La Brecha
Reseñas generalesLucas siempre había sido un hombre de rutinas. Despertaba a las seis en punto, tomaba el café de siempre y leía el periódico. Su vida era predecible, ordenada, controlada. Nunca le había importado mucho el universo o las grandes preguntas filosóficas. Su mundo se reducía a lo que podía tocar, ver y entender. Hasta que apareció la grieta.
Un día, al levantarse, notó una pequeña fisura en la pared de su sala. Era apenas perceptible, una línea irregular que recorría la pintura blanca. No le prestó mucha atención al principio; las casas envejecen, después de todo. Sin embargo, con el paso de los días, la grieta creció. No en el sentido usual de una pared agrietada, sino de manera extraña: parecía no solo más larga, sino más profunda. Lo que había comenzado como un defecto superficial, ahora parecía abrirse hacia algo más allá de la pared misma.
Una noche, después de regresar de su trabajo, la vio. La grieta ya no era solo una fisura. Era una abertura, como si la pared hubiera sido desgarrada, y en lugar de ver los ladrillos o las estructuras internas, lo que había detrás no era nada familiar. No era oscuridad, pero tampoco luz. Era un espacio vacío, una brecha que no respondía a las leyes de la física, del tiempo, ni del espacio que él conocía.
Lucas intentó ignorarla. Intentó convencer a su mente de que no tenía sentido, que estaba viendo cosas. Sin embargo, la grieta continuaba creciendo, expandiéndose, como si se estuviera alimentando de su propia atención. Cada vez que pasaba frente a ella, el vacío lo atraía, como si la nada que había del otro lado lo estuviera observando de vuelta, invadiendo lentamente su mente. Lo que había comenzado como una pequeña anomalía física, ahora lo hacía cuestionar la realidad misma.
Durante días, Lucas evitó la sala. Su mente estaba dividida entre la rutina que siempre lo había mantenido a salvo y la creciente sensación de que algo, algo mucho más grande que él, lo estaba esperando en esa grieta. ¿Y si esa brecha era una ventana hacia algo que los humanos no deberían ver? ¿Y si el universo no era lo que siempre había pensado, sino algo infinitamente más caótico e incomprensible?
Una noche, incapaz de contener la curiosidad —o el terror—, decidió acercarse a la grieta. Lentamente, deslizó su mano hacia ella, esperando sentir el frío concreto, los bordes ásperos de la pared rota. Pero no sintió nada. Su mano atravesó la grieta como si el espacio mismo se desvaneciera. No había resistencia, solo vacío. El pánico lo inundó. Retiró su mano y, al mirarla, notó que sus dedos estaban desvaneciendo, desintegrándose en pequeños fragmentos de polvo.
El terror lo paralizó. No había lógica, no había explicación. Frente a él estaba la revelación más pura y devastadora de todas: la realidad era solo una frágil capa, y debajo de ella, no había respuestas. Solo el vacío. Solo la nada.
Cuando la grieta lo consumió por completo, no quedó rastro de Lucas, ni de su vida ordenada. Solo un hueco, una brecha que seguía creciendo, devorando todo lo que conocía.




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