Avatar, 2009
Reseñas generalesEl espectáculo se despliega durante 160 minutos, pero la emoción de estar viendo la esperadísima “Avatar” (o “James Cameron y sus aliens, el regreso”) apenas alcanza una hora. Es lo que tardas en acostumbrarte a la maravilla visual, para comenzar a darte cuenta de que, mientras estabas ascendiendo a la cumbre del 3D, el guión cayó precipicio abajo, para hundirse en la sima del convencionalismo y los lugares comunes del cine más comercial.
El comienzo es brillante pero, una vez pasada la fascinación, entre tanta tridimensión sólo habita la superficialidad. La historia es algo así como si a Neo (Matrix) lo metes en una de indios (nativos) y vaqueros (marines), en un western ecologista con preciosos paisajes de mundos fantásticos. ¿Suena original? No lo es tanto. Estar embelesado por el grandioso escaparate no impide percatarte de que, en su desarrollo, la profundidad es patrimonio exclusivo del formato. El resto es maniqueo y algo simple (¿20 millones el kilo? Guauu, sí que es cara la piedrecita... ¿y dices que se encuentra debajo de dónde?), un conjunto de escenas de acción increíblemente diseñadas que a ratos parecen ser mera excusa para asombrarnos ante los avances de la técnica. El film pretende ser como un videojuego colosal, de mensaje bienintencionado, pero lo cierto es que como cine resulta algo pretencioso, atiborrado de grandes conceptos y pobres diálogos ya vistos en otras películas de éxito.
Es muy posible que, de cara a la industria, Cameron marque con “Avatar” un nuevo rumbo en el campo de los efectos especiales, y merecido se lo tiene, pero es una lástima que haya tardado 12 años para ofrecernos una deslumbrante sucesión de superwallpapers dinámicos en 3D... con un guión que se escribe en una semana. ¿Que muchos la ponen por las nubes de Pandora? Genial para ellos; si alguien ve profundidad en estos personajes planos, que me preste sus gafas, por favor.
Avatar, la tan aclamada "revolución" de James Cameron, prometía llevar al público a un mundo completamente nuevo y asombrarlo con su innovadora tecnología. Sin embargo, después de la deslumbrante primera impresión, la película revela ser poco más que una historia predecible de colonización y salvación de un protagonista con síndrome de Mesías. La tecnología visual es innegablemente impresionante, pero eso es prácticamente todo lo que la película tiene para ofrecer. Los personajes son clichés andantes: el valiente soldado convertido en "nativo sensible", la dura comandante militar, la damisela en apuros con un toque de princesa Disney. Ni siquiera la brillante actuación de algunos actores puede salvar a estos estereotipos planos. La trama es tan sencilla como contar hasta tres y carece por completo de sorpresas. Un grupo de forasteros llega a un mundo exótico, explotan recursos naturales, se enfrentan a los nativos rebeldes y finalmente el "héroe" encuentra el camino para salvar el día. Es como si Cameron hubiera tomado elementos de otras historias y los hubiera metido en una licuadora sin preocuparse por la originalidad. Incluso la famosa "conexión" entre los personajes y sus avatares se siente forzada y poco auténtica. ¿Realmente deberíamos emocionarnos por un romance que se desarrolla entre dos cuerpos separados? Parece más como una fantasía escapista barata que una trama verdaderamente convincente. En última instancia, Avatar es un espectáculo visual digno de admiración, pero carece de sustancia y originalidad. Si buscas una experiencia cinematográfica profunda y significativa, probablemente quedarás decepcionado. Es como si Cameron hubiera gastado todo su presupuesto en efectos especiales y hubiera olvidado la importancia de una trama sólida y personajes memorables. En resumen, Avatar es un envase brillante con muy pocas nueces en su interior.




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