Inevitable animal carnívoro

Reseñas generales

 

1. una persona que realiza tareas serviles 

o degradantes para otra.

 

2. Persona que realiza actos deshonestos o viles

 como seguidor o cómplice de otro.

 

3. Persona peligrosa, agresiva.

 

definiciones de: Chacal

 

 

 

 

                                                       En 1963, un asesino a sueldo es contratado por un grupo de terrorista francés para asesinar al entonces presidente de Francia Charles De Gaulle. Este es el argumento de una novela escrita por el británico Frederick Forsyth en 1971, y está basado en hechos reales. En 1962 y 1963, el grupo OAS (Organización del Ejército Secreto) estuvo efectivamente cerca de lograr dos atentados contra el entonces presidente. Forsyth plantea en su ficción, un tercero. Ahora, aunque poco y nada tenga que ver con lo dicho: que maravilla es la incógnita del futuro, ¿verdad? Una acción siempre traerá consecuencias, y esas consecuencias, si uno las observa de cerca y elige detenerse a verlas, pueden formar una larga cadena muy rica en hechos y detalles. Dicen que la realidad supera a la ficción. No sé si es así (ni creo importe), pero es una hipérbole muy bonita. En este caso, la realidad inspiró una novela, y quien la escribió desconocía lo que habría de suceder con ella a lo largo del tiempo. Como Bram Stoker o J.K.Rowling, Forsyth no puede haber imaginado cuando se sentó por primera vez a trazar sobre el papel o imprimir con una tecla la primera letra, que su novela recibiría tanto reconocimiento, recaudaría tantos premios, e inspiraría películas y series. Seguramente hubo otros tantísimos escritores y escritoras interesadas en el mismo universo narrativo, en la temática del espionaje, y seguramente varios de ellos soñaron para su obra una popularidad que nunca llegó. ¿A qué se debe? No lo sé y pensar en eso, como autor, me genera un vacío existencial que más que ensanchar mi pecho me lo hunde y me invita a arrancarme la piel. 

 

                                                       El Chacal, la novela de Forsyth, a los dos años de haberse publicado tuvo su primera adaptación al cine en 1973 por el austro-húngaro Fred Zinnemann llamada The Day of the Jackal. El largometraje recibe nominaciones a los premios BAFTA, Globos de Oro y Oscar. En 1997, los norteamericanos no pueden con su genio conquistador y hacen lo suyo con The Jackal. Adaptaron la novela que sí estaba basada en hechos reales, y la trasladan a Estados Unidos volviéndola una absoluta ficción basando el argumento (obviamente) en una conspiración rusa para matar a una personalidad del momento. La primera, además de las nominaciones, tuvo un enorme reconocimiento por parte del público  y la segunda fue esencialmente defenestrada. 

 

                                                       El 7 de noviembre del año 2024, llega su adaptación británica al formato de serie. Protagonizada por Eddie Redmayne, hoy día en la plataforma Disney+ pero original de Peacock, podrán ver The Day of the Jackal (El Chacal, en España y Latinoamérica).

 

 

 

Adaptar como corresponde

 

                             Manteniendo la esencia y honrándola con planos y secuencias de similares a idénticas, la serie mantiene viva la esencia de su homónima predecesora y de la novela. ¿Acaso eso basta para volverla respetable y buena? No, por supuesto. 

 

                               La secuencia inicial de la serie en la que vemos al Chacal (dueño de tantísimos nombres e identidades) detrás de una máscara para hacerse pasar por otra persona, entrenando su tono de voz en otro idioma, para luego hacer su trabajo y escapar al ritmo de Everything de Radiohead, sellará fielmente gran parte de los aciertos estéticos, rítmicos y narrativos de toda la serie. En el organigrama típico de las series que tienen un showrunner, una suerte de director general, y distintos directores y directoras para cada capítulo, es probable que la línea autoral y artística por momentos flaquee. Tarde o temprano, como en cualquier empresa, la cantidad de individuos responsables por el equilibrio de la estructura puede fácilmente fracturar su identidad. En el arte, en general, dichos “errores” se perciben o se ven. Parece una obviedad, pero por la propia definición de la industria audiovisual, los desaciertos serán visuales o se sentirán en la experiencia y la percepción de la misma. The Day of the Jackal, en el orden de lo realizativo, tiembla a medida que llega a su tercer acto y últimos capítulos de su primer temporada (ya se ha confirmado una segunda). Por una curiosa tendencia que marca a tantos relatos y más aún a las series, los descuidos se dejan ver en una apresurada y redundante musicalización (algo que no sucede en su primer mitad), en la veloz resolución de escenas que no responden al ritmo narrativo previo, y en la aparición de personajes/e intérpretes que quedan expuestos por su falta de talento o en que nadie les explicó cuál era su rol en la escena. Más allá de los desaciertos del aterrizaje de la temporada, la serie es intensa, hipnótica, adictiva y pareja en todos sus áreas. 

