Wanda Maximoff

Reseñas generales

Un día trágico y escrito por el destino la marcó de por vida. La vida en Sokovia no era la mejor, pero eran felices entre ellos, sobreviviendo y pasando cálidas noches en familia. Era obvio que un día iba a ocurrir. En un país devastado por guerras, nunca se puede ser feliz.

 

Ella aún recuerda vívidamente cómo todo se volvió negro. Un fuerte estruendo cegador. El primer misil dejó el frío helado de la certeza: sus padres habían muerto. Para su suerte o desgracia, ambos gemelos quedaron juntos entre los escombros. Cuando la siguiente arma se enterró cerca de ellos y no explotó, quedaron paralizados. Un nombre en letras grandes: "Tony Stark". Cuatro días ocultos viéndolo, sabiendo el nombre del hombre que los puso allí y les arrebató todo. Cuatro días temiendo hacer la menor respiración en falso y morir, consumidos por un rencor implacable.

Impulsados por ese odio cegador, no dudaron en unirse a HYDRA con la promesa de venganza. Dejaron todo atrás. Sus habilidades mejoradas les daban la certeza de que, con ellas, los Vengadores caerían.

 

Sin embargo, no todo salió como esperaban. Destruyeron la base de HYDRA; no es que les importara, pero eso solo añadía más impotencia a sus espaldas. Entonces apareció un nuevo líder, con una nueva promesa.

 

Al llegar la hora, estaban eufóricos. Wanda dio lo mejor de sí y creyó que los habían dejado perdidos. Con Ultrón, finalmente podrían saciar esa sed que quebraba sus almas. Pero algo en su interior aún resistía. Quizás la oscuridad no había consumido todo.

 

Los días siguientes se hicieron borrosos. Wanda trató de ser algo que no era: un héroe. Se aferraba con fervor al bien, pero una pregunta rondaba en su mente: ¿qué clase de héroe comete tales atrocidades?

 

Al menos intentó serlo. Hasta que le arrancaron lo último que le quedaba. Su precioso hermano Pietro, la gota que colmó el vaso. A pesar de su agonizante pasar, continuó adelante por él. En algún punto, encontró luz en alguien más. Pero él también le fue arrebatado. Ya no quedaba nadie de quien sostenerse.

 

La ilusión de ser un héroe se desmoronaba tras tantas pérdidas. Todo se sumergió en negro. Esa lucha entre el bien y el mal terminó, y Wanda decidió tallar su felicidad con sus propias manos, a cualquier costo.

 

Reconstruyó su vida a base de mentiras, poderosa como ninguna. Si su realidad se caía a pedazos, movería los hilos necesarios para crear una ilusión perfecta. Marcada por la desgracia, volvió a jugar a ser mitad héroe. Migajas de su ser guardaba en su corazón. Compadecida, dejó una vez más al amor de su vida y a sus hijos. Pero ahora tenía una nueva pieza entre sus manos: el Darkhold.

 

Los bordes de su mente se desdibujaron entre sus páginas. Sumergida en letras negras, ansiosa de poder por algo mundano, soñaba despierta y dormida. Hasta que llegó la hora una vez más. Con un nuevo poder en sus manos, nadie la detendría.

 

Guiada por los confines de otras realidades, vivió en la piel de alguien más. La misma irrealidad reconfortante, solo que esta vez sería su verdad.

Pesadillas la atormentaron. Cuando finalmente estuvo a punto de alcanzar su objetivo, todo volvió a derrumbarse. Cansada de todo, se autodestruyó entre los escombros de su altar, construido a base de sueños.

 

Wanda murió junto a Visión. La Bruja Escarlata no.

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