Crepusculo

Reseñas generales

Creo que una de las sagas a la que siempre vuelvo cuando quiero escapar de mis pensamientos, especialmente en esos días lluviosos en los que me refugio en casa, es Crepúsculo. No solo me transporta a una época en la que todo parecía más sencillo, sino que también tiene un lugar especial en mi corazón. ¡Puff! ¿Cuánta gente no se sumergió en la espiral de dolor de Bella? ¿Cuántos no esperaron con ansias la salida de las películas solo para ver cómo se desarrollaba todo?

 

Recuerdo haber leído los libros y pasar horas imaginando: “¿Cómo representarán esto? ¿Qué harán con aquello?”. Para mí, esa saga simboliza una época única. Mis sobrinas —que ahora rondan los 20 y tantos— también compartieron esa emoción conmigo. Juntas esperábamos cada estreno con ilusión. De hecho, una de ellas, como yo, aún tiene su ritual: si está en casa y llueve, seguro la encuentras viendo Crepúsculo y disfrutando de un chocolate caliente.

 

Me pregunto si otros también sienten lo mismo. ¿Quién no, a sus 16 o 17 años, se identificó de alguna forma con Bella? Quizá no porque te hubiera dejado un novio —en mi caso, ni siquiera tenía uno—, ni porque tuvieras un grupo de vampiros adolescentes súper guapos y algo inadaptados en tu vida, pero había algo en la ambientación, en la época y en la forma en que se narró la historia que simplemente te atrapaba.

 

La saga fue un boom mediático, y todo el mundo estaba a la expectativa de las películas y los libros. De todos los trabajos de la autora llevados al cine, estos fueron, sin duda, los más exitosos. Las últimas dos películas —la cuarta y la quinta— me parecieron épicas: la escenografía, los efectos visuales, todo era impresionante para la época. Aunque, claro, la segunda película tuvo aquel error con el cabello de Bella que muchos no perdonaron, y las críticas a la piel brillante de Edward se hicieron inevitables. Una amiga mía siempre decía: “¡Los vampiros no brillan, eso es cosa de hadas!”. Pero bueno, ¿qué les digo? Viví la historia de Bella y Edward como si fuera la mía.

En retrospectiva, creo que era la era de reivindicar a los "chicos malos". Entendí por qué Jacob fue dejado de lado, aunque la autora luego le dio un cierre que tenía sentido. Sin embargo, esas películas se convirtieron en mi refugio emocional. Cada una tiene un lugar específico en mi corazón dependiendo de mi estado de ánimo:

  • La primera, para reencontrarme conmigo misma.
  • La segunda, cuando quiero sentirme mal, comer helado y abrazar mi duelo.
  • La tercera, para recordar que el amor siempre encuentra su camino y que la vida te da lo que mereces.
  • La cuarta y la quinta (que siempre veo juntas, porque no puedo soportar dejarlas incompletas), para recordarme que, al final, todo puede terminar bien.

Al final, Crepúsculo es una película con finales felices, algunos giros inesperados y una mezcla de elementos que hacen que siempre vuelva a ella. Poderes, vampiros sexis, amores indecisos, hipocresía, el paso del tiempo… todo se conjuga en una saga que, para mí, significa reiniciar con más fuerza.

 

Si aún no la has visto, te invito a que lo hagas. Y si ya lo hiciste, sabes exactamente de lo que hablo.

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