Mi nueva vida

Reseñas generales

Adolfo era un hombre muy simpático y adinerado con buen físico y un actor de televisión que saltó a la fama durante los 80, pero ese talento y ese físico lo llevaron a olvidarse de los valores que su madre le había enseñado y su vida empezó a ser fiestas, drogas y sexo con muchas mujeres. Había una muchacha que lo admiraba mucho y para esa época donde no existían los celulares ni el WhatsApp le enviaba cartas escritas por correo y el aunque las recibía y las leía porque conservaba algo de su lado intelectual y filosófico se entretenía leyéndolas en sus ratos libres y de lucidez. Siempre buscaba en el buzón y encontraba poemas e historias hermosas y guardaba las cartas. Así pasó el tiempo y Adolfo siguió con su libertina vida hasta que un día empezó a sentirse mal y enfermó de un tumor cerebral, estando solo sin aquellos amigos que eran infalibles en las fiestas y en aquellos vicios ahora se olvidaron de el y nunca más lo visitaron. Solo contaba con su familia y aquellas cartas que le brindaban consuelo. Pasó así el tiempo y agravó su enfermedad pero logró ser operado y pudo salvar su vida. Adolfo optó por regenerarse, alejarse de la televisión, de aquel mundo de la farándula y sobre todo de aquellas fiestas vicios y desórdenes de vida que a nada bueno lo llevaron. Entro en razón y decidió ser mejor persona, mejoró su trato hacia los demás porque en el pasado era arrogante y creído. Pasó así el tiempo y se dedicó a escribir artículos anónimos dónde motivaba a los jóvenes a estudiar y los orientaba a mantenerse alejados de las drogas. Valeri era una muchacha que trabajaba de servicio en la casa de Adolfo y su familia quien presenciaba todos los espectáculos que daba Adolfo cuando llegaba todo ebrio y drogado a la casa aunque era una muchacha muy reservada le causaba mucha tristeza y sufría en silencio, desahogando sus penas escribiendo aquellas hermosas cartas que eran su mayor consuelo saber que las recibía y observar de lejos como las leía aveces en el jardín. Ella soñaba con el y se entristecía mucho, sufrió viendolo sumergido en esos vicios y en su enfermedad, aunque después de la misma Adolfo empezó a tener una amistad con ella. Y empezaron a salir,  nació pronto un romance y se casaron en unos meses.  La vida de Adolfo parecía haber tomado el rumbo correcto y se mudó a un modesto apartamento con Valeri, pero los fantasmas del pasado seguían ahí. Un gay lo molestaba y le hacía llamadas telefónicas a su apartamento y lo acosaba, parece que en su vida descarrilada Adolfo sobrepasó los límites. Empezaron los problemas y Adolfo se sentó a conversar con su esposa y le dijo la verdad con respecto a quien realmente lo acosaba, que no era precisamente una mujer si no un gay con el que estuvo en esa vida tan asquerosa como el mismo se la describió a Valeri, pero le dijo que el había cambiado, que el lo acosaba por venganza pero continuaba la guerra y las discusiones con su esposa eran terribles, el sufría mucho y ese hombre gay no lo dejaba en paz, por vergüenza solo se refugiaba en la doméstica, Lili; una señora mayor que contrataron para los quehaceres y le contaba todo y podía llorar en confianza, quien le daba consejos y palabras de ánimo, su matrimonio se estaba derrumbando y su esposa aunque lo quería y estaba consiente de que todo eso formó parte del pasado se sentía muy herida y confundida aunque ella lo seguía amando. Un día su esposa resultó con unos desmayos, fueron al médico y después de muchos exámenes su esposa resultó con un cáncer de estómago terminal, estaba muy enferma y llegó a ponerse muy delgada y demacrada, se tuvo que someter a quimioterapias y radioterapias. El quería la tranquilidad de su esposa y le decía que ese hombre ya lo había dejado en paz. Pero no era cierto aún esa situación continuaba y a el se le escapaba de las manos, ese malvado hombre gay estaba planeando matar a Adolfo porque ya se había dado cuenta de que nunca más volvería hacerle caso. Entonces decidió llevar a cabo un macabro crimen,  planificó perseguirlo en el carro y darle un disparo a distancia. Mientras ya sabía cómo materializar todo en su sed de venganza esa mañana salía Adolfo del hospital donde estaba ingresada su esposa y al subir al vehículo el ya estaba apuntando a distancia sobre su cabeza,  apretó el gatillo y disparó, Adolfo calló y todo el mundo en el lugar se alarmó. El hombre “gay” arrancó en su auto; iba muy feliz por el camino pero no se percató de que se metió por una via equivocada e impactó contra un camión y murió en el aparatoso accidente. Mientras Adolfo se levanta y unas personas le preguntaron si se encontraba bien a lo que el respondió que sí contestando con una pequeña herida del roce de una bala en uno de sus brazos, fue a la enfermería del hospital y allí recibió la atención correspondiente. Así pasó un mes y su esposa fué dada de alta. El le hizo una emotiva reunión de bienvenida y en esos mismos días aún estando débil y en tratamiento ella le pidió que le hiciera el amor, el tenía miedo de hacerle daño porque estaba convaleciente pero ella le dijo que sentía deseos y se mostró exitada, y aunque su esposa estaba en los “huesos” le decía que la besara y gemía como cualquier mujer alentada. El terminó haciendole el amor a su esposa y al mes se dió cuenta de que había quedado embarazada. Adolfo entro en caos porque sabía lo riesgoso que era para su esposa un embarazo en esas condiciones y se tachaba el mismo como un “bruto” los médicos le propusieron a el y a su esposa que abortara el bebé y ella se negó rotundamente por lo que comenzaron los problemas y las discusiones y siempre Adolfo refugiándose en Lili. Valeri nunca cedió y le suspendieron el tratamiento por el bienestar del niño. Llegó a tener 6 meses de embarazo y ya no pudo más porque se le adelantó el parto y apenas con 6 meses nació una niña muy delicada de salud pero que con los días logró salvarse. Valeri murió a los 7 días y Adolfo quedó destrozado pero supo que debía continuar para sacar adelante a su hija porque así se lo prometió a su esposa antes de morir, muy desconsolado le pedía perdón a su esposa y se echaba la culpa pero Valeri tocó su rostro sutilmente y le dijo que no había nada que lamentar porque ella se sentía feliz de que su hija viviera y porque sabía que se iba tranquila porque el no se iba a quedar solo, ella le hizo saber  que igual estaba muy enferma y así no la hubiese tenido se iba a morir porque sabía que no iba a resistir esos tratamientos. Tuvo una hermosa niña de cabello rubio y ojos azules como el reflejo del mar igual a los de él; a quien llamó Valeria. Adolfo continuó solo con su hija y con aquella señora mayor quien se convirtió en la nana de su hija y lo ayudó a criarla. Valeria creció al lado de su padre y de su nana Lili, siendo una niña feliz y también el mayor consuelo de su padre quien en ocasiones cuando se sentía triste la veía sonreír y sabía que ahí estaba presente su amada esposa Valeri. 

Comentarios 0

Todavía no hay comentarios.

De este autor