El espacio extrrior
Reseñas generalesLa reputación que tiene Hollywood cuando se trata de películas con datos científicos no es la mejor, pues siempre se ha encontrado que mucha de la información que se ve en la pantalla no es del todo cierta. Las películas que transcurren en el espacio exterior suelen ser muy entretenidas y la industria del cine no dejará de producirlas, de seguro, pero son pocos los que realmente se esmeran por presentar al público una historia que se desarrolla en este medio de la manera más realista posible. Es común incluso que de cintas ganadoras del Óscar nos enteremos que aparecen científicos a dar su opinión y que al final lo que vimos no sería algo posible en la vida real.
Con la llegada del hombre a la luna, se han realizado muchas historias que toman como base los hechos reales para tratar de hacer un retrato preciso del espacio exterior mientras narra la hazaña lograda por la humanidad, pero no todo son dramas protagonizados por Neil Armstrong, quien de una u otra forma siempre vuelve a aparecer en la pantalla, sino que también hay una interesante oferta de producciones protagonizadas por personajes originales que aportan a la escena de la ciencia ficción. Pero como todo en la vida, siempre hay personas que se preocupan más por los detalles que otras, y eso nos lleva a las películas más realistas sobre el espacio exterior.
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Kepler Sexto B (2023), de Alejandro Suárez Lozano

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Kepler Sexto B
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Karra Elejalde
Daniela Pezzotti
Jorge Bosch
Vicente Vergara
Sinopsis oficial
Zaida es una niña solitaria que vive con su padrastro en un barrio humilde, y su peculiar vecino Jonás, un viejo solitario, que pasa sus días refugiado en su mundo imaginario creyendo que su piso es una nave espacial, la Orión, en un planeta extraño y lejano, Kepler, y él un astronauta de la NASA. El casual encuentro entre ambos devendrá en una peculiar y especial relación en la que ambos se descubrirán, se ayudarán y se salvarán el uno al otro embarcándose en una surrealista y emotiva misión de rescate mutuo que les pondrá a salvo de las inclemencias de la vida.
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Crítica Kepler Sexto B (2023)
por Pablo de Santiago

El astronauta y la huérfana
Jonás Martínez cree estar en una misión espacial de la NASA a bordo de su nave Orion III, posada sobre el planeta Kepler. Allí apenas tiene ya víveres y no recibe respuesta del exterior, pero se niega a abandonar la nave sin el regreso del capitán Petrus, que se ha extraviado fuera de la nave... En realidad Jonás parece haber perdido la cabeza, puesto que la verdad es que vive en la sexta planta de un bloque de pisos de una zona humilde de la ciudad. Un piso más abajo la niña Zai es muy infeliz, pues tras la muerte de su madre se siente abandonada y sufre los abusos de su padrastro. Durante una salida fuera de su “módulo” Jonás y Zai se encontrarán.
Prometedor debut en la dirección de largometrajes del vizcaíno Alejandro Suárez Lozano, que anteriormente había hecho sus pinitos en cortos y en el mediometraje documental El último rey de León. Ahora da un salto de gigante con con una película que habla de dos seres solitarios, de un hombre y una niña cuyos horizontes han quedado truncados por la desgracia. Aun con su toque de amable ingenuidad, Kepler Sexto B llama la atención por la humanidad que desprende la historia, en donde el amor y la compasión son afectos capaces de regenerar los corazones y abrir ventanas a la esperanza.
El guión del propio Alejandro Suárez Lozano y de Grete Suárez es desde luego bastante original, sobre todo por la concepción de la premisa, la de un hombre encapsulado en su mundo, en donde su mente enferma navega por universos cósmicos y en donde por lo tanto cualquier agente externo supone una amenaza a su escapismo, aunque ciertamente no sea otra cosa que un golpe de realidad, de soledad y dolor. Por eso resultan enternecedores los esfuerzos de la chiquilla por secundar las demencias de Jonás, por intentar devolverle a la vida de verdad aunque sea con mentiras. Por otra parte, aciertan los guionistas al eludir los finales de cuento, excesivamente edulcorados e irreales, lo cual hubiera restado demasiado dramatismo a una historia que, más allá de la metáfora, habla de las tragedias humanas, de las pérdida insoportables que las personas han de aceptar para seguir viviendo. Y tiene también cabida una subtrama de abusos y violencia, la indefensión que muchas veces padece la infancia a manos de adultos sin escrúpulos.
Kepler Sexto B destaca claramente por su puesta en escena, con ese piso-nave espacial que se ha convertido en un reducto íntimo. Tienen gracia especialmente los artefactos de que se ha rodeado Jonás, como la computadora de a bordo con quien tiene conversaciones imaginarias, los ordenadores vetustos y las medidas de higiene y de defensa ante la llegada de agentes exteriores, alienígenas peligrosos. La fotografía de Pablo Bürmann potencia la sensación de claustrofobia en el interior de la casa con esos colores rojos o verdes de un interior ausente de luz natural. Las interpretaciones, por lo demás, son formidables, en donde destaca sobremanera un Karra Elejalde que es capaz de sacar adelante lo que le echen. Pero también resultan convincentes la niña Daniela Pezzotti y Jordi Bosch como su agresivo pariente.



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