La serenidad

Reseñas generales

Comenzaba el año 1995 en Buenos Aires, recuerdo bien la fecha, 5 de enero, pleno verano, en ese entonces tenia yo quince años, trabajaba ayudando a mi padre en una verduleria ubicada en el barrio de Floresta, cada peso que ganaba lo guardaba para pasar el sábado en una famosa pileta de San Justo, allí íbamos junto con Pini, mi mejor amigo, conocimos el alcohol de muy pibes, en el cumpleaños 70 de mi abuelo Claudio, desde entonces, todos los sábados llevábamos una heladera portátil repleta de Pronto Sheik, nos tomábamos el colectivo 4 hasta Emilio Castro y después otro más que no recuerdo, hasta llegar al Open (así se llamaba el complejo). Las piletas tenian toboganes gigantes, lo suficiente como para entrar de un golpe al agua y aplacar la ebriedad. Pero aquel 5 de enero fue sumamente especial para mi, ese día conocí a María, quinceañera, rockera, de unos ojos celestes como dos cielos y cien mañanas. En aquel entonces no existían los teléfonos celulares, quizás si habia Internet, pero sólo los nerds conocían o sospechaban sobre este futuro, nosotros éramos músicos, tocábamos punk rock, y eso a María le fascinaba. Creo recordar que, después de haber pasado una tarde de risas y bebidas, ella me escribió su número telefónico (fue eso o lo robé de alguna agenda en la casa de Pini, su madre trabajaba como empleada de limpieza para la familia Lanabar, ese era el apellido de María). Recuerdo haber tenido charlas telefónicas eternas, me leía cuentos que ella misma escribía, sobre amores no correspondidos, como si fuera un Udrí de Arabia, siempre desventurados. Por razones que desconozco dejamos de hablarnos, recién en el año 99 tuvimos una nueva charla, le conté que Pini y yo habíamos chocado, que tuvimos un accidente automovilístico, ella se rió muchísimo, me dijo que lo habia leído en el diario, y pensó que Pini era un tarado, la puse al tanto de todo, que estuve hospitalizado tres semanas, que estaba vivo de milagro, entonces se disculpó y dejó de reír. Volvimos a hablarnos en el año 2005, fue una bella conversación sobre el episodio 3 de Star Wars, me dijo que no podía morir sin verla, y eso hice, la vi con un compañero (le decían El Paragua) de la escuela para adultos a la que asistía, El Paragua fue al baño 3 o 4 veces, siempre que volvía me preguntaba qué había pasado, ya en el último regreso me preguntó qué había dicho Darth Vader, - Que sos un pelotudo - respondí, todo el cine se rió, hasta el Paragua. En otra de mis llamadas le pregunté en dónde trabajaba, me dijo que en la Asociación de jóvenes Cristianos, en el microcentro. Una tarde pasé por alli, Ayacucho y Corrientes, sobre Ayacucho, la vi sentada en un mostrador, en la recepción, junté coraje y entré -Buenas tardes, ¿aquí me puedo afiliar al partido Cristiano, o esto es una especie de gimnasio?- Ella sonrió feliz, fingió darme una cálida charla, y luego me fui. Regresé otra tarde, ya existían los teléfonos celulares, la vi a través de la ventana, pero ella no atendió, si lo hizo una compañera suya, le pregunté por María, me dijo que María no estaba - ¿cómo es posible que no esté, si la estoy viendo desde aquí afuera? - Las dos miraron hacia la calle y, allí estaba yo, como un Goliadkine Dostoievskiano, saludando, arruinando todo. María saltó de su silla, su compañera, aún en el teléfono, me pidió que la esperara enfrente, recuerdo que llovía, corté la llamada y la esperé, había llevado un porro, había comprado el CD Reality de David Bowie, y un Whisky JB para regalarle a Javier Malosetti dentro de unos días, pero todo esto ella no lo sabía, sabía que yo, un idiota del pasado, ahora todo mojado y con una bolsa con vaya uno a saber qué cosas dentro de ella, llegó para