El agujerito: la sinécdoque de una época
Reseñas generalesHay lugares que son también representación de una época, y ese es el caso de El agujerito, icónica disquería inaugurada en 1969 en la Galería del Este, en el microcentro porteño. Un espacio que dejó una huella imborrable en la cultura argentina. Sus bateas iluminaron a Charly García, Nito Mestre, Andrés Calamaro, Juanse, Renata Schussheim o Marta Minujin, y fue un espacio que acompañó el intenso movimiento social y artístico de los sesenta y setenta. Ana Hayzus y Leandro Eljall Qüesta se encargaron de plasmar el impacto que aquel espacio tuvo y mantuvo en tantas personalidades en la forma de un gran documental.
El agujerito se vale de un montaje preciso y de un amplio repertorio de voces para conformar un relato coral. Las voces de sus dos principales protagonistas, los hermanos Gabriel y Rolly Epstein son el puntapié para una historia mucho más grande de la que forman parte.

Así, la dirección de Hayzus y Eljall es ingeniosa, al saber bien cómo proyectar el panorama general del que la famosa disquería forma parte. Por él transitaron los estudiantes y los artistas que formaron parte del Di Tella, el escritor Jorge Luis Borges que vivía en las cercanías o los académicos y artistas que se reunían en el aledaño café Florida Garden.
En el entramado del documental, también se vale de diferentes formatos para mantener a la historia lo más dinámica posible: caricaturas dibujadas y animadas mínimamente para las anécdotas más humorísticas, fotografías de archivo y metraje de la época, intercalados en los momentos más precisos.

A su vez, el ritmo mantiene su armonía precisa entre velocidad, tonos e información. Se hace uso de pantallas divididas y de distintos formatos de entrevistas, fuera en el programa de Alfredo Rosso, en estudios cuidadosamente montados o en cafés. Al mismo tiempo, es inteligente al saber cuándo y cómo exponer momentos más trágicos (como los sucesos de las dictaduras), más graciosos (anécdotas que involucran a un pícaro Borges o a una estúpida policía) o calmos e interesantes (la compra de algún que otro músico importante).
Y en todos los casos, el manejo de la cámara y la fotografía no hacen más que enaltecer a los testimonios que se presentan. Hay una puesta natural y cuidada, que hace que nos olvidemos de que estamos viendo un documental y que nos sumerjamos de lleno en el ambiente de una época y en la vivencias de sus protagonistas.

El icónico y potente “Bajan” de Spinetta es transversal a toda su obra, a lo cual se suman otros temas complementarios de la época. Y la presencia del excéntrico aunque silencioso dueño de la Galería del Este, Mario Salcedo, también está omnipresente a lo largo de todo el documental.
El agujerito es un documental necesario. Como contaron al finalizar la función, la idea nació después de que uno de los hermanos Epstein haya querido plasmar sus memorias en un libro. Esa publicación no fue, pero se convirtió en un formato audiovisual, algo que se adecúa más para todo el color que compone el relato y sus actores, espacios, sonidos y música. En una época en la que la memoria está más endeble que nunca, este documental se compone como una firme defensa de una historia que es ya parte inamovible del patrimonio cultural argentino.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 8 de diciembre del 2024, 4.47 PM | UTC-GMT -3.
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