ventilador baja su marcha. ¿Podrían comentar el argumento simplificado de la República, los Separatistas, el Imperio? ¿Recuerdan cuál era el conflicto central de “los droogos” de blanco que bebían “moloko” en aquel presente distópico?
El Octavo Pasajero y Sigourny Weaver (rapada, aunque recién en la segunda secuela) fueron durante muchos años un ícono de las referencias al espacio, a la soledad, al terror, a la ciencia ficción.
Renació, sobrevivió (casi respetando los regresos del alien propiamente dicho) hace unos años a través de la exitosa sociedad con Depredador. Por parte de Alien, algunas entregas muy buenas. No así del otro lado.
Es una película para ver Alien El Octavo Pasajero. Quizás moleste un poco esa especie de internet antes de la internet y los monitores de otra era aunque queda la sensación de que estuvo cuidadosamente pensada para evitar el camino de lo bizarro. Sin ser snob ni cometer absurdas excentricidades, la iluminación, lo que se oculta, el androide, el alien, son más que dignos.
Aún hoy son dignos.
SI NO HAY AMOR QUE NO HAYA NADA ENTONCES
La majestuosidad de la amenaza. Y Sigourney apareciendo en la pantalla grande, despojada de todo prejuicio, haciendo creíble un sistema y una cultura diferentes.
Decenas de años antes de que muchas franquicias intenten forzar una suerte de inclusión o revisión de los roles, Ripley (el personaje de Sigourney) pone de manifiesto rangos, protocolos y destrezas. Hay una realidad ahí, latente, ficticia, que elude nuestros estereotipos.
Hay detrás una corporación y una trama secreta que despiertan una extraña empatía.
La geometría del extraterrestre abruma. Es desconocida. Es atroz.
El espacio y la belleza simple de Ripley se confunden con su liderazgo y sí, revolucionó el cine y algo más.
Todavía se discuten algunas escenas que la mantienen en el centro de ciertas discusiones. Quedarnos con eso sería postergar todo lo demás que ofrece la cinta. Si no la vieron, lamentablemente es un punto logrado: nos quedamos mirando sin mayor atención, un gesto obvio después de lo ocurrido y en una especie de “meseta” entre tanta adrenalina.
Está ahí y no lo vemos. Se mueve y celebramos sentirnos así, en los tiempos que corren, con una película de hace cincuenta años.
En este mundo en el que de descender una nave con xenomorfos no haríamos otra cosa que intentar filmarlos, el reconocimiento de nuestra capacidad de asombro justifica algunas licencias que otros llamarán estéticas.
En palabras de Ripley: “La gente suele preguntarme que cómo pude degradarme aceptando esa especie de striptease, pero yo siempre les respondo que si están de broma. Después de sobrevivir durante cinco días y estando aún aterrada, llena de sangre, sudor y orina, ¿hay alguien que crea que Ripley no hubiera hecho exactamente eso, quitarse la ropa?”.
Una pequeñez.
La verdad es que nos gustan ella y sus peligros. Su coraje. Su tiempo.
Si eso no es amor, que me arrojen al espacio.

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