Wilson

Reseñas generales

Wilson cobra vida en la isla de Cast Away, luego de que la marea lo acercara a la costa todavía en su empaque original.

Pudo haber sido el claro ejemplo de cómo una empresa como FedEx fideliza a sus clientes y los convierte en grandes promotores de su servicio. Pero no; su destino lo convirtió en nuestro anti-pinocho, y lo obligo a ser un amigo fiel, confidente y siempre atento.

Cuando esta pelota sufre la metamorfosis, nos dio la oportunidad de que lo imaginemos según la percepción y realidad individual de cada uno. Seguro la mayor coincidencia fue que era de sexo masculino, pelo largo, trabajador y familiero; hubiera sido un empleado de tiempo completo, y hubiera hecho una carrera exitosa en una empresa corporativa del microcentro local.

Wilson fue un gran perdedor, de hecho, perdió desde el principio, fue un regalo de navidad de un abuelo a su nieto que no llego a destino por un accidente aéreo, naufrago sin rumbo por el mar hasta que la marea lo acerco a la isla donde había llegado el único sobreviviente de la tragedia.

Fue Chuck Noland el que en su delirio le dio vida, le puso un nombre y lo invito a que se conocieran, a que charlaran, a pelearse y reconciliarse una y otra vez, forjando una muy cercana relación.

Fue un sostén en la soledad y la locura.

Desde que se convirtió en persona participo activamente del relato como coprotagonista; y es en este punto y con esta condición es que nos vamos a mover en el tiempo, llevándolo al comienzo de la película, para juzgarlo y declararlo como el gran perdedor.

Quizás le hubiera gustado conocer la ciudad, ir a las plazas o participar en encuentros deportivos profesionales, aunque en esa realidad no hubiera sido el Wilson que conocemos, si no una simple pelota de voleibol; pero su destino estaba escrito.

Conoció toda la isla a lo largo y ancho, aprendió a prender fuego, la técnica de pesca y hasta pudo presenciar un suicidio real, conocía con exactitud el clima, las estaciones del año y el ir y venir de la marea; la llegada de las tormentas y aprendio a distinguir constelaciones y estrellas.

Fue quien susurro mil veces la posibilidad de aventurarse más allá de las primeras olas rumbo a lo desconocido.

Con ojos saltones y siempre una sonrisa la cual no delataba la frustración del fracaso.

Que hubiera dicho si hubiera podido hablar, que hubiera hecho si hubiera podido caminar.

Quizás hubiera sido un ser despreciable, capaz de pronunciar palabras realmente dolorosas, porque a quien le hubiera gustado cobrar vida en ese entorno, y tener que soportar a ese hombre perdido mentalmente con ya 4 años de soledad.

Y después de tanta insistencia y con la aparición de una vela fue que logro convencer a su amigo de construir una balsa y de abandonar esa isla perdida.

Y así fue como se fueron preparando para el viaje.

Y una mañana cuando la marea fue favorable zarparon hacia la nada, dispuestos a morir en el intento.

Fue en mar adentro donde una tormenta los puso a prueba; destruyo la balsa y voló la vela.

Fue después de haber sobrevivido a esa trágica noche que una calma marea empujo a Wilson al agua, obligándolo a flotar sin poder llegar a ser rescatado por su compañero quien con gritos desesperados lo vio alejarse lentamente.

Así fue como se perdió, dejando atrás una aventura marcada por la desesperación, la frustración, el fracaso y la perdida.

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