Un segundo hogar

Recomendaciones

"Todo lo que tengo se lo debo

a este trabajo…este estúpido,

maravilloso, aburrido, increíble

trabajo".

Jim Halpert.

 

"A veces comienzo una oración y no sé hacia

donde está yendo. Tan solo ruego encontrarle

un sentido mientras la voy diciendo".

Michael Scott

 

 

 

                                         Un 9 de julio del 2001, se estrena un documental en Gran Bretaña acerca de la oficina Slough, sucursal de Wernham Hogg Paper Company en Berkshire, Inglaterra. El documental documenta el día a día de la oficina encargada de la venta y distribución de papel, y los vínculos entre los trabajadores de un pequeño pueblo donde pasa poco y nada. David Brent, su jefe, lleva la oficina de una manera muy particular, y está desesperado por ser querido y respetado por la gente que allí trabaja. Su argumento y universo parecieran insuficientes y opacos, pero el documental ha tenido dos temporadas de seis capítulos cada uno. La serie ha recibido dos Globos de Oro. Le ha ido tan bien en Gran Bretaña, que no solo se emitió en otros lugares del mundo a través de la BBC Worldwide, si no que otros países han llevado adelante (hasta el día de hoy) sus propias versiones en sus respectivas compañías de papel nacional. Una de dichas adaptaciones, fue de hecho la más famosa y popular de todas. Aún más que su original. El documental sucede en Scranton, Pensilvania, y la compañía registrada se llama Dunder Mifflin Inc. Paper Company.

 

                                        La adaptación norteamericana toma el primer capítulo de la inglesa y adapta directamente el guion y su puesta en escena. Se estrena el 24 de marzo del año 2005. Prefirieron no correr el riesgo de modificar el contenido enseguida, poner a prueba en Estados Unidos aquello que ya había funcionado en Inglaterra, y así ir descubriendo qué camino tomar para lo que restaba de la temporada. Los escritores de la serie han llevado adelante un intenso trabajo de campo para encontrar la propia esencia, y debieron reconvertir el paradigma inicial luego de un dudoso comienzo tras la primer temporada. Algo bien deben haber hecho, por la serie tuvo 9 temporadas y 201 capítulos. 

 

                              El documental tiene como principales protagonistas a sus tan peculiares personajes y se basa en la convivencia de los mismos frente a los avatares del día a día, y frente a las circunstancias tan únicas como impredecibles a las que los expone su jefe. Habrá entre ellos roces, celos, romances, y como en toda oficina, los vínculos serán siempre profundos e imperfectos. ¿Cuánto se aferran a esa oficina un grupo de personas que no sabe salir de su rutina, que se siente tan feliz como miserable, en un pueblo tan pequeño y olvidado a una hora de Nueva York?  Tanto la serie británica como la norteamericana se llaman de la misma manera. Hoy, a esta última, podrán encontrarla en más de una plataforma. Su nombre es The Office. 

 

 

 

                                       Larga vida a Michael Scott. El jefe de Scranton, el causante de la gran mayoría de las extravagantes vicisitudes que les sucederán a todos en la oficina, el rey de la incomodidad, de lo patético, y el mayor causante de esa amorfa contradicción entre amor y rechazo que solo puede causar él. Luego de las dudas que dejó la primer temporada, los productores y escritores (algunos de ellos también actores en la serie) interpretaron que había que hacer algún cambio. Había que apostar por el costado más amable de Michael, que no genere tanto rechazo en su audiencia, volver la serie menos pesimista y oscura, y darle más protagonismo a los personajes secundarios. La herencia inglesa y la cosmovisión del humor del creador de The Office, tenía que ser reconvertida en algo nuevo. Había que encontrar la propia alma del proyecto. Había que agradecerle a Ricky Gervais y su icónico oscurísimo humor, y dar un salto en otra dirección. La versión norteamericana encuentra en el fondo de la naturaleza humana, no solo su perdición, si no que también su salvación. Entre fantasmas, se cuidan la sábana. Poco es más complejo y conmovedor, que dos personas abrazándose cuando nada en la vida les sale Y cuando se está en el suelo, todo logro es igual de descomunal y precioso. La belleza de la versión norteamericana, lo conmovedor en la más innegable de las comedias, está en sus detalles.

