Wolfs: Viejos
Reseñas generalesHay un cine ignorado, uno previo a la existencia de las plataformas que responde a la cinefilia de un buceo por la historia del cine, sin necesariamente responder a los ordenes canónicos sino más bien a procedimientos, maneras y estéticas correspondientes a contextos. Quizás existió siempre una aversión a las películas protagonizadas por actores o actrices mayores de 50 años, y con ello todo un mundo posible circunscripto a personajes de esas edades. El año pasado una nueva entrega de las aventuras de Indiana Jones resultó ser una decepción en el público: ni los espectadores fieles que crecieron con el personaje ni una nueva generación se interesó por este arqueólogo y sus últimas peripecias por el mundo.
Ni siquiera los géneros establecen esa comodidad de otro tiempo en los espectadores, menos aún en productores, distribuidores y exhibidores. Los últimos dos son los que no apuestan ni una pizca a un thriller con un sicario y su último trabajo, el caso de Knox Goes Away (2023) una película de y con Michael Keaton. Allí a su protagonista le diagnostican una enfermedad neurológica progresiva que avanza velozmente, por lo tanto, debe reordenar su vida para sus últimas semanas con funcionamiento mental a plenas, mientras tanto hay un último “trabajo” pendiente y su hijo adulto aparece para pedirle ayuda, algo que lo involucrará en una situación límite, también. Para esta película no hubo lugar en los cines, en su país tuvo un estreno limitado y casi todo el resto del mundo pasó a engrosar catálogos de VOD, ese lugar intangible a donde las películas se ubican como sardinas cada vez más apretadas a la espera de un click que las reproduzca.
Recientemente en el servicio Apple TV+ se estrenó Wolfs, una producción propia lanzada -prácticamente sin estreno en salas- en forma directa para ser vista a través de dispositivos digitales. Solo pasó por el Festival de Venecia y se exhibió en algunos cines en Estados Unidos y Australia. Podría pensarse que es una película pequeña, independiente o una ópera prima, nada de eso. El protagónico está dividido en George Clooney y Brad Pitt, ambos también aquí figuran como productores con sus compañías, las que ya tienen un catálogo importante de películas. Es decir, los dos nombres que hace un par de décadas se situaban en una cúspide con La gran estafa (Ocean's Eleven, 2001) hoy vuelan por debajo del radar de los estrenos sin la posibilidad de salirse de los parámetros establecidos por los algoritmos o las tendencias, incluso al unir fuerzas con presencias equitativas y con avales de producción.
Wolfs es una comedia de acción, de esas que a veces la nostalgia nos dispara a rever, y de esa forma teñirla con una lectura actual o simplemente reactivar un recuerdo. Clooney y Pitt son dos cleaners convocados por diferentes vías para resolver una situación extrema de un accidente fatal en el penthouse de un hotel lujoso. Ambos coinciden en el lugar para hacer un trabajo que siempre hacen en solitario, Clooney aparece por un llamado realizado desesperadamente por la damnificada (Amy Ryan), una fiscal de distrito que se prestaba a pasar una noche con un joven que terminó muerto tras golpearse la cabeza. Pitt, en cambio, fue citado por la dueña del hotel que presenció lo sucedido a través de una cámara de seguridad escondida en la habitación. En la intersección de las presencias se desata el nudo de la buddy movie, es decir dos personajes con un mismo objetivo que no quieren trabajar juntos, pero que las circunstancias los obligan.

En los exponentes más transparentes de este género las diferencias no solo se dan en los modos de hacer, también en las edades, la forma de vestirse, el color de piel y muchas otras cosas. En Wolfs hay una zanja que separa a estos dos personajes (sin nombre) porque son dos para hacer el trabajo de uno, es decir se activa el orgullo y la hombría que solo da una competencia. Lo que se interpone entre ellos, además de una rivalidad impensada, es la “limpieza” contra reloj para deshacerse del cadáver, el cual “resucita” en el momento menos oportuno y, desde allí, embarca sin querer a estos dos hombres a una noche de supervivencia contra unos narcos europeos.
Hay giros de tan inesperados que se convierten en previsibles, pero también un espíritu genérico sano trazado por una narración clásica y eso prevalece por sobre los escenarios comunes. También se presenta un riesgo en sostener, por momentos, la progresión en duelos dialécticos de dos personajes que se completan las frases, que se baten en batallas de one liners y que destilan un carisma intacto a través de los intérpretes, a pesar de los años.
El director de Wolfs es Jon Watts, conocido por la trilogía de las Spiderman de la era Marvel, aunque previo a esas películas hizo dos películas pequeñas: la terrorífica El payaso del mal (Clown, 2014) producida por Eli Roth y el thriller rural Cop Car (2015) con Kevin Bacon. Por esta última que resultó un pequeño éxito en Sundance es que pegó el salto a una superproducción, tras ese largo paso por la industria más pura retornó a un reducto más cercano al de sus inicios. En esta corta filmografía de seis películas puede observarse una curiosidad por explorar los géneros; desde el terror bien explícito hasta el thriller oscuro, en el medio películas de superhéroes y ahora una comedia de acción sostenida por el valor de producción emanado de unas estrellas, otrora las más celebradas de la industria.

Poco puede achacárseles a las plataformas, la reconfiguración de las expectativas sobre las películas para cine les reviste cierta responsabilidad, al mismo tiempo la existencia de Wolfs o de casos similares como Un detective suelto en Hollywood: Axel F (una cuarta parte de una saga exitosa) solo puede atribuirse al interés de Apple TV+ y Netflix en darles vida a proyectos despreciados para la pantalla grande. Variables como gastos recortados al evitarse una campaña gigante de marketing (a veces tan costosa como la producción de la película) también entran en la ecuación que simplifica los presupuestos. Hoy estrenar un blockbuster en salas de cine es una apuesta enorme, muchísimo más que hace unos años. Detrás de ese telón se tejen miedos e incertidumbres, eso dificulta aún más a la explosión de una creatividad que ponga en juego ciertos riesgos narrativos, mucho menos se percibe un espacio para pensar personajes audaces y grises o temas que sacudan una corrección política o que presenten una conversación alejada de una cartilla de propuestas siempre cercanas a un terreno seguro.
Wolfs es imperfecta, se ve gastada a pesar de ser nueva y muestra a dos actores esforzándose por recuperar ese halo estelar que supieron tener. A su favor reproduce con gracia los mecanismos de un género, tal vez sin grandes variaciones, pero con grandes intérpretes de partituras porque no siempre se pueden componer obras que marquen un antes y un después. En este último tiempo también se deslizó la consideración hacia una grieta de “obra maestra vs basura”, todo parece ubicarse solo en esas dos etiquetas. Algo más cercano o lejano a sus líneas fronterizas no tiene valor, si no te deja una huella indeleble o no te da material para despotricar en las redes es desechable o -peor- es ignorado. Ustedes pueden desmarcarse; ver esta película y elaborar su propia lectura, descontaminada de la pirotecnia superficial.















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