Robot Salvaje
Reseñas generales
Reseña de cine: Robot salvaje
24/10/2024

Parece que las películas de animación sobre robots, o al menos las que he visto últimamente, están pasando por una buena época, porque después de esa maravilla que fue Robot Dreams y la enorme sorpresa que me llevé con Transformers One, Dreamworks Animation nos trae ahora Robot salvaje (Wild Robot) como clara aspirante al podio, no ya de robots, sino de animación en general.
Robot salvaje es una adaptación del libro homónimo de Peter Brown, que cuenta con dos secuelas que seguramente no tardemos en ver también adaptadas para la gran pantalla habida cuenta del éxito de crítica y pública que ha obtenido esta cinta. Y es que no es para menos, porque el estudio ha creado una magnífica película en todos los aspectos. Y si bien no puedo valorar su fidelidad a la obra original, la cual no he leído, sí puedo dar fe del buen rato que me hizo pasar en el cine y su inmensa calidad técnica y narrativa.
Como es habitual, os voy a dejar el tráiler de la peli antes de entrar en materia. Es el mismo que nos pusieron en casi todos los pases, si no en todos, a los que hemos ido en el último mes y medio, y con el que pensábamos que ya nos había contado toda la película en tres minutos escasos, pero no. Pese a la exhaustividad del avance, la obra de Dreamworks se guarda suficientes ases en la manga como para sorprender en su estructura y desarrollo, mucho más profundos de lo que parecen en el vídeo.
El argumento de la película es muy sencillo: Roz es una robot programada para asistir en cualquier cosa y cuyo sentido en la vida es el de encontrar tareas que llevar a cabo satisfactoriamente. Tras activarse en una isla perdida después de que su transporte sufriera un grave percance, y con la única guía de su programación original, pensada para un entorno humano y artificial, deberá aprender a integrarse en el ecosistema de la isla y a encontrar su lugar entre los animales que la habitan, especialmente tras verse obligada a ejercer de madre putativa de un pequeño ganso.
A partir de ahí, el director Chris Sanders realiza una estupenda labor para trasladar el libro original de Peter Brown al lenguaje cinematográfico y de animación, estableciendo una progresión narrativa impecable que sabe distribuir adecuadamente el foco de la historia entre los personajes. El ritmo es constante, e incluso los momentos de sosiego no caen en un valle que haga huir la atención del espectador, sino que también están rodados con buen pulso.
La película aborda temas como la pertenencia a un grupo o familia, el libre albedrío o las relaciones de interdependencia, y lo hace, pese a que esto ya parece un cliché de cualquier buena película de animación, de manera accesible para espectadores de cualquier franja de edad e igualmente disfrutable para todos. Durante su metraje, no existe ningún pasaje tan liviano como para que el espectador adulto tenga que apagar el cerebro para tratar de disfrutar sin más, pero tampoco ninguno tan transcendente como para que los más jóvenes se aburran sin entender de qué les están hablando. Existe un medido equilibrio entre texto y subtexto que me ha sorprendido gratamente, especialmente por la sutileza y naturalidad con la que se tratan la mayoría de los temas.

Así, aunque la película no está exenta de alguna escena en la que se ha optado claramente por ir a saco a por la fibra sensible del espectador, al englobarse esos momentos en un conjunto tan armónico y exquisito, el recurso es menos burdo que en largometrajes similares; por eso, lo que en otras películas puede provocar el efecto contrario en el espectador, que se revuelve ante el intento de manipulación emocional, en Robot salvaje se pasa por alto. Da igual que lo intente, pues esas ligeras notas discordantes en la armonía general de la película hacen que también resulte más humana.
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Por mucho que el desarrollo del argumento pueda resultar previsible, pues gran parte de los espectadores hemos visto ya suficientes películas, infantiles o no, como para anticipar los derroteros de una narración, durante el metraje existen suficientes detalles que, sin buscar subvertir las convenciones del género, sí que toman pequeños desvíos que insuflan frescura a la propuesta. Por poner un ejemplo, y si no me falla la memoria, creo que es la primera película de este estilo que veo que no se regodea en el consabido instante trágico en el que se produce la muerte del progenitor/figura paterna/mentor; y mencionar aquí la muerte no es un destripe, porque toda cinta de dibujos de estas características que se precie tiene alguna en algún momento. Sin embargo, aquí se produce apenas en un fotograma y no se ahonda en ella con gran llanto y crujir de dientes. Podrían haber optado por el habitual plano dramático del héroe huyendo a cámara lenta mientras grita al ver el mentado sacrificio, o por la escena de lloro y lamentación a posteriori, jurando que su muerte no será en vano. Sin embargo, como en el resto de la película, la sutileza está a la orden del día.

Más allá de sus logros narrativos, debo subrayar también el vistoso trabajo de animación realizado. No lo digo por la espectacularidad en sí de la puesta en escena, que también, sino por la técnica empleada que da a los dibujos un estilo que parece pintado a mano. Si la película hubiera echado mano de los ya casi cotidianos recursos de animación 3D fotorrealistas, probablemente habría perdido una buena parte del encanto que tiene. Desde sus primeros compases, con una secuencia que pone de relieve la belleza visual que será la tónica de todo el metraje, nos sumergimos en un delicioso festín para los ojos; sin embargo, éste no pretende eclipsar el guion con un exceso pirotécnico, que se reserva para las secuencias de mayor acción, sino que le sirve de marco perfecto para complementar el tono de la cinta.
Todo el reparto realiza un admirable trabajo vocal e interpretativo, y si grandes nombres como Pedro Pascal, Catherine O’Hara o Mark Hammill lucen a la altura de lo esperado, jugando con sus personajes, aunque sin salirse demasiado de los límites que les marcan éstos, debo reconocer que no me esperaba la excelente actuación de Lupita Nyong’o como Roz, la robot protagonista. Porque si bien es cierto que el personaje y su arco narrativo dan pie a que la actriz pueda lucirse, también lo es que podría haber realizado una labor más pedestre y meramente correcta. En cambio, realiza una exhibición de técnica actoral con la enorme cantidad de matices que le aporta al personaje, así como gracias a la espléndida forma que tiene de construir la evolución que va desde la ingenuidad y sentido de la maravilla de Roz durante sus primeros pasos en el ecosistema hasta la madurez y responsabilidad cuando termina de liberarse de los dictados de su programación.

Robot salvaje no es una película de animación formidable. Es una película formidable. Porque aplicarle la etiqueta de su género podría hacer pensar a determinado tipo de espectador que se le están regalando elogios pese a ser un filme más orientado al público infantil, o precisamente por eso. Por supuesto que no olvida quién es su público, pero le ofrece una cinta de aventuras y emoción que maneja temas de calado sin resultar dogmáticamente moralizante.
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Si Del revés 2 fue una gran película que, más allá de sus puntos fuertes, se lo jugaba todo a un clímax brutal sin el cual el resto del film pierde enteros, Robot salvaje la supera ampliamente al ofrecer un conjunto mucho más sólido y homogéneo, que no requiere de la nostalgia para poder apreciar su combinación de un soberbio apartado técnico con un reparto de calidad y, por encima de todo, una estructura narrativa y un guion a prueba de bombas. Como diría la gran crítica cinematográfica de las últimas décadas: «vayáis a verla».




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