EN RETIRADA
Reseñas generalesEl cine argentino de la pos-dictadura fue un punto de inflexión respecto del pasado, que permitió que se ventilen todas las miserias del Proceso de Reorganización Nacional, así como también de la podredumbre de la sociedad, dividida en dos extremos ideológicos condenables (la extrema izquierda y la extrema derecha, con el peronismo jugando a dos puntas), dentro de una grieta social que siempre mantuvo odios mutuos, en un país aún incapaz de desarrollarse y zanjar daños.
En retirada es un thriller neo-noir: debido a que el punto de vista no está en el policía, sino en el criminal (esta es la ley del género narrativo, tanto en cine como en literatura), se trata de un cine negro modernizado, con una música de jazz y blues absolutamente empática con la trama, además de poseer una calidad sublime, a cargo del compositor Baby Lòpez Furst.
Seguimos constantemente al Oso Ricardo, encarnado por un magistral Rodolfo Ranni. En poco tiempo sabemos que no es un individuo común y corriente, que está metido en cosas en las que no cualquiera estaría y que responde a órdenes de Arturo, personaje de Gerardo Sofovich (el maestro de las comedias, que en esta oportunidad se entregó al drama, no para dirigir como de costumbre, sino para actuar). El elenco es ampliamente prodigioso: Julio de Grazia, impotente, rabioso, vengativo, susceptible pero fuerte, Marìa Vaner, esposa de Julio, madre dolorida como su esposo, aunque discreta. Lydia Lamaison, madre de Ricardo, sobresaliente como siempre, Edda Bustamante, antigua novia de Ricardo, con la sensualidad justa (aunque sin sobresalir), en menor dimensión participan: Villanueva Cosse, Osvaldo Terranova, Osvaldo Tesser, Max Berliner, Pablo Brichta y Jorge Sassi.
La fotografìa es exquisita, a cargo de Juan Carlos Lenardi, (la copia en HD de Youtube, con buen sonido de Carlos Abbate, aunque con alguna deficiencia de volumen), el montaje responde a la estructura de la transparencia clásica de la que hablaba Andrè Bazin (a cargo de Sergio Zòttola), sin embargo, el estilo de dirección de Juan Carlos Desanzo (autor de El desquite, La búsqueda, Al filo de la ley, El amor y el espanto, etc) responde al cine moderno de genios como Jean Pierre Melville, de hecho, En retirada recuerda mucho al thriller negro El Samurai, protagonizado por Alain Delon. Por qué? abundancia de planos detalles con raccord, planos picados y medios con una precisión detallista, una obsesión por exhibir los alrededores citadinos de Buenos Aires (igual al caso de Melville con su Francia), un expresionismo visual, por el contraste de luces y sombras, aunque a diferencia del alemán, se trata de un expresionismo coloreado.
Indudablemente, En retirada es peculiar porque es una de las pocas, sino la única que retrata los años más oscuros de la Argentina desde la óptica del criminal, un atrevimiento que pareció pasar desapercibido críticamente o a nivel fama, pero es una pieza magistral cine argentino, donde la profundización de la psicología del protagonista-antagonista es lo más relevante. Lo curioso es que la mentalidad de Ricardo resulta contradictoria, dirán que todos tenemos contradicciones involuntarias y es cierto, el personaje está convencido de que su accionar se justificó por el bien de la patria, como muchos psicópatas que jamás van a admitir culpa o vergüenza por haber dañado vidas humanas (dictadores o corruptos), pero en paralelo a esa convicción emergen flashbacks en su cabeza que dan cuenta de un trauma: la escena de sexo de él con su ex novia, a quien reencontró, filmada impecablemente con planos más que detalle, casi microscópicos de la boca de Bustamante y la panza de Ranni. Quizás lo más llamativo sea precisamente esa dualidad, no una contradicción sino un sentimiento involuntario que invade al ser junto a las imágenes mentales traumáticas, no porque el fin de sus actos le haya parecido malo, sino no estaría convencido de que hizo un bien, sino porque su conciencia nos hace ver a nosotros que hubiese preferido no hacer lo que hizo, en una especie de humanización interesante del delincuente, no para que sintamos compasión por él o para que comprendamos su pasado como disculpable o justificable, pero sí para que sepamos que incluso un criminal puede padecer, como consecuencia de su pasado, aunque no diga nunca que se arrepentirá de los hechos.




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