"Mírenla"...
Reseñas generales

…" Todo transcurría en una ciudad llena de olvido; dónde quedaban pequeños recuerdos de una infancia feliz….
Melissa era una muchacha solitaria, aplicada en su orden y trabajo, todos los días con su bici estilo “Sarah Key” melodeaba por la senda para ir a su refugio y llamaba “el escondite”, puesto a que era un pequeño y acogido monoambiente dónde ella era felíz. Su trabajo era ser ordenadora de libros, en una biblioteca aún conservada por sus grandes colecciones que luego de un gran holocausto, y una gran crisis global, era el “llamate la atención de muchos lectores”; el gran internet, los moviles y demás conexiones de la vida moderna, quedaron atrás, y en dónde como primer regla circundaba el “Cuidemos lo poco que queda”, para conservar la humanidad. La tasa de natalidad había bajado de una manera exponencial, puesto a que estaba quedando una generación cada vez más grande. Los pocos niños que vivían, iban a una escuela en dónde se tomaban clases, como la antigua educación y otros tenían sus propios mentores, como personas de alta sociedad que quedaron perdidas entre un montón de personas de una clase media/baja. Volvieron los trueques, todo se remitía a una edad media, pero moderna. Las costureras retomaron sus trabajos, las despensas con reservas de quesos y embutidos volvieron hacer furor por su producción y mantenimiento en reserva natural, es decir, en un subsuelo. Las conservas, mermeladas, ungüentos, todo tenía un color y un sabor distinto.
Melissa siempre tenía presente en ayudar ancianos, le hacia pequeñas diligencias, y a veces a niños cuidaba con atención. Ella era felíz con su simple mundo y agradecida siempre por un nuevo resplandor. El despensero la saludaba con total admiración, el farmacéutico (quien con fórmulas naturales creaba ungüentos para curar ciertas lesiones), miraba con orgullo, ya que Melissa siempre estaba dispuesta para los demás. Así era todo en ése pequeño pueblo, que; en cierta forma han perdurado ó revivido los gestos y acciones que el ser humano por avaricia olvidó. Melissa no presionaba a nadie en devolver su favor; y un día, un repartidor de correos (porque volvieron los mensajes escritos a través de un papel), la miró con total atención. Todo el mundo hablaba de lo brillante y humana que era; era una simple muchacha que amaba a un pueblo en dónde aceptaron su llegada el último día del gran holocausto ocurrido en 2025. Estamos en el año 2030, y las cosas indefectiblemente han cambiado. Volvimos a la radio tradicional y los televisores, si alguno añejo de los años 80 se podía rescatar, algo podíamos lograr ver y con suerte. Los huertos eran de un aroma apetecible, las pocas gallinas ponedoras, oh Dios santo!, que bizcochuelo horneado por una pastelera era su gran triunfo!, todo sabía a antes, a mucho antes que el mundo, el ser humano perdiera el control.
No había presidente, tampoco gobernante, era como un sheriff que controlaba con dedicación. Tampoco había maleantes, era todo tan puro, tan único, que a veces se había algún que otro mini festival , en dónde familias y gente solitarias se reunían con emoción.
Un día, Melissa en una de las peñas, ayudando a la pastelera, atiende con discreción y he ahí, el guapo de la entrada que miró con total devoción. Buscó una charla iniciativa para “romper el hielo”, y ahí surgió una magia entre ellos, que entre cruces de palabras y miradas penetrantes, comenzaron poco a poco una relación.
Melissa ya no estaba tan sola, pues, Francois era su concentración; aunque nunca olvidaba a las ancianas, a los niños, a su gato Fifi y a su trabajo que con tanta dedicación hacía. Volvimos a los tiempos remotos, dónde todo sabia a cariño, a gentileza y a buen comer "…
-(dedicada a todos aquellos que quisieran conservar esa neta esencia, ése extracto puro de un vivir sana y plácidamente)-




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