Do the right thing: ¿El barrio es un mundo o el mundo es un barrio, homie?

Reseñas generales

En la película  Do the right thing, del director Spike Lee, se retrata vívidamente el barrio Bedford-Stuyvesant, el cual incluso logra convertirse en un personaje a través de su atmósfera, construida con colores y sonidos vibrantes ambientada en un caluroso verano en Nueva York.



Bed-Stuy se consolidó como un escenario que encarnó los conflictos raciales, convirtiéndose en un símbolo de las culturas migrantes y la urbanidad neoyorkina. Históricamente, ha sido un barrio con una fuerte presencia afroamericana y latina, que ha enfrentado problemas como la gentrificación, la desigualdad racial y conflictos entre comunidades.

El barrio se destaca con imágenes reales de sus murales, tiendas, esquinas y calles que muestran la vida en el vecindario. Su diversidad se refleja en sus personajes, provenientes de distintas comunidades: desde Mookie, un joven local de Brooklyn, hasta Sal, un pizzero italoamericano que lleva 25 años ocupando una de sus esquinas con su negocio.

 

Cada imagen de la película retrata la realidad sociocultural, describiendo fenómenos como la migración y la segregación de pueblos que han sido marginados, mientras deja ver con claridad cómo se configura parte del panorama social estadounidense. El paisaje urbano de esta película es genuino, pues muestra cómo en estas calles, donde habitan los personajes, existen dinámicas que reflejan el funcionamiento de los barrios. Desde los vecinos que ocupan las aceras para compartir una charla bajo el sol, hasta las ventanas que funcionan como miradores al exterior para personajes como Mother Sister, quien observa la vida en el barrio y aporta con su sabiduría, adquirida con años de ser parte de la comunidad.

Es en este barrio donde encontramos los arquetipos que conforman el imaginario del sueño americano: la tienda de unos coreanos que, a pesar de no saber hablar inglés, han logrado emprender y poner un supermercado en menos de un año; los latinos que llegan en búsqueda de oportunidades laborales; y la población afroamericana, que en ese momento enfrentaba activamente la lucha racial, una problemática que aún persiste en Estados Unidos y ha marcado la historia de este país.

Lo más bello de este retrato es que deja ver cómo lo humano hace simbiosis con su entorno y se adapta para sobrevivir. Así, en medio de la cruda realidad que viven los habitantes de estas casas, la resiliencia les permite sobrellevar problemáticas como las altas tasas de desempleo, la desigualdad y múltiples violencias a las que están expuestos. Su imaginación les permite transformar, en un día caluroso, un hidrante de la calle en una cascada improvisada que, por más que a algunos les incomode, termina refrescando a todos. Gozan del día afuera de sus casas, con unas bebidas y su música favorita, generando esa clásica imagen de un barrio popular en Nueva York: niños jugando en las calles, vecinos sentados en las escaleras de las entradas compartiendo, negocios en las esquinas que movilizan a la gente para comer y, en el caso de Bet-Stuy, la radio como paisaje sonoro urbano que acompaña la vida en el barrio. 

El gran impacto de esta película sobre el barrio es cómo lo resalta y le otorga una identidad cinematográfica, transformándolo en un símbolo cultural. Esto se observa en personajes como Radio Raheem o Buggin Out, quienes se convierten en íconos de la comunidad al aportar detalles esenciales para entender sus personalidades, sus estilos y sus pensamientos. 


 

El boicot en la pizzería, más allá de lo pasajero que puede ser el destruirlo todo, se convierte en la viva imagen de las dinámicas del conflicto racial en Brooklyn y, en general, en Estados Unidos. Asimismo, muestra cómo la acción directa se convierte en un recurso para que las comunidades se movilicen, dado que, sistemáticamente, los organismos de control les han negado otras posibilidades. De este modo, esta escena no solo ilustra la realidad de estos conflictos, sino que también contribuye a la memoria de los muchos casos que han ocurrido y han quedado impunes, sin la posibilidad de ser denunciados.  

 

Es un acierto de la película no intentar embellecer el barrio; por el contrario, lo expone de manera cruda, permitiendo que la belleza emerja de su realidad. Gracias a esto, sus calles dejan de ser un simple escenario y pasan a convertirse en un personaje vivo dentro de la historia, con sus tensiones e identidad cultural. El barrio queda inmortalizado en este filme, dándole una voz en la conversación sobre las problemáticas raciales de las poblaciones en Estados Unidos.

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