                                   Al igual que la novela, la serie plantea su trama principal desde el punto de vista del asesino a sueldo. Fiel al gran éxito perpetuado por los relatos modernos, acerca al espectador a un protagonista que en otros relatos clásicos pudo haber sido sencillamente el antagonista. El dilema moral al que arrima al espectador, potencia su vínculo con la trama. No es solo cuestión de ver qué es lo que va a suceder con el personaje, si no que somos conducidos a través de una suerte de experiencia moral. El subgénero de espionaje, probablemente (y digo probablemente porque a esta altura afirmar una identidad de género audiovisual o literario sería tarea de un historiador) perteneciente al género policial, suele narrar rompiendo su punto de vista. Se sirve, de base y por lo menos, del punto de vista del protagonista y del antagonista. En este caso, la antagonista del Chacal es una policía llamada Bianca Pullman (Lashana Lynch) quien termina adueñándose del caso por su obstinación y expertise en armas. De la misma manera que el Chacal en otra historia podría ser el antagonista, Bianca podría ser en otro universo la protagonista. En The Day of the Jackal, además de ambos personajes, cada subtrama es dueña de su propio punto de vista. Es decir, el relato doblará su recorrido según la conveniencia de la totalidad de la historia y conoceremos la intimidad de cada una de las subtramas de la serie. Entre ellas, por ejemplo, la de la esposa española del Chacal interpretada por Úrsula Corberó. Esta subtrama sucede en España, y además de agregarle un dulce color melodramático a una serie cargada de personajes de dudosa moralidad, está hablada en español (una obviedad no tan obvia para los norteamericanos), actuada excelentemente por españoles, y es de las más peligrosa y atrapante de todas las subtramas. En líneas generales, todos los intérpretes y todas las subtramas hacen avanzar al relato sobre un constante risco adrenalínico hacia su conclusión. 

                                         

                          Volviendo a la trama central y al cruce entre los dos personajes que como espectadores más habremos de conocer, surge a mi gusto a su vez su mayor baluarte y su mayor peligro. Uno en la vida, probable y afortunadamente, no tenga tolerancia para acompañar demasiado tiempo a quien no soporte o a aquel con el que esta moralmente en desacuerdo. Es decir, desde ya que no es usual conocer a un asesino y su intimidad. Pero incluso en los aspectos microscópicos de la convivencia social, la moral es uno de los elementos más fuertes para establecer o quebrar un vínculo. Elegir a Eddie Redmayne como protagonista no es casual. Su cara de eterno niño del bien, es esencial para forjar al personaje del Chacal. No solo desde la crédula mirada de los personajes de la ficción, sino para nosotros espectadores. ¿Cómo no vamos a desear lo mejor y esperar una redención para Eddie Redmayne? Será el propio relato el que con inteligencia ponga en crisis la capacidad del juicio moral de su espectador. Por otro lado, tanto en la ficción como en la realidad, la piel y el amor terminan venciendo siempre lo racional y lo ético. Si uno quiere a alguien, probablemente le perdone demasiado. Bianca Pullman, la policía y representante de la justicia y del orden, cargará a su vez también con tremendas contradicciones morales que enriquecerán al personaje. Sin embargo, por una clara decisión realizativa y del guion, también es un personaje que a lo largo de los capítulos puede terminar siendo algo insoportable o poco querible, y atenta un poco contra la estrategia de la enorme disyuntiva moral y afectiva que propone la serie. 

 

                                     No hay mucho más que decir. Pedirle a una serie de espionaje que tenga constante ritmo y extrema precisión, y nos conduzca hacia la preciosa adicción de querer ver un capítulo tras otro, es un rotundo y absoluto triunfo. Aquí espero la próxima temporada con ansias. 

 

 

                                                                                                                                                                        Chesi

 

 

 

 

                               

 

Comentarios 1

J
Jeroo Casco26 de marzo de 2025
Me pareció que las intenciones estuvieron bien, pero demasiado desarrollo para algo que tendría que haber sido más certero, efectivo, en mi opinión. La pandemia de series hace que el relleno que tienen me terminen desconectando de cierta manera. No sé si estoy viendo un documental de 8 horas sobre un asesino o un organigrama sobre cómo realizar el crimen perfecto (en el mal sentido de la palabra)

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