¿Revivimos a Voldemort?

Personajes

"Creo que tú y yo estamos destinados a hacer esto para siempre"
— Joker (The Dark Knight)

 

Crear a un héroe es relativamente sencillo. 

Solo tenemos que situarlo en un entorno estable, hacerle sufrir y lograr que descubra su verdadero potencial para que, con sus poderes y su equipo, alcance la justicia o la venganza. 

El héroe suele caer bien a todos —a la audiencia primero— y, con sus poderes ocultos, es fácil que se gane nuestro afecto. Además, la cereza del pastel: sabemos que va a ganar, y a muchos les gusta estar del lado correcto de la Historia.

 

Pero para que la ecuación funcione, necesitamos un antagonista que realmente suponga un reto. Alguien que nos haga sentir que el final previsible no es tan “cantado” y que el héroe merece dignamente el éxito que se lleva.

 

En la saga de Harry Potter, a través de varios libros y películas, queda claro quiénes son los oponentes: un pobre niño mago, huérfano y maltratado por sus tutores, a quien todo el mundo parece querer, y el espectro de un innombrable mago del que no se sabe dónde está y a quien todos parecen temer.

 

En esta historia, el niño va haciendo amigos y aliados, y Voldemort… también. 

Es una partida de ajedrez por etapas, en la que parece que cada batalla la gana el niño, pero el brujo sigue ejecutando su plan con precisión, aunque parezca perder.

Año con año, el niño crece, desentraña secretos, supera pruebas y se arma de un arsenal mágico que parece infrautilizado. La única constante es que “Hogwarts no es un lugar seguro” (se supone que en algún momento debió serlo).

 

El “malo” resulta ser bastante resiliente y eficaz para recuperarse de las derrotas y sigue convenciendo a más personas para unirse a su causa. 

No se desanima por los fracasos y persevera en su particular e incansable viaje.

 

Hay que reconocer la tenacidad y capacidad de superación de Tom Riddle. 

A pesar de haber sido vencido por un encantamiento extraño, su enemigo solo se queda con un rasguño. Voldemort sigue teniendo los amigos necesarios para ser revivido y la fuerza suficiente para recuperar no solo su poder, sino el control prácticamente total del mundo mágico.

 

Es un antagonista sólido y luchador, un villano “cocinado a fuego lento”, con una poderosa estética y un mensaje político. Un villano tan consistente que en la saga ya es un refrito de sí mismo (recordemos que es su segundo intento por hacerse con el poder). 

 

Es un villano trabajador, comprometido con su causa, con inteligencia, poder y seducción. Contrariamente al bueno de Potter, a Voldemort nadie le ha regalado nada.

Si nos vamos a otras franquicias y universos, vemos que el héroe suele enfrentarse a distintos enemigos que van probando suerte, y la narrativa depende en realidad de cuán “bueno” sea el malo. Desde James Bond hasta Batman, vemos desfilar diversos adversarios que gustan más o menos, con nuevos poderes. Algunos son tan increíblemente mediocres, como el Marqués de Gramont (John Wick 4), el típico “hijo de papá” que es malo por puro aburrimiento y provoca más pereza que miedo.

 

No debemos desperdiciar a un buen antagonista. Tolkien lo sabía, y por eso también le da a su Sauron dos oportunidades para lograr su objetivo. Construir personajes antagónicos poderosos no se logra de la noche a la mañana, y los matices que logra Voldemort son muchos.

 

Sir Arthur Conan Doyle permitió que Moriarty (curiosamente jugando con la palabra Mort) fuese el archienemigo de Holmes una y otra vez. Era demasiado brillante; siempre podía estar del otro lado. Era el “Holmes” del lado oscuro, así como Potter pudo haber sido un nuevo Voldemort si hubiera elegido ir a Slytherin.

 

El enfrentamiento entre fuerzas equilibradas es lo que nos atrapa, como le dice el Joker a Batman: “creo que tú y yo estamos destinados a hacer esto para siempre”. Podemos repetir este duelo una y otra vez, siempre que ambos oponentes estén a la altura.

 

En las primeras películas de la saga, sabemos que Voldemort es muy malo porque mató a una familia y quiso asesinar a un bebé, y todos le temen. Poco a poco, le conocemos más, vemos su inteligencia maquiavélica, sus trampas y su habilidad para ganar adeptos. 

En los episodios finales empiezan las muertes sin piedad, sobre todo del lado de los buenos. Ahí es cuando, visualmente, comenzamos a ver lo malo que es de verdad, en primera persona.

 

El hecho de que no tenga nariz ni pelo en la cabeza, la austeridad de su vestimenta (hay que reconocer que no es ostentoso) y sus gestos exagerados lo convierten en un villano consistentemente perverso.

 

Creo que es un gran adversario y que ha trabajado mucho para lograrlo. 

Intentar construir otro igual va a ser complicado. Rowling ya lo intentó con Grindelwald, pero al final había demasiado de Voldemort en concepto y demasiado poco en estética y dedicación.

 

Por todo ello, creo que vale la pena darle una tercera oportunidad a Voldemort para reivindicarse.

¿Será la tercera la vencida?  

 

Todavía le quedan amigos, trucos y magia suficiente y tiene motivos de sobra para intentarlo de nuevo. 

 

Si le damos una última oportunidad, estoy seguro de que no la desaprovechará. 

Voldemort es un tipo que aprende de sus errores, aunque su obsesión con Potter le haya costado caro; sin él, quizás le habría ido mucho mejor. Potter aún está joven para dar batalla, y sus hijos podrían tener el potencial de ayudar.

 

¿Cuántas veces los rebeldes acabaron con la Estrella de la Muerte (y similares) en Star Wars? 

A nadie pareció importarle demasiado.

 

Por eso, creo que todos los fans de la saga estarían encantados de depositar sus esperanzas en una segunda resurrección de Voldemort, para seguir viendo a Potter, el chico popular y afortunado, enfrentarse a su archienemigo con nuevos encantamientos.

 

¿Le damos otra oportunidad a Voldemort?

Comentarios 1

C
cintia cecilia22 de noviembre de 2024
Un buen villano hace a un buen héroe y no viceversa, eso es algo que con frecuencia se olvida. Los malos no son malos por qué si. La complejidad de un villano supera por mucho la de un heroe por lo impredecible que pueden llegar a ser sus acciones.

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