Queer: evocando a Burroughs
Reseñas generalesQueer es la nueva película de Luca Guadagnino y es también un relato basado en la autobiografía de William S. Burroughs escrita en 1952 y publicada en los años 80. Para introducirnos brevemente en la vida del escritor, tenemos que situarnos en la década de 1940, donde Burroughs formó parte de la Generación Beat junto a Allen Ginsberg y Jack Kerouac, una vanguardia caracterizada por la libertad sexual, la rebelión contra la sociedad americana y una forma de escribir cruda, muchas veces considerado como obsceno.
Queer nos traslada a Ciudad de México a fines de los años 50, donde Daniel Craig interpreta extraordinariamente a Burroughs, ahora bajo el seudónimo de William Lee. El cotidiano de William oscila entre su habitación oscura, plagada de humo de cigarrillo y restos de alcohol y heroína y un bar que frecuenta cotidianamente. Su hastío presente se ve radicalmente interrumpido cuando conoce a Eugene, un joven que pasa las noches en el mismo bar que William jugando al ajedrez.

El encuentro con Eugene es desde un principio desconcertante para William, principalmente porque no termina de entender sus inclinaciones sexuales. Eugene y William empiezan a pasar los días y las noches juntos, en un vínculo que genera en el protagonista mucho desconcierto y ansiedad. Daniel Craig logra transmitir de forma totalmente genuina y casi adolescente la torpeza e incomodidad con la que intenta conquistar al joven. Incluso al final de la película nos sigue resultando una incógnita la intención de Eugene, como si constantemente sospecháramos de que se mantiene a su lado por un motivo económico, o que su cariño hacia el protagonista no es del todo genuino. Pareciera como si todo el objetivo de William a partir de ese primer encuentro fuese intentar entender, descifrar los sentimientos de Eugene.
Es llamativo que el tratamiento de la película no profundice en ninguno de los personajes. No tenemos idea a qué se dedican, ni cuáles son sus intereses, tan solo los vemos pululando entre sus casas y sus bares frecuentes, pasando de un romance a otro, como si el objetivo fuese ese: experimentar, no quedarse quieto. Incluso el hogar de William, que es prácticamente la única casa que vemos, ni siquiera luce como un hogar, es más bien un lugar de paso, casi una habitación de hotel.

Si tuviese que intentar definir el sello, la marca personal, el germen o la particularidad de Luca Guadagnino sería la búsqueda de la imagen, la sensorialidad, las texturas, el minucioso tratamiento de la dirección de fotografía que recordamos de películas como Call me by your name o Challengers. Aun así, Queer nos muestra un lado del director mucho más oscuro, profundo, crudo. Daniel Craig logra de forma indescriptible interpretar a aquel director, encarnar su soledad, su agonía, su deseo.
La escena que para mí logra el clímax de la película es la del primer encuentro sexual entre Eugene y William. Es difícil describir lo que sucede como espectador, pero hay algo en la química de los actores y la intimidad que se genera entre ellos que logra transmitir de forma totalmente fiel todo lo que les pasa con ese encuentro, y sobretodo la fascinación y tal vez obsesión que se le genera a William a partir de el mismo. Unas escenas después, William toca a Eugene, que lo esquiva rápidamente. William le pide disculpas, le dice que no termina de entender cuál es la frecuencia con la que puede acercarse a él. Se percibe en ese diálogo que el protagonista está totalmente a merced de Eugene y de su incertidumbre.

Mientras que los primeros 2/3 de la película atraviesan la historia de William y Eugene de forma totalmente naturalista, el último tercio adquiere un tono fantástico que se corre del realismo característico del director. William invita a Eugene a viajar por Sudamérica y buscar una droga que en teoría brinda poderes telepáticos: el yagé. En ese viaje, se hace explícito que William sufre una fuerte adicción a la heroína y la cocaína, y gran parte del trayecto debe luchar contra la abstinencia.
Queer hace una profunda exploración del personaje de Burroughs y devela sus deseos, su soledad, su frustración, su desesperada búsqueda de amor y compañía. En un momento de la película, William le dice a Eugene: “quiero hablar contigo, pero sin usar las palabras”. Esa línea de diálogo tal vez represente el espíritu de la película, donde los personajes no logran poner en palabras en ningún momento lo que les sucede, donde hay más silencios que palabras.








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