¿Una tierna compañía?
Reseñas generalesEl prólogo en primera persona nos presenta a una joven, de rasgos armónicos, que mientras pasea con el changuito por la góndola de un supermercado refiere la nulidad de sentido que acompaña a su vida y cómo este se produce a partir de dos momentos clave de su vida: aquel en que conoció a Josh, su amor, y aquel en el cual lo mató.

Que esta primera escena de Compañera perfecta (Companion, 2025), opera prima del también guionista Drew Hancock; tenga lugar en un supermercado, emblema del rol del consumidor en el capitalismo, ya dice algo respecto de cómo se apuntan a gestar los vínculos románticos en nuestro tiempo. Efectivamente, el flechazo romántico perfecto se da allí y bajo la apariencia de un encuentro casual; no sin cierta dosis de torpeza, digna de la comedia romántica, y propia de la vacilación de los semblantes de la parada masculina ante la presencia de una mujer.
Seguidamente la pareja que conforman Iris (Sophie Thatcher) y Josh (Jack Quaid) se dirige a una cabaña de lujo, en el entorno soñado de los bosques aledaños a un lago, totalmente apartada de la civilización, para pasar unos días junto a un grupo de jóvenes amigos de Josh. Aquí el escenario ya es más apropiado a una película de terror. Y efectivamente Compañera perfecta se construye hibridando el thriller y la comedy horror para dar cuenta de una nueva manera en que se constituyen las relaciones románticas.
Hay un auto regulado bajo mando de voz y celulares con los que se pueden manejar objetos de la vida cotidiana, por lo que temporalmente la película se propone ambientada en un presente que bien puede ser posible o bien en un futuro bastante cercano.

Entre el dueño de casa, el misterioso millonario ruso Sergey (Rupert Friend) y Kat (Megan Suri), la amiga de Josh, el vinculo que se arma de él hacia ella es puramente instrumental. Kat está para ser su adorno bonito ante la sociedad y para satisfacerlo en sus apetitos sexuales, sin que se juegue compromiso afectivo alguno. o obstante, entre Josh y Iris, bajo toda la apariencia de un vínculo romántico ideal, lo que pronto descubrimos es la misma estructura. Pues Iris no sino un robot humanoide, el sucedáneo de la muñeca inflable, una acompañante que oficia de soporte afectivo y de objeto de deseo del varón. Aquí ya tenemos claramente el tipo de la mujer muñeca; susceptible de adecuarse a las condiciones deseables de su partenaire en sus rasgos, su voz y su inteligencia mediante el control que ejerce el partenaire macho desde su teléfono celular (la versión fetichista del amor en el hombre) y a la vez, sin capacidad alguna de autonomía porque está programada (podemos decir desde lo social) para entregarse sumisa y dócilmente por entero a la felicidad del otro, sin miramiento por la suya propia; es decir, al amar para hacerse amar, a cualquier precio.
Por otra parte, teniendo en cuenta los avances tecnológicos recientes, la película abre a que nos preguntemos: ¿es posible para un ser humano, amar a un robot tecnológico? ¿Es posible que los afectos sean programados? ¿Podría un robot desarrollar afectos como el amor o el odio por un humano? ¿Podría la tecnología llegar a emanciparse del control humano y auto-programarse? En esta línea, la película dialoga con Lars y la chica real (Craig Gillespie, 2007), con Her (Spike Jonze, 2013) e incluso con Blade Runner (Ridley Scott, 1982).
En lo que sigue, Compañera perfecta, que bien puede tomarse en la línea de una película de "abuso y venganza", cumple a la doble función de resultar satisfactoria como película de entretenimiento y también como película que nos permite reflexionar sobre fenómenos de nuestro tiempo como la soledad generalizada (que fuerza a hacer del partanaire un objeto que se adquiere en el mercado para taponar al falta, la angustia y el vacío); las relaciones fundadas en la angustia respecto de la mujer como otredad (que fuerzan a hacer de ella un objeto de sumisión a los designios de la voluntad del macho para calmar dicha angustia) y el uso de la tecnología con fines pervertidos a su impulso inicial, que es el que puede terminar haciendo de los robots de IA un peligro para la humanidad.

El final; habilita la apariencia de un happy ending pues el villano en cuestión que es Josh (que en realidad es un pobre tipo, el hombre común y decente que no es sino uno más en la masa de los excluidos por el sistema capitalista, que busca su revancha social a través el crimen); es asesinado por su criatura. Pero aquí quedan equiparadas entonces dos posibles lecturas: el empoderamiento femenino respecto del macho manipulador y abusivo, y la liberación de la tecnología del yugo del control por parte del hombre. Y no estamos seguros qué pueda depararnos esta liberación sin ley que la regule. Por lo tanto, se trata de un final que en realidad, no deja sino un cierto tono inquietante y rayano a lo siniestro.




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