MUÑECA DE TRAPO .

Narrativa

 

En el corazón del paraje La Libertad, Vita, una niña de ocho años, encontraba refugio en la costura. Mientras cuidaba de sus seis hermanos menores, sus ojos se dirigían hacia su madre, quien, con paciencia y destreza, daba vida a nuevas prendas a partir de viejas telas. La pequeña Vita, fascinada por esa transformación, soñaba con el día en que sus manos pudieran crear algo tan hermoso. A pesar de la pobreza que los rodeaba, la costura era su escape, un mundo de colores y texturas donde la imaginación no tenía límites.
La carga de cuidar a sus hermanos y al ganado pesaba sobre los hombros de Vita. Sin embargo, en los momentos de soledad, encontraba consuelo en la costura. Con agujas y retazos, creaba un mundo propio, un refugio donde podía escapar de sus responsabilidades. Sus muñecas de trapo, escondidas en los huecos de los árboles, eran testigos silenciosos de sus sueños y anhelos.
La burla de un compañero la hizo sentir pequeña. Vita, acostumbrada a pasar desapercibida, se dio cuenta de que su vestido roto la hacía sentir diferente. Decidió que era hora de cambiar eso. Aprovechando la ausencia de su madre, se armó de valor y comenzó a coser. Con cada puntada, sentía crecer su confianza. Cuando su madre la encontró cosiendo, Vita se preparó para una reprimenda, pero en lugar de eso, recibió una mirada de admiración.
Su madre la miraba con tanto amor que Vita se sintió valiente. Le mostró que no solo era un vestido. Llevándola detrás de la casa, entre unos viejos árboles, reveló su tesoro oculto: un grupo de muñecas de trapo, rellenas de pasto seco, que había escondido. Cada una, desde la primera hasta la última, era un pequeño mundo creado con amor. Su madre, sorprendida, no podía creer que esos retazos que guardaba en una bolsita se hubieran transformado en muñecas tan lindas.
El tiempo había pasado, pero el recuerdo de aquel día seguía intacto en la memoria de Vita. Los ojos de su madre, llenos de orgullo, la habían conmovido profundamente. "Fue el momento más bello de mi vida", solía decir a sus nietos, mientras conservaba algunos fragmentos de aquellas muñecas de trapo.
 

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