 

                                      The Office es el documental de un mundo de ficción. En otra realidad paralela, existen Wernham Hogg Paper Company y Dunder Mifflin. Viven Michael Scott, Jim, Pam, Dwight, Pam, David Brent, Tim, Gareth. En Inglaterra y en Estados Unidos, en las ciudades antes mencionadas, en edificios reales, en oficinas que se vacían cuando las cámaras se apagan. El planteo que vuelve única a la serie es que, en años donde todavía no había alcanzado el pico de popularidad el concepto de mockumentary o “falso documental”, la ficción se esconde. Si hay una enorme mentira, que se oculte detrás de una nueva verdad. The Office funda las reglas de un universo alternativo, pone las cámaras para que lo espiemos, y la sensación de ficción desaparece del todo. Podremos ver la mano del mago y sus trucos detrás de pequeños guiños. En la exacerbación de lo ridículo de las situaciones, en los gags particulares de cada personaje que a medida que avanzan los capítulos se van volviendo más icónicos. La serie invita a sus espectadores a convivir con sus personajes y no salir nunca de la oficina. Con capítulos de menos de 25 minutos y una comedia tan desopilante como única en su tratamiento, podremos ver un capítulo tras otro sin llevar la cuenta de las horas que llevamos allí. ¿Qué es lo que sucede que no puedo irme de este lugar? Esa es la misma pregunta que se hacen sus personajes. Ninguno sabe como desprenderse de su rutina, de como irse, como crecer. Se preguntan una y otra vez, a lo largo de la serie, cómo hacer para salir. Se refugian allí de lo que sufren afuera, de los fantasmas de su infancia, de su falta de coraje por conquistar lo que sueñan. Por eso The Office, es un segundo hogar. Para ellos, y para nosotros.

 

 

                              

                                                                                    Un fenómeno

 

                                      Me interesa hablar de la versión norteamericana porque es aquella que me ha acompañado tantos años de mi vida, y aquella que hoy en día redescubro gracias a acompañar a mi pareja que nunca antes la había visto. Mi pareja, como otros tantas personas, había visto capítulos sueltos porque interpretaban que la liviandad de la comedia podía ser tomada con poca “responsabilidad”. Creyeron en algún momento, que como en las sitcoms de antes, no tenía importancia el orden en el que la veían ni en ver capítulos salteados. Hace menos de un mes, pude atestiguar como si fuera un científico trabajando en un laboratorio, cómo algo cambio en ella para siempre. Luego de intentar comenzarla y finalmente abandonarla durante varios años, algo finalmente sucedió. Un hechizo. Del desinterés, pasó a la obsesión. Pasó al enamoramiento por sus personajes. A encontrarse riendo hasta el hartazgo y sorprenderse con lágrimas en los ojos por una escena o por el lazo que rápidamente establecen con nosotros sus personajes. Porque los ves dar pequeños pasos, los ve padecerse una y otra vez, los ves caerse y levantarse gracias al torpe brazo de alguno de sus compañeros. El tiempo no corre en Scranton, y todo sucede de a poco. Lo mismo que sus personajes sufren, nos permite a nosotros conocerlos sin que ellos lo sepan. Observarlos una y otra vez dentro de la misma oficina. Y como una orquesta silenciosa, los casi quince personajes participan con gestos o comentarios a favor de un todo que desconocen. Detrás de ellos, sus intérpretes dejan de existir. Desaparecen el glorioso Steve Carell, el revolucionario Rainn Wilson, el quirúrgico John Krasinski, la inolvidable Jenna Fischer. Es tal el logro interpretativo y artístico, que como un sacrificio para un ritual, los heroicos responsables dejan de existir. Casi como si fuera un reality, somos testigos de las miserias humanas con las que no podremos no sentirnos identificados. Es en el padecimiento de sus personajes, que nace la más profunda y única de las comedias. Eso es lo que vuelve a The Office atemporal. La única serie que no envejece, que se salva de los cambios de paradigma sociales y culturales, de la constante redefinición moral acerca del humor. Nada es más antiguo, moderno y eterno que la miseria humana. Por eso The Office, es una de las marcas que nunca se podrán borrar de la historia audiovisual. No es una serie. Es un hogar.

 

 

 

                                                                                                                                          Chesi

 

 

 

 

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