La casa Hammer
Reseñas generalesHinds + Carreras = Hammer. La historia, o prehistoria, de la productora Hammer nos retrotrae a la década de 1930, y al momento en que William Hinds, un comediante británico conocido por su seudónimo artístico Will Hammer, fundó la Hammer Productions Ltd. en 1934. En 1935, Hinds se unió a Enrique Carreras, un empresario español radicado en Inglaterra y entonces dueño de una cadena de cines, dando origen a la Exclusive Films, una compañía dedicada a la distribución de películas. Los años 30 son el período prehistórico y hoy bastante olvidado de la Hammer, que llegó apenas a producir algunas comedias y películas de suspenso, pero sin lograr que la cosa despegue, con un descenso del negocio durante los 40 que llevó a poner en pausa las operaciones durante la Segunda Guerra. El primer cambio importante llega en 1945, en la inmediata posguerra, cuando los hijos de Hinds y Carreras, Anthony y James respectivamente, que empezaron distribuyendo algunas películas de bajo presupuesto para la Exclusive, se sumaron con más poder de decisión a la productora. 1945 es el año en el que la Hammer cambia su denominación a Hammer Film Production Limited, con los cuatro Hinds y Carreras, padres e hijos, a cargo de la dirección.
Economía. Desde el comienzo de esta nueva era la Hammer estableció una filosofía muy hollywoodense, acaso mejor deberíamos decir una filosofía de clase B Hollywoodense, cuyo objetivo era lograr una gran rentabilidad a partir de recursos muy austeros (en el principio funcionaba como norma no superar el techo de las 20 mil libras esterlinas por película). Con estos magros presupuestos hubo un período en el que la Hammer se abocó a la adaptación de seriales de radio y películas que retomaran temas populares como estrategia para captar fácilmente al público. El ensayo y error fueron definiendo un poco el perfil de la productora, que veía cómo funcionaban mejor las películas de suspenso y thrillers y decantándose mejor por esa línea de manufactura. Una productora británica hermana de lo que en los mismos años fueron los comienzos de Republic Pictures en Estados Unidos.
El estudio. La Hammer Films tuvo su hogar icónico en los Bray Studios, ubicados en Down Place, emplazados en una mansión del siglo XVII a orillas del Támesis, en Berkshire. La productora se trasladó a este lugar en 1951, primero alquilando la propiedad, terminando por comprarla en 1962. Los estudios Bray se convirtieron en el corazón de la Hammer, ofreciéndole a sus películas un entorno único que se sincronizó notablemente con lo que sería el estilo distintivo de sus películas. La mansión y sus terrenos circundantes proporcionaban un ambiente gótico natural, los bosques alrededor, utilizados para escenas exteriores, aportaban un ambiente ideal para ambientaciones de época y de terror, y no hay que olvidar la proximidad del Támesis. Sin embargo quizá la clave no haya estado en estos beneficios naturales sino en cómo la productora supo desarrollar un gran talento y creatividad para esa forma antigua y extinta tan particular de trabajo que significa el cine de estudio (y siempre atendiendo a los principios económicos enunciados en el párrafo anterior). El estudio contaba con cuatro escenarios de sonido principales, convertidos a partir de edificios existentes en la propiedad, incluidos antiguos establos y graneros. En estos espacios se construían sets versátiles capaces de transformarse rápidamente de una película a otra. Al investigar sobre la historia de la Hammer en sus momentos de gloria se tiene la impresión de un momento de felicidad creativa colectiva que involucraba el talento de una selección privilegiada de constructores de sets, directores de arte, encargados de vestuario y maquillaje, además por supuesto de otros roles por lo general más prestigiosos como técnicos de sonido, fotografía, incluso directores de cine.
Una moderna antigüedad. El período más dorado de la obra cinematográfica de la Hammer dio comienzo a finales de los años 50. Junto con ese gran pulido del trabajo de estudio casi de viejo artesanado hollywoodense, hubo otros factores para darle vida a esta productora que supo brillar adaptando elementos antiguos a su estilo, en los años en que asomaba y empezaba a florecer el cine moderno. Son los años de Vertigo, Sed de mal, el neorrealismo ya dio sus estocadas y Rossellini viaja al Este a filmar India, Nick Ray y Samuel Fuller están filmando en Estados Unidos, Godard, Truffaut y Rivette ya vienen cambiándole la cara a la crítica hace varios años en Cahiers du cinéma, se aventuraron algunos cortos y preparan sus primeras películas que serán el golpe de estado definitivo del cine moderno. Es un momento de gran ebullición y cambio en el cine. En 1956, los ejecutivos de la Hammer se acercaron a Universal Pictures proponiendo comprar la licencia para reelaborar los monstruos clásicos que la Universal había hecho famosos en sus películas de los 30, Drácula, Frankenstein, la Momia. Un poco a regañadientes, la Universal terminó aceptando, acaso entendiendo por otra parte que en la nueva era que asomaba a quién podían importarle esas antiguallas. Con este trato clave y el estreno en 1957 de La maldición de Frankenstein (dirigida por Terence Fisher, ver más adelante), se inicia el período de oro de la Hammer. Con el gran éxito de la película se lanzan no solo la carrera de Fisher sino de otros dos íconos del estudio: Peter Cushing (el Dr. Frankenstein en la película) y Christopher Lee (en el papel del monstruo). La Hammer reelaboró estos monstruos de la Universal en películas que se sostenían en una combinación única de influencias literarias (linaje británico: Conan Doyle, Stevenson, Mary Shelley, Bram Stoker) y una extraordinaria inventiva visual que rodeaba a estos monstruos clásicos de una atmósfera gótica por primera vez basada en el aprovechamiento intenso del color, que no había llegado hace tanto, haciendo brillar el terror en tonos de Eastmancolor y Technicolor, dando luz a una tradición que continuarían exquisitamente Mario Bava y Dario Argento en Italia.
Terence Fisher. Nació en Maida Vale, distrito residencial al Oeste de Londres, en 1904. Luego de servir en la marina mercante por cinco años, encuentra trabajo como claquetero para los estudios Lime Grove en 1933. Pronto empieza a trabajar como montajista y se dedica a este oficio por quince años, en películas que hoy no recordamos pero quizá deberíamos escarbar. Como deberíamos acaso escarbar con esperanza y entusiasmo, suspendiendo por un momento cierta sospecha con el cine inglés, las películas que Fisher dirigió a partir de 1948 y antes de su trabajo para la Hammer, unas cuantas producciones de bajo presupuesto, “segundas películas” para los dobles programas de la época: A Song for Tomorrow (1948, ópera prima de Fisher), Colonel Bogley, To the Public Danger (1948). ¿Se consiguen? En 1950 dirige a Dirk Bogarde y Jean Simmons en So Long at the Fair, una de sus incursiones en películas con algo más de dinero. Su primer trabajo para la Hammer Films es The Last Page, de 1951, y continúa dirigiendo para la productora en thrillers de bajo presupuesto y películas de ciencia ficción por varios años. En 1957 dirige The Curse of Frankenstein, primera película de terror en color del estudio y primera luego del acuerdo para reimaginar los monstruos clásicos de Universal en atmósferas y diálogos británicos, en plenas convulsiones del cine moderno. En 1958 vienen Dracula y La venganza de Frankenstein. 1959: El mastín de los Baskerville y La momia. 1960: Las novias de Drácula y Las dos caras del Dr. Jekyll. 1961: La maldición del Hombre Lobo, El fantasma de la Ópera. No se puede despegar el nombre de Fisher de la gran gloria de la Hammer y la gran historia del cine de terror.











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