Tres de deportes
Reseñas generalesEste mes vi algunas películas con las que quería proponerle al lector un breve programa de cine deportivo:
Hoop Dreams (Steve James, 1994)

Los protagonistas de esta película son William Gates y Arthur Agee, que acaban de terminar la escuela primaria cuando en su vida aparece la posibilidad de estudiar en una secundaria privada, de prestigio, que los quiere para su equipo. Por primera vez, el básquet aparece para ambos como una opción concreta de acceso y progreso social. Ahí empieza Hoop Dreams y se enfrenta con cinco años de vida (1989-1994) a un viaje de presión competitiva, capitalismo y perversidad institucional. El director Steve James acompaña el sueño deportivo de los chicos Gates y Agee y más que retratarlo lo habita, moviéndose a lo ancho de las circunstancias y abriéndose al coro de criaturas que los rodean, como el padre de Agee, que sale y entra de la casa, de las drogas, lucha por rearmarse tras un reencantamiento religioso, o el hermano de Gates, otrora también promesa del básquet, ahora desocupado crónico, tímido consejero de su hermano. El director filma ese coro de dos familias como un sistema que espeja toda la dimensión social del sueño y las esperanzas de los dos chicos. También hay un personaje terrible, el entrenador de la escuela privada, una masa bruta de disciplina, maltrato, intimidación. Aparece también Spike Lee pregonando en un campus basquetbolística, en una arenga que con buenas intenciones no deja de agregarle leña al fuego, pero de la que uno puede vengarse recordándolo en la platea de los Knicks la noche del baile de 8 segundos que les pegó Reggie Miller (una hazaña de la que en 2005 se conmemoran 30 años).
Es una experiencia áspera y conmovedora crecer junto a los dos chicos y permanecer aferrados a su destino por esos cinco años, intuir los niveles con que su pasión resiste al ser cargada de responsabilidad, de rutina, de arenga mental, de algo que ya no es tan sólo un juego. A treinta años de su estreno, se me ocurre que hot se vuelve todavía más evidente que el director Steve James y su equipo hicieron un trabajo de enorme altura y tenacidad. James tenía los ojos tan abiertos que le extrajo al detalle y al plano secundario un testimonio impresionantemente vivo de Chicago circa 1990. Los trenes, los edificios, los interiores, los extraños disfraces a los que esa gente le llamaba vestimenta, la música, todo el entorno se vuelven una presencia fascinante en Hoop Dreams, magnificada por la tendencia del 16mm a entenderse perfectamente con las ciudades.
Michael Laudrup - Un futbolista (Jorgen Leth, 1993)

Más que por su propia obra, o por su pasión por el ciclismo, quizá a Jorgen Leth se lo recuerde como el director danés que no es Lars von Trier en Cinco obstrucciones. Menos recordada es su serie de películas dedicadas al deporte, que incluyen dos largos de ciclismo, cortos dedicados al tenis, al ping pong y la pelota vasca y la estrella del fútbol danés Michael Laudrup - Un futbolista, que es la que sí vi de todo el conjunto. Documental más bien convencional, aunque noble, es un pudoroso y delicado homenaje de Leth a la que seguramente sea una de las mayores glorias deportivas de su país, exento de nacionalismos. El director sigue a Laudrup y al Barcelona de Johan Cruyff en el tramo decisivo de la liga de 1993, final palmo a palmo con el Madrid que concluiría en el tercer título al hilo del Barsa. Algunas curiosidades. Primero, Leth le quita a ese relato de definición de torneo cualquier tipo de suspenso y de entrada cuenta el final, con lo que ya sabemos que el Barcelona será campeón y se hace irrelevante el curso de los resultados. Segundo, me parece que Leth trabajó bastante poco, no hizo mucho más que filmar un par de entrenamientos y partidos, entrevistar a Laudrup y a Cruyff, algún otro que andaba por ahí, y seleccionar un par de jugadas. Pero esa modestia de recursos le queda bien al estilo ameno que elige, y la película conserva su frescura como el diario de un danés que pasó unas semanas observando al mejor equipo del momento y anotando algunas reflexiones al paso. Las ideas de Leth son sencillas y claras, como si no hubiera nada enrevesado ni oscuro en lo que está viendo (tampoco descarto que haya sido la primera vez que Leth pensaba en el fútbol). La calma y la limpidez que obtiene de ese mundo por lo general hiper narrado, acechado por la parafernalia, también le inspira un aliento melancólico, como un recuerdo de la belleza desnuda del juego. A Laudrup se lo ve como un tipo notablemente sereno en el momento más alto de su carrera, lo que le da un aire sabio que la película no comenta ni exalta. También sirve como retrato del técnico Cruyff, a quien cineasta y jugador le reconocen haber inventado el equipo donde mejor podía brillar su talento. Según Leth, siempre conciso, Cruyff creó su propia manera de dirigir, consistente en estimular en los jugadores las cualidades que hacen placentero al fútbol (idea que vendría bien aplicar más seguido al cine). La imagen de los entrenamientos retratada por Leth es la de un grupo de estrellas y profesionales jugando al loco, entre ellos el técnico.
Paula contra la mitad más uno (Néstor Paternostro, 1971)

Una argentina para completar este programa deportivo. La trama es esta: un tipo común que del modo más arbitrario queda pegado a unos delincuentes de poca monta y al delito más inverosímil que su ciudad pueda imaginar. Paternostro narra ese delirio con desenvoltura y capacidad para contagiar la alegría detrás de su apariencia ingenua. Al taxista que cae en este disparate lo abosrbe en movimiento una aventura que también es la del cine, y la película conecta ese impulso de fantasía con héroes realmente existentes, los jugadores del Boca de aquellos años. Todo esto convive en Paula contra la mitad más uno con una publicidad de Boca sin disimulo alguno, que incluye un permiso al presidente Alberto J. Armando para hablar en la película y promocionar ciertas obras de expansión del club (¿son las de la Ciudad Deportiva?). Es curioso, por un lado, recordar que Néstor Paternostro venía de la publicidad —como todos los directores del llamado Grupo de los 5: Fischerman, De La Torre, Becher, J.J. Stagnaro— y había debutado en cine con Mosaico, una película que renegaba de ese universo, reacción al agobio que éste le había producido según le contó una vez por televisión a Fernando Martín Peña. Por otro, es un verdadero secreto cómo ese espíritu liviano y muy poco preocupado por la causalidad le permite amalgamar una comedia noir (pariente también de las películas de Adolfo Aristarain para Aries), una banda de ladrones incompetentes al mando de la bellísima Paula, un divertido gángster americano que habla en perfecto porteño (Johnny Stampone, gran Raimundo Soto), algo de costumbrismo al paso, un cuentito didáctico con material de archivo, y esos apuntes que hacen pensar en cumplir con un encargo de los dirigentes. Como si lo de esta película fuera sostener un medio ligero para que sus incrustaciones no se molesten, sino que simulen una sorpresa lúdica. Hay en esa liviandad también algo de dibujo animado, como si el placer propuesto por la película fuera a condición de aceptar que el cine no esté hecho de carne (héroes incluidos).







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