irrumpir su intimidad laboral mediante una llamada por teléfono celular. Salió a la puerta, se mojó bastante, me miraba con odio, cuando las gotas de lluvia tocaban su pelo a través la luz se divizaba un humo, luego se decidió a cruzar, me dijo en claro español - ¿Pero qué carajo te pasa, venís a mi trabajo, me espías como si fueras el fantasma de la Ópera, te dicen que no puedo atenderte pero insistís, qué es lo que querés? - La vi muy enojada, tengo un problema, cuando veo a alguien enojado me pongo nervioso, no sé qué decir y me río. Le pedí disculpas - Sólo quería saludarte - besé su mejilla mojada y me fui, me fui puteándome a mi mismo, por no haberla invitado a fumar, por no haberle dicho que estaba y estaria ahi para siempre, porque la amaba. Ahora me conocen, todo lo callo. Unos dias después le escribí miles de mails, en todos ellos explicaba las razones de mi amor. Unos dias despues respondió - No puede ser que sea la única mujer en el mundo, los ideales matan los deseos, agradezco tu amor hacia mi, pero no estoy para monomanías, además, estoy en pareja, espero que se abra el cielo para vos tambien-. En el verano de 2007 fui a trabajar a Villa Gesell, sabía que María veraneaba allí, fue un hermoso verano, pero siquiera nos cruzamos, lo más cerca que estuve de ella fue ver su apellido en un libro, Rodolfo Lanabar. En 2010 conocí a Jimena, ella me amaba tal y como yo la amaba a Maria, entonces le creí y al mes estábamos viviendo juntos en Saavedra. En 2011 fuimos juntos a un concierto de Franco Salvador, a qué no saben a quién vi en la barra, exacto, me vio junto a Jimena, nunca corrió la mirada, Jimena se sentó en una mesa cerca de una pared -Hacé sociales con tus amigos un poco, no hace falta que estemos pegados- me dijo Jime, caminé unos metros, encontré a Maria, la saludé pero fingió no escucharme, hablaba con una amiga suya, hablaban en inglés, se escabulleron y entraron en una habitacion que era el bar. Después del concierto, Jimena, mis dos primos y yo caminamos hacia la parada del colectivo, Jimena estaba muy ebria, yo no tanto, a lo lejos, vemos que se acerca una pareja, la chica venia muy bamboleante, era María,  María y su novio, mi primo lo conocía, al cruzarnos se saludaron, Maria (ebria como Bukowsky) me dijo - shhhht … yo a vos te conozco de algún lado - yo bromeé - Debe ser de la televisión, de alguna publicidad- pero María continuó con el espectáculo - Mmmmm …. Shi shi, si, pero… A vos te conozco de algún lado! - Sinceramente, hice lo que cualquier cristiano haria por respeto, no hablé más. María intentó decir algo más, pero Jimena la amenazó -  SSi si, ya sabemos, lo conoces de algún lado, pero mejor andá olvidándote, pelotuda!- 

Una vez más, María, esta vez (poniendo una expresión en su cara borracha) sorprendida - Está bien (levantando sus manos en señal de no querer pelear), pero yo a vos te conozco de algún lado -

Nos despedimos de la amigable pareja, las dos mujeres insultándose entre si.

Pude verla una vez más, a la salida de un recital de Pez. Yo estaba riendo con el tecladista, Pepo, el le estaba dando clases a mi guitarrista, entonces, durante nuestra charla, Maria se acercó con su novio, ya no estaba ebria, parecía una diosa griega, rió junto a nosotros sin siquiera saber de qué hablábamos.  JImena me esperaba unos metros mas adelante, y nunca supo sobre este encuentro. El novio de Maria recordó mi cara de aquella noche, seguramente María le habría contado sobre mi. Y eso fue todo, con Jimena vivimos un romance que duró 6 años, Maria tuvo dos hijos con este señor, y yo estoy bien, gracias al amor de N.A, de mi familia, de mi padrino y comparto con ustedes un día más limpio.

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