El Titanic

Reseñas generales

Una película conmovedora, romántica, y enriquecedora. Nos enseña que el amor lo puede todo, y que la mayor riqueza que se puede tener en la vida es la humildad, la nobleza, la sencillez; y no el dinero, ni nada material, como socialmente se nos ha enseñado. El Titanic nos muestra la vida avariciosa de un hombre rico, que cree que con dinero, puede controlarlo todo; así como a un hombre humilde, de pocos recursos, pero que lo da todo de sí, por una mujer. Más que una película, es un mensaje hacía una sociedad materialista, que se ha regido por normas sociales, desde años. Dolor, muerte, soledad, desamor, romance, alegría, tristeza, duelo. Son solo algunas de las palabras que podría atribuir a esta joya. Nuestra vida cotidiana es como aquel barco que choco contra el iceberg, pues vivimos una inmensidad de emociones a diario, persiguiendo nuestra “felicidad”, a través del dinero, la fama, el poder; y nos olvidamos de algo muy importante: La familia, y de nosotros mismos. El Titanic es un fenómeno que ha perdurado por años en nuestros corazones, pues nos invita a reflexionar sobre nuestra propia existencia, en todos los ámbitos de nuestra vida. Nos enseña que somos un instante, y que la vida se nos puede ir en un segundo, así como a valorar lo que tenemos, y no en un sentido material, sino humano. Cuando llegamos a este mundo, nos vendieron la idea de que todo sería bonito como en las películas de Disney, pero la realidad no es así. Hay momentos dulces, y otros muy agrios, pero al final de todo, toda experiencia que vivamos nos deja una enseñanza. No se puede tener el control de todo, y la vida jamás será perfecta, si lo vemos por el lado de que todos los seres humanos cometemos errores, y tenemos defectos. Pero precisamente eso es lo que nos hace auténticos. Que aburrido sería pensar todos igual, y tener los mismos gustos, los mismos proyectos, sueños. La vida del ser humano es una montaña rusa, en las que algunas veces se esta arriba, pero otras abajo. Sin embargo, las adversidades nos fortalecen, y nos ponen a prueba, aunque no entendamos del todo porque nos pasan ciertas cosas. 

 

Y es que la vida a veces pareciera ser injusta. Quizás lo es; pero así es esto. Al igual que en el Titanic. Nadie de los pasajeros que estaban a bordo, merecían morir, y menos de una manera tan cruel: congelados, en el mar, a la deriva. Pero así como hubo muertes, también hubo unión, y eso es algo que como sociedad necesitamos. Pasamos la vida la mayor parte del tiempo, en piloto automático, sin tener muchas veces, un trayecto, una meta, una ilusión. El dinero y cualquier riqueza material, nos ha manipulado de tal manera, que sin ello no somos capaces de sonreír, de sentirnos plenos, y realizados. Desgraciadamente cuando se es avaricioso, en busca del dinero, olvidándonos del afecto, la comprensión, el apoyo, hay un vació que no se llena con nada. Así que nuestra vida es como el Titanic, en el cual nuestro corazón se congela, se parte en 2, y nos hundimos en la depresión, la tristeza, la soledad.  

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